¡ Cuantas veces te has vuelto!
Recuerdo que una noche te pusiste
de espaldas a mí, como si me olvidaras.
¿Es la espalda el olvido?
Tu espalda, ancha, espaciosa
era un olvido
por donde mi recuerdo iba buscando
delicias de tu cuerpo frente a frente,
como otras veces me lo diste;
igual que la mirada
se pasea tristísima
de lucero en lucero,
por las estrellas de la noche, de esa
gran espalda, la noche,
del cuerpo del mundo, luz y día.
Me faltaba
la luz total, tu frente, tú de frente
pero mis ojos
por el ámbito quieto de tu espalda
encontraban las señas milagrosas
del otro lado, si, los restos de tu luz.
Y a esa luz de tu luna, de tu dorso,
del resplandor de ti que aún me quedaba,
supe esperar a que volviese el día:
de un reflejo viví de lo vivido.
Te volviste por fin, al despertar.
¡Cuantas veces me has dado
la esplada más terrible, que es la ausencia!
¿por qué no despedirse
de frente, sí, de frente,
ir paso a aso atrás, pero mirándose,
de modo que la última
imagen de nosotros fuera siempre
la de unos ojos que aunque ya no ven
siguen mirando siempre a lo que quieren?
pedro salinas