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Una historia corta...

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Lo abrió vircoph el

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vircoph #161
Sereg!!! Se que estas estresadísima con los examenes... pero es que te hecho terriblemente de menos!!!!!!

Anda... haznos un huequecito... plis.... cuando puedas, no te apures... pero... acuerdate de nosotras... icon_redface.gif

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Hay puñales más afilados que cualquiera que podamos fabricar con nuestras manos, y mucho más peligrosos, pues son invisibles y d
amaul #162
Ay, que tonta, tengo que traerlo de mi casa, otro dia os lo paso. Bueno, pa no ahcer el feo pongo este, es muy distinto al otro pero creo que tampoco está mal. Opinarme, por favor.

ÁNGEL.

-Me gusta el tacto de estos pantalones, ¿sabes? Me recuerdan a un osito de peluche, tierno y blandito le decía dulcemente Ángel mientras arrugaba la nariz, cerraba los ojos y gesticulaba como si tuviese el peluche en sus manos. Su amigo la miraba maravillado como siempre, la escuchaba atentamente y le ofrecía su ayuda siempre que ella quería. Era maravilloso, un compañero de juegos espléndido.

-¿Vamos al jardín?

-Vale exclamó risueñamente la niña, saltando de su cama y poniéndose en camino.

Una suave brisa alborotó los oscuros cabellos de Ángel y jugó con su flequillo, metiéndose por su fina camiseta y haciendo que su frágil cuerpo se estremeciese pero sin sentir excesivo frío. En el sencillo jardín no había mucho con lo que jugar a parte de la hierba, las piedras y la tierra, pero mucho no era necesario cuando se cuenta con un compañero formidable de juegos y la imaginación desbordante de una niña de cuatro años.

Esta gran imaginación estaba aún más desarrollada en la pequeña Ángel, y todo el mundo lo suficientemente adulto como para darse cuenta se habría percatado enseguida, de no ser porque la pequeña apenas tenía contacto con el mundo exterior. Vivía en una casa amplia de dos pisos, con el pequeño jardín trasero donde ella se encontraba ahora jugando, y un pequeño porche delantero, pero a parte de su padre y la señora que venía varias veces por semana a traer la compra, ningún otro adulto rodeaba la vida de esta niña. Aún no acudía a la escuela y los vecinos no tenían hijos ni nietos que la pudiesen acompañar en sus largas horas de soledad, excepto él. Él era Gabriel, curioso nombre, también de ángel, que no le hacía feo a su dueño, un lindo muchachito de ojos verdes profundos y celestial sonrisa, abrazo fuerte y voz melodiosa. Era el mejor amigo de la pequeña y estaba con él a todas horas. Bueno, casi. Siempre que estaba un poco triste o desconsolada, él la reconfortaba, le daba la mano y salían a pasear, o se quedaban en su cuarto leyendo un cuento, o simplemente observando las motas de polvo bailar con los rayos de luz. A veces, también lo veía en sueños, y así podía ayudarle a luchar en sus pesadillas, poco frecuentes pero aún quizá por eso más terribles.

En los días buenos en los que se sentía dichosa, era el primero en correr junto a ella por el jardín, hacer montañas de arena y admirar las cambiantes formas de las nubes.

Ese día, mientras correteaba y jugaba al pillar con su inseparable amigo, las nubes empezaron a dejar caer su frío llanto y poco a poco las pequeñas gotas fueron creciendo en tamaño y cantidad, empapando la ropa limpia de Ángel. Demasiado tarde, ya chorreando corrió hacia la puerta trasera y entró en la casa. Hacia calor allí dentro, al menos en comparación con la fría tarde de noviembre del exterior. Trató de limpiar como pudo sus pequeños zapatos y corrió a su habitación que se encontraba en la habitación de arriba, con la promesa de una muda seca y sus zapatillas de pelitos.

Sus zapatos mojados repiqueteaban en la madera de la escalera y no había terminado de subirlas cuando una voz la llamó desde un cuarto de la planta baja, seguramente el salón.

-¡Ángel! ¿De dónde vienes, mi niña? Baja un momento.

La pequeña personilla dudó un instante antes de hacer caso a las insistencias de su padre, temía ir con esa pinta, pero no le daba tiempo a cambiarse; la había oído.

-¿Sí, papá? cambiando el inicial fruncimiento de entrecejo por una expresión normal, complaciente y solemne.

Su padre estaba frente a la televisión, la cual tenía el volumen quitado y en ella se sucedían imágenes de ejércitos, aviones y tanques, disparos y gente corriendo, cosas que solía ver muy a menudo su padre, por lo que no extrañó a la pequeña que estuvieran en la televisión, junto con otra clase de imágenes con gente con muy poca ropa y que se daban muchos besos, y que Ángel no llegaba a comprender del todo. Ella no veía la televisión, pues se lo tenía prohibido, y una vez que osó desobedecer y la encendió tímidamente en una de las veces que estaba sola en casa, su padre llegó y la pilló allí, y...

-Pequeña, estás completamente mojada al paso de su áspera mano por su delicado cabello, Ángel se estremeció. Quizá de frío.

