Advertencia: Todos los contenidos de la história son ficticios. Cualquier hecho, personaje y similitud con la vida real son pura coincidencia.
Ahí va el primer tozo. No la pondré toda de golpe por que no creo que quepa... Voy a ver cuanto me cabe y segun como lo vea os iré pasando. Que disfurteis!
LA DESCONOCIDA DE NURIA.
-¡Estoy deseando salir esta noche!
La euforia de Nuria contrastaba con mi preocupación. En mi mundo particular todo eran problemas. En el de Nuria parecía que tan solo había sitio para la diversión.
-Genial... musité. No tenía ni ganas de salir ni pelas para hacerlo.
-Oye... ¿estas bien? Nuria se paró, me miró y me detuvo.
-Sí, estoy bien. Pero... ¿Tiene que ser esta noche?
-Sí, por favor.- Sonreía. Laura... hace lo menos dos años que no nos vemos y ahora que por fin volvemos a estar juntas lo que más me apetece es salir de marcha. La universidad es tema serio, lo sé... ¡Pero un día es un día!
Suspiré. Desde los dieciocho que no veía a mi mejor amiga ¿y ahora no iba a salir por ahí con ella? ¡Qué diablos!
-No has cambiado, ¿verdad?- Pregunté, iniciando el paso, mientras recordaba los deseos que Nuria siempre tuvo por las juergas.
-Tú tampoco.- Contestó riéndose.
Lo dicho. Aquella noche no tuve más remedio que aparcar los libros y arreglarme. Hacía tanto tiempo que no me arreglaba para salir que casi no recordaba ni cómo hacerlo. De la última vez, hacía ya casi dos años, sólo tenía malos recuerdos en un coche rojo. Así que prácticamente me dejé arrastrar por mi amiga.
Entramos en un bar y no supe qué hacer. No me apetecía bailar, y todo aquello se me antojaba tan extraño que lo único que me retuvo fue mi antigua pasión por el billar. Por fin los buenos recuerdos empezaban a asomar fuera del negro pozo de los malos, junto con momentos de ensueño... Y aún así supe que no era mi lugar ni mi momento, de manera que sólo me faltaba presenciar aquel desastre. Uno tras otro, Nuria se tomó un martini, cuatro cubatas y dos cervezas en apenas dos horas. Y a mí todavía me duraba la primera y única copa que me iba a tomar en toda la noche. Así que en el momento en que Nuria empezó a desvariar no supe como actuar, si echarme a correr o a llorar. El follón empezó cuando ella se echó encima de un chaval, insultándolo descaradamente y sin razón alguna. Reaccioné tarde, pero logré llevármela de allí antes de que la hecatombe fuera mayor. De camino al apartamento nos habíamos desviado mucho de la ruta normal y acabamos parando en el puerto. Necesitaba descansar de la ardua tarea de mantener a Nuria a raya durante el paseo y en aquel momento de tranquilidad y murmullos marinos Nuria justifico el desastroso incidente con la más estúpida e incoherente de las excusas:
-Es culpa de mi padre.- Dijo, sin más, mirando el mar. Se retorció y echó todo lo que había bebido.
Yo estaba anonadada. No entendía el porqué de todo aquello ni me sentía capaz de reconocer a la muchacha que tenía delante, apoyada en mí. A la Nuria que conocía le gustaba salir y pasárselo bien, pero aquello no era propio de ella. Al llegar a casa la metí en la cama e, increíblemente, no la volví a oír.
A la mañana siguiente me desperté sobresaltada. Nuria todavía dormía, pero cuando salí de la ducha ya estaba preparando el desayuno. En su cara no se reflejaba absolutamente nada de lo ocurrido el día anterior.
-¿Estas bien?- Pregunté, vistiéndome.
-Perfectamente.- Sonrió.- ¿Por qué?
-Tenía por seguro que después de todo lo que bebiste anoche como mínimo tendrías resaca. dije, sin ganas de discutir, sentándome a la mesa.
-No sé. Se limitó a contestarme, sirviéndome el café.- No lo recuerdo.
El tema no resurgió en toda la semana. No hablamos de ello en ningún momento, e incluso pensé que no había ocurrido nada debido al vacío que se hizo del tema. Pero con la llegada de la noche de viernes, la historia quería repetirse.
-Saldremos, ¿verdad? me preguntó, a punto para arreglarse después de cenar.
-No. Hoy no puedo salir. Lo siento.
Nuria parecía decepcionada ante mi negativa. Pero la física me acosaba y una noche loca no me convenía, cuando menos si había de repetirse la escena del viernes anterior.
-¿Seguro que no...? La miré entre severa y compasiva por su insistencia.
-No puedo. Ve tú si quieres, pero yo tengo que estudiar.- Pensé como, años atrás, me hubiera llamado empollona.
