Pues cuando tendria como unos 9 años, estaba jugado a las comiditas, pero qué son las comiditas sin ingredientes? así que saqueé la cocina y me hice con unos 10 sobrecitos de infusiones varias, unos sobres de litines (que eran unos polvos que se mezclaban con agua y quedaba como el agua con gas), harina y no sé que más. Después me hice con un cubo, lleno hasta la mitad con agua y me llevé todo a una terraza donde jugaba, fuera de la vista de mi madre. Allí, naturalmente mezclé diligentemente todos los ingredientes, e hice una sopa

para lo cual incluso rompí las bolsitas de las infusiones.
Cuando me cansé de jugar a las comiditas y para deshacerme de las pruebas del delito (porque ya tenia prohibido terminantemente jugar con ingredientes de verdad), no se me ocurrió otra cosa que vaciar cuidadosamente (o al menos eso pensé yo) aquella sopa por un canalón que bordeaba la terraza. El problema vino cuando el agua excedió la capacidad del desagüe y se desbordó, cayendo la mayor parte de mi sopa sobre mi abuela que se encontraba cosiendo, justo debajo.
Ya os podéis imaginar el cuadro: mi abuela empapada de arriba a abajo y con algún pegote de harina por el pelo y el poso de las infusiones por encima ,mientras despotricaba como una energúmena y yo que no podía parar de reírme (de verdad, es que había que verla, jajajaj) 

, pero a la vez acojonada porque sabía la que me iba a caer.
Total, que como encima me reía se creyeron que lo hice adrede y me castigaron todo el verano. 
Otra aquel mismo verano, ya que no me dejaban jugar a las comiditas, pues me puse a jugar a los "médicos. Para curar a las muñecas me agencié aspirinas, vendas y tiritas pa curarlas y un bisturí (o sea el cuchillo más grande que pillé) para operar los casos graves. Pero me faltaban más medicamentos ¿no? 
Pues no se me ocurrió otra cosas que hacer cataplasmas y qué mejor que con los ingredientes naturales disponibles en el jardín. Allá que voy, recojo unas cuantas flores aquí, unas cuantas hojas muy carnosas de una enredadera allá, etc. Después procedo a machacarlas a conciencia, estrujarlas bien con las manos y a aplicarlas a las muñecas y vendarles la cabeza, la tripa, etc.
A alguna no hubo más remedio que operarla . 
Resultado: las muñecas quedaron un poco desguazadas y mis manos sufrieron una reacción alérgica al jugo vegetal que había preparado. La maldita urticaria me duró tres días y picaba como el demonio (habéis tocado ortigas, pues así) y encima mi madre con el cabreo, venga decirme pues si te pica, te aguantas a ver si aprendes 


Y sí que aprendí, a partir de entonces operé debidamente provista de guantes de fregar y a lavarme las manos inmediatamente después, como todo buen cirujano, jejejeje. Y como ya no me quedan muñecas, decidí jugar a ser una especie de "jardinera-traumatóloga" . Esto es, se coge una planta a ser posible más bien arbusto, con ramas y o bien se doblan y luego se entablilla y se venda para que se cure, o se opera y se le hace un trasplantede otra planta que altruistamente dona alguna de sus partes.
Y aunque no os lo creáis, la mayoría de las plantas sobrevivieron a aquel verano y mi madre también; las que no lo lograron fueron mis muñecas, que finalmente terminaron sucumbiendo a mis intentos de jugar a las peluqueras, pero eso ya es otra historia. 
Que conste que, en relidad yo era
, lo mío era mera curiosidad científica. Lo que ocurria era que mis padres simplemente nunca lo entendieron así, no sé yo por qué 