-Sí... es que... el jardín... las nubes... y... y... llovió... todo esto lo murmuró al compás de sus inquietos ojos que no paraban de ir de un lugar a otro de la habitación para volver a sus gélidos zapatitos- Lo siento.

-Bueno, no pasa nada. Ve a tu cuarto, cámbiate y no salgas hasta mañana a la hora de desayunar. Hoy estoy de buen humor: mañana desayunaremos tostadas con mermelada.

Asintió rápidamente y antes de que su padre volviese la vista y retomase su tarea con la televisión, la niña ya estaba en su cuarto, sacando su pijama seco verde. Tenía unas grandes flores en el pecho y la espalda y era su preferido. Debía de haberlo elegido su mamá, porque era muy bonito, y llevaba mucho tiempo allí guardado, por lo que no hacía mucho tiempo que había empezado a ponérselo y aún le quedaba algo grande. Ya toda de verde, se sentó en su cama y se tapó con una manta. No había podido despedirse de Gabriel, qué pena; bueno, mañana lo volvería a ver, pero le diría hola en vez de adiós. Este ridículo pero gracioso pensamiento la hizo soltar una gran carcajada digna de anunciar la entrada al cielo. De pronto empezó a ponerse de buen humor, pues le habían prometido mermelada para mañana, y eso era una gran noticia, ya que pocas veces robaba algo dulce y siempre era fantástico. Ángel había decidido que de mayor viviría en una casa repleta de pasteles y tartas y otras golosinas que ella no conocía pero que seguro existían porque eran deliciosas, y todos los días comería tarta y pastel para desayunar, almorzar y cenar, porque haría lo que ella quisiese y se lo pasaría muy bien. Y también invitaría a Gabriel a tarta y pastel porque vivirían juntos y todos los días saldrían a jugar a un jardín gigante lleno de flores preciosas. Y también invitaría a todo el mundo que fuese a visitarla, a pastel y a jugar en el jardín, bueno, sólo a la gente buena que no chillase ni se enfadase: sólo a la gente buena como ella, y Gabriel, claro. Porque Gabriel era la mejor persona del mundo, nunca se enfadaba ni se ponía triste, nunca lloraba y siempre jugaba con ella, y la hacía reír aunque ella estuviese muy muy triste.

Ahora salió de su cama y cogió un libro, uno de muchos dibujos, pues Ángel aún no sabía leer, aunque Gabriel le había prometido que él le enseñaría a entender lo que decían los botes de la cocina. Y así, poco a poco, los ojos de la dulce niña se fueron cerrando hasta caer dormida.

La despertaron los ruidos amortiguados de algo que era golpeado. Instantáneamente recuperó la lucidez de quién es despertada con un cubo de agua fría y se percató de que no estaba soñando: ni sus pesadillas sonaban de aquella horrible manera. Y no porque las suyas fueran buenas pesadillas, pero eran de otra índole, en ellas no aparecían monstruos repugnantes ni insectos gigantes, en ellas no tenían lugar ni la violencia ni los desastres naturales, tan sólo, lo que las hacía tan extremadamente aterradoras era su ausencia de sonido y su interminable sensación de soledad. A veces había gente, conocidas o no en la realidad del sueño, e incluso a veces hacían algo divertido, Ángel incluida, pero siempre reinaba en el interior de esa Ángel onírica una sensación de profunda e inmensa soledad, y eso era insufrible para su pequeño corazoncito, que se despertaba agitado en medio de la oscura y reconfortante noche real, porque al menos en ella tenía recuerdos agradables.

No era la primera vez que le pasaba eso, no era la primera vez que oía tremendos golpes vibrando a través de la pared; otras veces eran gritos amortiguados o gemidos. Pero nunca, nunca, se había atrevido a investigar qué eran, pues la procedencia la tenía casi asegurada: el cuarto de su padre. Una vez osó preguntarle y le bastó su rostro para lamentarlo más veces de las que había pensado atreverse a preguntar.

Pero ese día, mejor dicho, esa noche, sentía la apremiante necesidad de vaciar su vejiga. No sabía por qué, pues hacía ya bastante tiempo que había aprendido a pasar la noche sin pañales y sin la necesidad de levantarse al retrete, pero quizá los nervios, el desvelo nocturno o cualquier otra razón que su mente no llegaba a imaginar, y no por eso dejaba de poder inventar incontables historias para explicar aquella excepción, la instigaban a complacer esa necesidad fisiológica. Aún así, continuaba en su cama, quieta, medio incorporada, atenta a los ruidos que escuchada, sin atreverse a hacer un simple movimiento o respirar más alto. Tenía una fuerza de voluntad increíble, inverosímil para un cuerpo tan pequeño, pero la mente supera innumerables veces a la masa, a la materia, como los filósofos se encargaron de demostrar en la antigua Grecia.

Pero ni Grecia ni su maravillosa casa repleta de tartas y manzanas y con un esplendoroso jardín le importaban ahora a la pequeña, que luchaba contra la fuerza de su vejiga por querer estallar. Y en un momento, se decidió. Saltó de la cama como un gato sigiloso acecha en la noche, se calzó sus pequeña y peludas zapatillas y abrió la puerta.

