¡¡¡¡Pero buenooooo!!!!!
Desde luego no entiendo, y eso me lo explicarás Igesis en la próxima visita, ese afán de ir de dura queriéndose merendar al pardalet (que para que nos entendamos todas era un pequeño y casi desplumado jilguero).
Procedo a contar, con todo lujo de detalles:
La verdadera y única historia de un pequeño jilguero en apuros:
Paseando sola en mi ciudad (ayss no, que esto es una canción), paseando cuatro personajes y mi
encontramos al jilguero, bueno, lo encontró
y sí, quería jugar un poco (si no fuera por la diferencia de tamaño y los dientes ya te hubieras dado cuenta que era así, querida Igesis), pero la tierna Igesis en un acto de valentía sin igual, en un alarde de reflejos y de agilidad lanzándose en plancha con palomita incluida e interponiendo su cuerpo, logró salvar al pardalet. ¡Qué vuelo más grácil! ¡Qué portentosa agilidad! ¡Su cabello ondulado desplegado por el impulso, todos sus músculos tensos por el esfuerzo, su pantalón corto dejando entrever una ropa interior llena de puntillas (blanca), la camiseta que en el momento del descenso marcaba sin ningún tipo de sutileza aquello que nos es ocultado! ¡Con qué suavidad quedó ubicado el jilguero en su mano milésimas de segundo antes que se cerrará la mandíbula de mi reina de la casa y futura madre del perrito de Xena e Igesis!
¡Qué momento! Fue ese segundo, pero quedará grabado en mi memoria por los siglos de los siglos, amén.
Boquiabiertas y sin dar todavía crédito a lo sucedido procedimos, las que de heroínas tenemos nada, a recoger del suelo a Igesis que del trompazo quedó inconsciente, tres de sus dientes que quedaron desparramados y casi desintegrados (fue a caer de morros sobre la única piedra del paseo) y las zapatillas de deporte que quedaron colgando de un árbol. El pardalet, mientras tanto, pío, pío.
Calmamos a todas las personas congregadas a nuestro alrededor (¡aquí no ha pasado nada señores, circulen, circulen!), subimos los pantalones de Igesis sobre una ropa interior que ya no era blanca y en la que no quedaba rastro de puntilla, sacamos de nuestros bolsos 3000 clinex y limpiamos, como pudimos, a la heroína del día que entre balbuceos decía: ¡lo he salvado, lo he salvado! y nosotras para calmarla: sí cariño, sí cariño, lo has salvado.
Después de unos minutos y tras comprobar que no había nada más roto, levantamos a nuestra heroína. Tenso debate sobre qué hacer. Al pardalet dulcemente acomodado en su mano (única parte de su cuerpo que quedó intacta) hizo de ella su nido y sólo en el momento del adios la abandonó.
Decidimos por fin y por unanimidad llevarlo a la protectora de animales previo paso por mi casa para limpiar, cambiar de ropa, curar, vendar y coser a Igesis que con el ojo que podía abrir a pesar de la inflamación nos lanzaba miradas de agradecimiento, orgullo, dolor y alegría.
Cogimos el coche y llegamos a la protectora. Larga espera en la puerta, no funcionaba el interfono. Tras escuchar unos pasos en la gravilla se abrió la puerta hacia lo que sería el hogar del pardalet en los próximos días, quizá meses antes de recobrar su ansiada libertad. Entramos todas, mi
también (que en todo este tiempo miraba con demasiada insistencia al pardalet). Entramos en un despacho y tras explicar la odisea procedieron a colocar al pardalet en un cubo azul (ya sé que no queda muy fashion, pero lo que es, es) y a tumbar a Igesis en una camilla porque del disgusto de la despedida tuvo un ataque de ansiedad.
Los de la protectora de animales viendo que Igesis estaba inconsolable empezaron a buscar como locos algo con que compensarla de semejante pérdida y abriendo cajones por aquí, levantando libros por allá, aparecieron los dos libros del osito y cuatro poster que colmaron de dicha nuestras caras y nuestros espíritus.
Satisfechas, dilatado nuestro pecho (no sólo por el tamaño, por el orgullo) nos volvimos a casa, con la sensación del deber cumplido y con el convencimiento de que había nacido una nueva heroína, nuestra heroína de Lesbian Lips, Igesis.
Buenoooooooooooo, valeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, ya sé que exagero un poco.
Un abrazo muy fuerte para las dos que estaréis disfrutando como locas de las vacaciones y esa paellaaaaaaaaaaa, por dioooossssssss.
Guardaré como oro en paño lo que aquí quedó de vosotras.