En el club Bernardo Heights, los matrimonios pueden jugar gratis al golf, mientras que Birgit Koebke tiene que pagar entre 50 y 75 dólares cada vez que asiste al club con la que es su compañera desde hace 11 años, Kendrall French. No sólo eso, sino que Birgit sólo puede llevar a Kendall al club seis veces al año.
Aunque un tribunal de apelaciones de California ya dictaminó que Birgit y Kendall podían demandar al Bernardo Heights Country Club por tratarlas de forma distinta al resto de parejas, la corte no obligó al club a cambiar sus normas. Desde el colectivo Lambda Legal, se espera que la demanda contra el club provoque ese cambio, y se nos recuerda que "desgraciadamente, hay un largo historial de discriminación en los country clubs contra los afroamericanos, los judíos y otras minorías. Esta discriminación se agrava aún más si tenemos en cuenta que en estos lugares se establecen contactos de negocios y se desarrollan aspectos profesionales del individuo".
Dado que las parejas homosexuales no pueden casarse en California y por tanto no tienen recursos para acceder a unos beneficios semejantes a los que disfrutan los matrimonios, Lambda afirma que los country clubs deben respetar a sus socios sin perjuicio de su orientación sexual, y añade que en el Bernardo Heights están siendo violadas las leyes que prohíben la discriminación basada en la orientación sexual, estado marital y sexo en el estado de California.
La vista oral en la Corte Suprema de California se espera para el 2005.
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