Los sonidos no se oían más claros, tan sólo algo más fuertes en el pasillo, pero en el reducido cuartos de baño, que compartía la pared con el cuarto de su padre, éstos sordos porrazos estaban presentes, y no en las vibraciones, sino en la atmósfera, en el ambiente.

Salió del cuarto de baño sin apagar la luz pues nisiquiera la había llegado a encender y se apresuró hacia su cuarto. Oyó una puerta que se habría tan sonoramente que no le habría hecho falta estar atenta y expectante a cualquier ruido para oírlo. El portazo no fue un ruido sordo, sino sonoro, que reverberó en toda la casa expandiéndose y moldeándose. Se quedó petrificada, totalmente quieta y una ola de frío se caló en sus huesos, pero no los hicieron temblar pues hubiera sido un movimiento demasiado sonoro para esa quietud. Imágenes incesantes empezaron a pasar rápidamente por la mente de la pequeña, sin descanso, y ella, sin poder hacer otra cosa, con la impotencia de quien no controla su sueño en medio de una pesadilla, cerró los ojos con fuerza deseando que las imágenes salieran de su pequeña cabeza. Su deseo no se cumplió, y cuando notó esa gran mano en su hombro, las imágenes se hicieron más intensas y poco a poco, una lágrima bajó por su mejilla al compás de una terrible patada propinada en su estómago. En la realidad ella seguía quieta, notando como la otra mano se posaba en el otro hombro y empezaban a auparla. En su mente, otra brutal patada se incrustaba en su vientre acompañada de un terrible gemido de dolor. Entre las lágrimas, siquiera vislumbraba la figura a la que le rogaba parase. Su padre, ese monstruo gigantesco se alzaba ante ella sin un mínimo de compasión, sin escuchar sus ruegos, sin escuchar su débil vocecilla que se apagaba poco a poco. Medio inconsciente, tumbada en la gigantesca cama no acertaba a ver o a comprender lo que ocurría. Pronto vio su precioso pijama verde con grandes flores en el pecho y en la espalda tirado en un rincón de la habitación sobre algo que parecía un cuerpo, y allí se quedó, mientras su débil, puro y pequeño cuerpo se estremecía de dolor ante el coloso de un cruel espíritu del averno.

Qué más da si éstas eran imágenes de su mente o la cruda realidad; unas no distaban mucho de las otras, pues no eran más que el recordatorio de su pasado y su presente.

Pero esta vez fue distinto; muy distinto. No despertó acurrucada en un rincón de la habitación, ni sobre su cama medio vestida.

Al despertar, se vio rodeada de un inmenso prado de flores, y a lo lejos, una casa de colores que olía a tartas. Corrió hacia ella y antes de llegar se abrió la puerta y vio el dulce rostro de Gabriel, que la esperaba con los brazos abiertos y un precioso libro en su mano izquierda. Fundidos en un tierno abrazo, Ángel sintió todo lo que había querido sentir en su vida: bondad, comprensión, protección e infinito amor. Cosas que ahora se abrían ante ella gratuitamente y más gloriosas que nunca.

Junto al maravilloso amigo de sus sueños, el cual siempre la había acompañado en los peores momentos, ya que podía conjurarlo a voluntad, pues no era más que el reflejo de su propia valentía, una valentía que su magnífica imaginación se había encargado de darle forma como manera de proteger a su inocente pero fuerte y valiente alma.

-Me encanta el brillo de tus ojos, Gabriel soltó tras una carcajada sonriendo pícaramente.

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Amaúl
amaul #163
He copiao casi todas las historias y me las llevo a mi casa para leerlas poco a poco.

Me encantaría participar en una neuva historia que empecéis, pero creo que como no me pongan internet en casa y lo pueda coger todos los días... chungo.

Por cierto, os paso ahora una historia que escribí, la primera en condiciones de toda mi vida, y es que escribo mucho pero pocas historias, lo mío son más los monólogos interiores de lso que tengo seguro seguro muchos más de cien (pero tampoco los he cotnado, etán guardaditos en una caja de bajo de la cama).

No sé, a mi me gusta.

Gracias,

Amaúl.

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Amaúl
meike #164
Bueno..aqui os dejo...un corto...no és de tematica lesbica...es bueno...era una historia que invente para castellano...en fin...creo que esta bien...opinad!

Diario de Meike Borrones del Tiempo -

7/6/1992

<<No volví la vista atrás. Le escuchaba gritar a lo lejos. Esa voz daba vueltas en mi cabeza, le conocía muy bien y sabía que no me dejaría marchar.¿Por que a mí?¿Por que yo?¿Por que deseaba tanto mi cuerpo? Debió escuchar mi pensamiento, porque esa voz volvió a sonar de nuevo..: Eres y serás solo mía!!>>
Desperté empapada de sudor, cada día me amenazaba el mismo sueño. Antes no le daba importancia, pero ahora le tenia miedoesa vozprofunda, dulcepero desgarrada a la vezsiempre he hecho lo que me ha pedido, hasta hace un par de díasya no le podía dar más de mi.