-¿No te importa?- Negué con la cabeza, sonriendo.- ¡Gracias!
Se marchó de inmediato. Quise sentarme a la mesa y abrir los libros, pero me giré, cogí el teléfono y marqué un número.
-¿Ana?- Pregunté.
-Hola Laura. ¿Sales hoy?
-No. Dudé un momento sobre lo qué realmente quería hacer.- ¿Puedo pedirte un favor?
-Claro. ¿De qué se trata?
-¿Puedes vigilar a Nuria?- Pregunté, suplicante, como si fuera una niña pequeña.
-¿Vigilarla? ¿Ocurre algo?
-No lo sé. Pero sólo quiero que la mantengas a la vista. ¿Me llamarás si pasa algo fuera de lo común?
-Me suena a demasiado misterioso, Laura. ¿Qué ocurre?
-Ya te contaré. Gracias.
-De nada.
Colgué, sintiéndome incapaz de razonar mi desconfianza en el juicio de Nuria y huyendo de cualquier pregunta más. No sabía muy bien por qué, pero presentía que habría problemas. Me puse a estudiar con el único fin de olvidarlo todo. Pero el teléfono sonó al cabo de dos horas con, precisamente, las noticias que no llegaba a comprender y aceptar.
-¿Laura?- La voz de Ana sonaba angustiada.
-¿Qué ocurre?
-Mira, no sé que pasará, pero he perdido a Nuria de vista y ya iba con medio bar en el cuerpo. ¡Es más que preocupación lo que siento!
Mantuve el silencio. Había ocurrido. En mi mente latía una única pregunta: ¿por qué?
-Ana, la semana pasada me ocurrió lo mismo a mí. En el camino de vuelta nos paramos en el puerto. Quizá la encuentres allí. ¿Te importa traerla de vuelta?
-No. Me acercaré al puerto con Miguel y si la encuentro la llevaré.- Se detuvo un instante, suspirando.- ¿Me contarás qué ocurre?
-Sí.
Colgué el teléfono, recogí los libros y preparé la cama para Nuria. Ella y su benefactora de turno aparecieron en la puerta poco después. Ana parecía pensativa. Nuria desvariaba. Me estremecí al verla de aquella manera, imaginando lo que había ocurrido. La metí en la cama y me senté a su lado, observándola, mientras Ana preparaba un poco de café, predispuesta a una larga charla. Al conciliar el sueño, Nuria parecía tranquila, moviéndose tan solo su pecho.
-Me dijo que era culpa de su mejor amigo.- Al volverme, asustada, me encontré con una taza de café humeante y una amplia, dulce y amistosa sonrisa.- ¿Quién es ese mejor amigo?
Me paré a pensar mientras sorbía un largo trago del fuerte aunque dulzón café de Ana.
-Que yo sepa... Su mejor amigo es Cristian. No sé si tiene algún otro amigo tan íntimo como él. Aunque... la semana pasada, en el puerto... a mí no me dijo eso. No se a que se refería, pero afirmó muy rotunda que era culpa de su padre.
Ana frunció el ceño, se sentó a la mesa y me invitó a sentarme con la mirada. Así lo hice y le expliqué lo que había ocurrido el viernes anterior y el temor que yo sentía.
-Ella antes no era así.- Afirmé. Siempre fue algo cerrada y misteriosa, aunque tenía sus momentos de debilidad y compasión por los demás. En esos momentos era tierna y comprensiva con quien hiciera falta, chocando con su faceta más dura. Pero aún así era muy sensata en todo lo que hacia o planeaba. No entiendo qué puede haberle ocurrido en todo este tiempo que no la he visto ni he tenido noticia alguna de ella.
-Yo no la conozco, pero me da en la nariz que pretende olvidar algo, ahogarlo con la bebida. ¿Has hablado con ella?
-Lo intenté, pero cerró el tema afirmando que estaba perfectamente.
Ana apuró su taza de café y me miró, tomándome una mano.
-Es muy importante para ti, ¿verdad?
-Sí. Reconocí.
-Debes hablar con ella. No tienes más remedio.
Se levantó, dejo su taza en el fregadero y sonrió. Se marchó enseguida, con una breve despedida, sin permitirme darle las gracias. Bajé la vista, apuré el café y me levanté de la silla, mirando a Nuria. Un terrible vacío se coló en mi interior al observarla, como si estuviera junto a una completa desconocida y sin que la sensación fuera nueva. No era la primera vez que Nuria conseguía que me sintiera así a su lado, pero del antecedente hacia tanto tiempo... Pese a todo me acerqué a ella, la arropé y le besé la frente, deseando una explicación racional a todo aquello. Suspiré, preocupada, y me metí en la cama, desolada.



besote para ti por ser tan lindaa