8/6/1992

Anochece de nuevolos seres de la noche oscurecen mi alma poco a poco y noto como vuelve a formar parte de mi corazón. Piensome gustaría que alguien me entendiera, poder compartir ese momentopero ya no tengo a nadie, solo a la voz. A veces me gustaría arrastrarme, tocar el suelo y mancharme de vida, atreverme a vivir ¿Pero como puedo hacerlo si mis pies no tocan suelo? ¿Como puedo mancharme de vida si hay días en la que la odio? Me gustaría parar el tiempo que se va y que se lleva consigo pedacitos de felicidad que olvide coser a mis manos cuando tuve la oportunidad. Ríos de tristeza salen de mis ojos sin tan siquiera pedirme permiso.¿Alguien me presta un ancla para amarrar mi alma al suelo y así impedir que huya hacia el cielo?

9/6/1992

Hoy he vuelto a ver a ese chico, es tan misteriosonunca me dice nada y esa miradala clava en mi fijamente, como si quisiera decirme lago, pero no logro entender qué. Aunque me tranquiliza, no sabría como definirlopero ese chico tiene algo especial. Porque a veces no hace falta soñar para ser feliz por un momento, hay cosas que se sienten, son reales y por eso mucho mejores que un simple sueño que se desvanece<<Yo soñaba con tenertecon ser parte de tu mirada>>Peroaunque trate de convencerme de que esto es real aún no sé si estoy soñando vidas o si estoy viviendo sueños. Chico, tengo ganas de volver a verte<<Además desde que le conozco no tengo ese horrible sueño ¿Por qué será? sinceramenteme da igual>>

10/6/1992

Esta lloviendo, iba caminando por las calles oscuras, buscando algo que hacer. Pensando en cosas que hacen eco en mi mente, pensando en dulces besos que no recuerdo si viví o tal vez soñé.
Noto como la lluvia moja mi cara, mientras la esperanza de volverle a ver se va perdiendo. Mientras caminaba, a lo lejos en Red Devils Club, el bar donde aquél misterioso chico siempre estaba esperando mi llegada para observarme, había una carta que decía:

Si tuviera el valor de decirte frente a frente lo que siento,
pero no, sólo lo escribo aquí en una carta que no leerás,
ni siquiera tengo las agallas de enviarla y no te miento,
pues pienso y sólo me pregunto...si acaso te importará.
Y es que hoy mi soledad se hace más caprichosa
me revuelca el deseo de tenerte aquí, junto a mí,
que irónica se torna a veces esta vida lastimosa,
cuando creí no quererte, fue justo cuando te perdí.
DarKangeL

Nono quiero perderleno me dejes nunca por favor ¿Pero que hago? ¿Que digo? si ni siquiera le conozco¿Seré capaz de enviarle una respuesta?

11/6/1992

Son las 4 de la mañana, aún no he conseguido dormir, no se que hacer si contestarle o dejarle en el olvido. Mmmmme decido a contestarle, llevo ya 6 cartas, y como siempre, todas han terminado en la basura.
Iré a dar una vuelta por la callequizás se me aclaren un poco las ideas.
Caminaba deprisa, todo estaba oscuro y silencioso, eso no me hace mucha graciapero prefiero estar allí antes que en mi casa dando vueltas sin saber que hacer. ¿Por qué era todo tan complicado? Nunca lo entenderéEran las 7 de la mañana, no puede ser que aya estado 3 horas caminando sin parar. poco a poco el cansancio se iba apoderando de mi y me dejé caer en un banco, estaba agotada los pocos minutos, noté como alguien me tapaba los ojos con una venda, estaba asustada, pero de repente volví a escuchar aquella voz susurrándome al oído <<No rechaces el sentido de los sentimientos, no por llorar somos más débiles si no sinceros>>Me quité la venda despacio y allí estaba él llorando, e abracé, no sabía como reaccionaríapero me dedico una dulce sonrisa. e cogió de la mano y me llevo a un callejón, no había nadie, pero con él me sentía segura. estiró la mano hacía mi y me enseño dos pastillas, la primera era verde y en ella había escrita la palabra Eternidad,la segunda,en cambio ,era roja y estaba escrita la palabra Amor.Me asusté no entendía nada, pero él de pronto me dijo: ¿Confías en mi? Claro que sí pensé y sin dudarlo me introduje la pastilla roja en la bocaa los pocos segundos noté como mi cuerpo se deshacíanotaba un fuerte dolor en el pecho, a no escuchaba casi mi respiración, todo parecía acabarselo ultimo que pude ver era como el chico desaparecía entre la naday llevaba mi cuerpo arrastras a un agujero negrola voz volvió a sonar en mi mente :
<<Los seres de la noche han venido a buscarte, no quisiste hacerme casocomo ya te dije¡Eres y serás siempre mía!>>

Que tal?...Bueno...lo de la fecha...jijij..es que no sabía cual poner y me decidí por esa...lo reconozco...tengo una mente melancolica... icon_confused.gif..Amm..y bueno...el supuesto "chico"....en mi vida..es una "chica"...pero bueno...preferí no alterar...las neuronas de mi profesor...ya me mira algo mal...por llevar algo..siempre con la bandera del orgullo... icon_rolleyes.gificon_cool.gif Haber si me va a suspenderrr!

amaul #165
Bueno, aquí va, espero que os guste, como nadie comentó el otro... icon_sad.gif

OTRA VEZ.

Otra vez.

Incesantes imágenes que se suceden seguidas e ininterrumpidamente. Áridas, frondosas, feas y bonitas. Todas y cada una diferentes, y ninguna a merced de influencias o prototipos que se tengan.

Inclino la cabeza y continúo leyendo el libro que dejé momentos antes. Es un libro interesante, de esos que te hacen pensar y reflexionar, y, además, te atrapan y te hacen sufrir hasta la última página. Son fantásticos libros que duran poco, pero que aportan una gran cantidad de pensamientos sobre el ser, el bien y el mal, la propia existencia, y todos esos temas que consideramos transcendentes pero fuera de nuestro alcance.

Cuando el tren se para, cojo mi pequeño maletín y me apeo. En la estación compro una revista de pasatiempos de lógica y algo de comer.

Mientras me como mi bocadillo, en silencio, en un banco de un parque cercano a la estación, me dedico a observar el desolado y vacío terreno: debido a la hora, no hay nadie.

La luna asoma tras una nube, tiene un tono amarillo-rojizo muy extraño que hace pensar que esconde algún misterio. Vuelve a esconderse tras una nube, y observo ahora las centelleantes estrellas que parecen estar haciendo guiños.

Acabada la improvisada cena, me preparo para comenzar mi viaje por la ciudad. Hay un nosequé que me dice que esta visita va a ser muy importante y de unas consecuencias trascendentales. No sé qué puede tener de especial, cuando lo he hecho muchísimas veces, tantas que... ni me acuerdo. Bueno, quizás esa luna tan rara me ha trastornado un poco.

La ciudad es grande; o, debe serlo, pues sólo veo calles y calles que se pierden lejos, muy, muy lejos... Así que he de empezar ya si quiero acabar mi visita nocturna antes de que amanezca.

Al adentrarme algo más en la compleja red de calles y cruces, me doy cuenta que va a ser difícil salir, pues el camino no lo recuerdo. Pero un impulso me hace seguir andando y pensar que no recordar el camino es una nimiedad, que no debería parecerme importante. Haciendo caso de mi instinto, continúo; aunque no sé si, si me hubiera resistido, hubiese sucedido algo.

Las calles, por lo general, son anchas. Luces de neón y carteles brillan por todos sitios, es algo mareante, pero la gente que camina como autómata por las intermitentes calles, no parece notarlo. Son esas personas de ámbito plenamente nocturno, que sólo vive en la calle, deambulando por ahí sin rumbo fijo, y, luego, cuando se hacen conscientes de su propia existencia, le es palo tan grande que tienen reacciones impredecibles y contradictorias; aunque, de cualquier forma, es mucho mejor que un día, milagrosamente, se den cuenta de todo en lugar de seguir llevando la vida infrahumana que llevan, sin tener consciencia de lo destructivo que es lo que hacen y el mal que provocan a los demás. Sinceramente, me da tristeza ver como personas destruyen sus vidas y las de otros, y rabia el no poder hacer nada; pero es totalmente gozoso contemplar a una persona que se supera y logra salir del agujero, ayudando a otras y llegando a compartir los sentimientos humanos, maravillosos y complejos pero realmente gratificantes y completos.

Mientras camino, me viene un sentimiento de paz y amor indescriptible; en parte, es contradictorio que, estando en un lugar en el que no se notan muestras de esos sentimientos, una se vea inundada por tales. Claro que, pensándolo profundamente, se puede llegar a la conclusión de que son producidos por llegar a ser consciente de la grandiosidad del ser humano por su capacidad de sentir y hacer sentir; pero hay que pensarlo muy profundamente... Pero, aún así, pienso que no ha sido ni por pura casualidad ni por una explicación que se me pueda ocurrir.

De pronto, me encuentro cara a cara con un joven de cabellos alborotados y dulce rostro. Al sonreírme, las palabras surgen impulsivamente de mi boca.

-Debes venir.

Atónito, al igual que yo, me mira inquisitivamente. De repente, echo a andar por una calle oscura que antes no había divisado pero que ahora me parecía totalmente correcto que estuviese aquí, a mi lado.

Al terminar y salir de la calle...

Luz.

Sí, una gran luz me ha cegado instantáneamente y, cuando logro recuperarme, esos ojos de un verde intenso me miran a menos de un palmo de la cara.

Ahora, el paisaje es totalmente diferente. El sitio no parece muy contemporáneo, pero es agradable y no da la impresión de pertenecer a una época muy antigua.

Es de noche, sé que es de noche; y, para confirmármelo, el cielo está igual de negro que antes. Pero no sé por qué, siento que es de día, y los transeúntes parecen pensar lo mismo, aunque nadie lo ha comentado.

Hay mucha gente, caminando sin cesar. Contradictoriamente, tal multitud de personas no me produce una sensación de desorden, sino de tranquilidad. Aunque la gente no va despacio (aunque tampoco muy rápido), no dejan de saludar a todo el mundo y, además, todos van en grupos de, al menos, dos. También hay alguna que otra persona que camina sola, pero al verlas, siento el calor que irradie el lugar o, mejor dicho, el calor que irradian las personas.

Con una sonrisa y un gesto cabeza, el joven, que ha aparecido a mi lado (aunque quizá cruzó conmigo la calle), se aleja entre esta nueva multitud. Ahora, sí parece feliz; antes, un pequeño pero profundo deje de tristeza inundaba sus bellos ojos...

Me parece que no tengo nada más que hacer aquí, me siento completamente realizada y a gusto conmigo misma. Y, cuando me dispongo a volver a cruzar por la especial callejuela negra...

Me despierto. Estoy en un tranquilo y bonito paraje con vegetación, mucha hierba, toda verde. Y...

Luz.

Otra vez.

Imágenes incesantes, el tren...

Otra vez.

Fue mi primera historia en condiciones y estoy muy orgullosa de ella porque me gusta y me aprece aceptablemente buena. Espero que también os gustase. Saludos.

Amaúl

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Amaúl
amaul #166
Muy bueno, xica.

Misterioso y complicado, como la mente misma, y sin una resolución clara, al menos para mí. Te deja esa extraña sensación de no saber k ha pasado y por qué, xo refleja bastante bien los complejos e inexplicables sentimientos que nos invaden de vez en cuando, y aún no se han inventado palabras para describir.

Haber si publicas algo más icon_wink.gif
y x cierto, hubiese kedado más xulo con dos xicas, xo es normal, los profesores a veces son un poco torpes. Eres de iberoamércia o cataluña o el país vasco??

Saludos y felicidades,

Amaúl.

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Amaúl
meike #167
Acabo de leer tu historia...sencilla...impresionante..son de las que te hacen pensar...y regresar por un momento a tus adentros..Es..distinta..me gusta...de veras...muchas felicidades...te las mereces!!

Yo...mm..soy de Cataluña....porque lo dices? icon_confused.gif

Jijji...gracias!!!...Empezé una....parecida a esta...del mismo estilo...pero no pude terminarla..cuando la encuentre...y tenga animos...quizá la retomaré de nuevo... icon_wink.gif

vircoph #168
Buff.... buf buf buf... a ver... por pasos.

Primero, me alegro mucho mucho de veros por aki, gatita y sune, de verdad. Me encatnan vuestras aportaciones. Ahora por pasos.

Sune:

La historia de "Angel" me tiene muy desconcertada. Ya te dije que tenia que digerirla, y ahora, despues de releerla la veo más "clara" pero no por ello me deja menos intrigada, pues si estoy leyendo lo que creo que estoy leyendo, la historia me resulta relamente muy fuerte.

En cuanto a cómo esta escrita, solo puedo decir que me gusta, pues adoptas el punto de vista de una niña de cuatro años, o almenos procuras acercarte mucho a él. Sencillo, simple, y a la vez tan complicado que hace falta reducirse a lo más infantil para ponerse en el lugar de la pequeña. Y precisametne ahí es donde me perdí en mi primera lectura, pues no fui capaz de digerir todo lo que leía.

En cuanto a la segunda historia, "Otra vez", tenias razón al decir que es bastante más desconcertante que la primera, pero sin embargo se hace más facil asimilarla y no perderse, pues esta vez el lector puede integrarse perfectamente en el papel sin problemas, sin tener que reducirse o limiatarse a algo ya olvidado. Sin embargo es una historia misterios y casi onírica, en el que "alguien" esta haciendo "algo" por los demás (o esa es mi sensación). Ese alguien, intuyo, somos cualquiera de nosotros, y ese algo, sin embargo, se me antoja un acto cotidiano pero a la vez tremendamente dificil de asumir.

Como apunta la Gatita, es una historia que te hace pensar un poco en tu yo misma, en tu yo interior, aunque no defina un sendero concreto ni parece buscar una reflexión acertada.

Gatita, tu "Diario de Meike" es realmente curiosos. Sune ha dicho parte de lo que yo opino: "complicado como la misma mente" y es precisamente esa la sensción que yo he tenido, la del monólo interior. Pensamientos que ocurren con hechos continuos y sin descanso, provocando en la protagonista acciones institivas y sin descanso.

Por cierto... muy a lo "matrix" eso de las pastillas, no?

Y lo de "los seres de la noche" es un punto interesante, realmente curioso... Digno de una buena historia de vampiros.

Aprovecho akí para comentarte mi opinón sobre el resto de relatos y escritos que has ido dejando en los distintos post del foro: todos me gsutan mucho, y peronalmente no les encuentro defectos. Son poeticos, y he leido algunos que incluso tiene una rima constante y perfecta. De verdad me parecen muy sentidos y profundos, si tenemos por profundo un concepto de que no hacen falta palabras rebuscadas para expresar grandes sentimientos.

Mis felicitaciones a ambas, los relatos me parecen magníficos.

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Hay puñales más afilados que cualquiera que podamos fabricar con nuestras manos, y mucho más peligrosos, pues son invisibles y d
vircoph #169
Pues dejame decirte que en la película de matrix hay una escena muy muy parecida, en que Morfeo (uno de los buenos) le ofrece a Neo (el prota) una elección: Dos pastillas. Una lo lleva de vuelta a su vida normal y cotidiana. La otra: a la verdad. Y tu escena se asemeja mucho a esa.

Pacienca con tu escrito, no lo fuerces. Ya saldrá. Esperaremos.

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Hay puñales más afilados que cualquiera que podamos fabricar con nuestras manos, y mucho más peligrosos, pues son invisibles y d
meike #170
Vircoph Wrote:
Gatita, tu "Diario de Meike" es realmente curiosos. Sune ha dicho parte de lo que yo opino: "complicado como la misma mente" y es precisamente esa la sensción que yo he tenido, la del monólo interior. Pensamientos que ocurren con hechos continuos y sin descanso, provocando en la protagonista acciones institivas y sin descanso.
Por cierto... muy a lo "matrix" eso de las pastillas, no?
Y lo de "los seres de la noche" es un punto interesante, realmente curioso... Digno de una buena historia de vampiros.

Jijij..bueno no sé si se parecerá a Matrix...debo decirte que esa pelicula aún no la he visto..no sé..fué la primera cosa que se me ocurrió...

Y bueno...lo de "los seres de la noche"...siempre me ha llamado la atención...los caracterizó...como espiritus malignos..o vampiros...o no sé...para mi...tambien lo són..las mentes solitarias...según lo que le parezca a la persona que lo esté leyendo...es un punto de vista que tenemos cada uno...no es una definición concreta...

Cuando..termine el otro que estoy haciendo...ya la colgaré...(pero es que me he quedado estancada...en un punto clave...y aisss..me cuesta seguir..sniff..snifff..)

1xito para todas

raiza #171
GaTiTa_Entre la soledad,he leido tu relato y me llamo la atencion. Una pregunta,ya q veo q escribes bien: por q no pruebas a escribir como en tu relato?? lo digo,porq, la verdad, a veces cuesta muxo entender tus mensajes y tenia mis dudas en esto de la historia corta (lo digo de buenas,porq veo q si puedes escribir bien).

Un besazo y seguid escribiendo,por favor icono5.gif

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***Que la über-oscuridad se extienda***

"There must be some way out of here" ,said the joker to th
rogue #172
Pos hace mucho ke las musas me habían abandonau pero ahora me dió por escribir un mini cuento. Espero que les guste.

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Escribir...Un placer frívolo de mortales, dirían aquellos que son de mi misma raza. Esos que como yo poseen el don oscuro de vivir por siempre. Sin embargo para mi, desde que era mortal, escribir es una necesidad apenas comparable a la que siento de alimentarme del elixir rojo de los hombres. Pero yo soy diferente a todos los inmortales que he conocido. En realidad no hay ningún ente o ser con el que pueda compararme. Ni si quiera ella, que me a orillado a caer presa de mi segundo vicio con su frialdad.

Pero aunque mi pluma y mi mente se alíen en mi contra y hagan brotar de mi interior borbotones de palabras llenas de ella debo poner un orden y tratar de al menos crear un desahogo con sentido. Aunque ¿qué sentido práctico pueden tener las palabras de un vampiro esclavizado por el hechizo mortal.

No quiero que mis palabras sean malinterpretadas. Por supuesto que como toda mi raza siempre he amado a los mortales. Desde el día de mi oscuro nacimiento a la nueva vida quede como todos fascinada por sus pequeños detalles rebosantes de belleza inocente. Por sus risas y sus gestos. Por la perfección de sus rostros y la pulcritud de sus sentidos. Pero ese amor innato que los inmortales tenemos por lo efímero no tiene nada que ver con lo que siento por ella.

No hay palabras que puedan expresar lo intenso que puede sentir un no vivo. Es una ironía que en la muerte se exalten los sentidos. Y desde la primera vez que la vi supe que no habría nadie en este mundo que pudiera amar de la manera en que yo le amo a ella. De una manera que no podría ser medida por número alguno.

Todo seria perfecto si ella me amara de igual...

Pero para ella el amor es un sentimiento bueno y perfecto de un estilo más bien razonado y no entiende mi amor guiado por la fuerza de mis entrañas. Estamos juntas pero ella no esta conmigo y aunque ella me ama a su manera nunca será suficiente para llenar mi corazón sediento de su ser.

Para ser una no muerta soy bastante patética, pero me disculpo diciendo que yo no pedí serlo y que fue mi creador quien se equivoco al elegir. Y ella se da cuenta de que puede manejarme como quiera. Soy un juguete en sus mortales manos y eso me vuelve más patética aun. Pero me sería imposible alejarme de su luminoso amor.

Se dice que los polos opuestos se atraen y no hay más grandes diferencias que las que nos separan, yo siempre seré eminentemente oscura, la naturaleza lo ha decidido así. Y ella es una especie de profeta del siglo veinte. Con esa melancolía que caracteriza a todos los que parecen ver más allá de lo evidente y la felicidad innata de los que se saben haciendo el bien. Sus apasionantes discusiones sobre la metafísica pueden mantener mi atención por cuanto tiempo le plazca y no hay muchos, ni siquiera vampiros que puedan asombrar mis gastados oídos. Mi guru....mi perfecta y delicada humana.

Si supiera que es la pureza de amor lo que me trastorna. ¿cómo ha podido ella enamorarse de un ser como yo? ¿cómo es posible que me ame con esa serenidad falta de estruendo? ¿cómo es que puede ser en su mortalidad tan perfecta?

Esas preguntas giran en mi mente como un torbellino y nunca consigo encontrar respuestas. Lo pienso a veces cuando me siento melancólica en el balcón del hogar pero me lo preguntó sobre todo ahora, que lagrimas de color rojo tiñen mi pálida y vieja cara. Ahora que estoy hundida en mis sentimientos llenos de ella.

Me ha dejado de nuevo...

No debiera ser algo que me importara tanto, no es como si fuera la primera vez. Pero cada de una de ellas me golpea como si fuera un puño de acero atravesando mi cuerpo que se abre ante la fuerza con que es impactado.

En realidad ella sigue aun en el cuarto...pero no es como si no pudiera oír sus pensamientos y saber que es lo que sigue. Y como lo he dicho antes, ni siquiera tendría que tener poderes especiales para entender que se repetirá una experiencia pasada. Y ella se marchara creyendo que no estoy a la altura de sus deseos y que nunca he entendido sus dolores y razones. Pero no es así. Quizás no haya nadie en este mundo que pueda entenderla como yo. Ojala algún día ella pudiera sentirme como yo la siento a ella. Ojala se enterara que cada pequeño sentimiento de desasosiego que siente se magnifica en mi cuerpo hasta sentirme morir. Pero más que pensar en el valor de quien soy esta comparándome con ella, y no hay manera de que algún día pueda llenar yo sus expectativas.

Y se marchara dejando la casa con un vació que absolutamente nada podrá llenar. Y pensara que estoy enojada y rabiosa con ella sin darse cuenta que lo único que mi corazón puede sentir es su sufrimiento. Y no llamará nunca, ni aunque su alma lo desee con todas sus ganas. Porque sabe que siempre iré a ella, me sabe débil y entiende que aunque este equivocada, siempre conseguirá de mi una disculpa si es lo que se necesita para que me vuelva a permitir el don de su amor.

No se entera de que mientras duerme yo acaricio su rostro invadiendo su intimidad y su confianza y comparto ese parte atormentada de su ser que nunca nadie ha visto. Piensa que nadie puede comprenderla, y aunque yo algún día le dije que lo hacia nunca lo creyó. Quizás sea mejor así.

Su amor me ahoga como a ella le ahogan sus penas. Pero supongo que no hay amor que no traiga con el una inmensa cantidad de dolor, como compensación. Es una especie de ese equilibrio de todo que parece tener el mundo.

Ahora mismo sale indignada por la puerta trasera. Y mi rostro cada vez más colorido por mi llanto empieza a contraerse. En momentos como ahora quisiera compartir con ella mi don y hacerla como yo. Pero si ahora me maneja como si los hilos de mi vida pendieran de sus dedos ¿qué haría cuando yo le diera el poder de amarme infinitamente? ¿cuándo viera de verdad dentro de mi mente y descubriera lo que soy capaz de hacer por ella? No quisiera ni pensarlo...

Quizás lo mejor seria librarme de ella y darle lo único con que podría sorprenderla. La muerte dulce que mis labios regalan. Y cuando estoy herida quisiera verle subyugada por mi oscuridad y me gustaría que por una vez fuera ella quien clamara por mi amor y no fuera yo quien como un perro herido va tras de ella.

Pero eso es imposible porque para mi tortura no sé que seria peor si vivir eternamente bajo el hechizo de su amor o pasar la vida sin ella. Y cuando siento que este sufrimiento que pareciese una espiral infinita de oscuridad me inunda entiendo porque los antiguos decidieron lanzarse al fuego y terminar con sus vidas.

Y mientras camino a unas cuadras de ella escuchando su acalorada platica consigo misma me doy cuenta que nunca podré ser lo que ella espera. Y este circulo de amor y odio seguirá repitiéndose hasta que la muerte la bese y yo siga andando por este mundo sin encontrar nada que vuelva a llenarme jamás.

Y mientras la verdad que me negaba a mi misma llega tan clara me doy cuenta que a veces tomar la decisión más simple no es cobardía sino simple salvación. Y doy media vuelta y vuelvo a casa respirando lo que será mi destino y descubro que no le tengo miedo.

No hay dolor que pueda ser más grande que el que siento ahora mismo. Solo espero que las llamas de la chimenea que ahora miro puedan quemar mis sentimientos mientras marchitan mi cuerpo con sus besos de fuego.

Y me muero mientras escribo porque la carta ha de irse conmigo. Y la amo mientras me marcho y mi amor se muere conmigo. Ojala que algún día mi amor encuentres alguien que te ame como amas tu. Alguien que pueda hacerte feliz como te mereces. Que piense en ti y al mismo tiempo en si mismo. Alguien que no te asfixie con sus ganas de tocarte y te permita ir libre por la calle. Alguien que no te inunde de regalos inservibles solo por las ganas de dártelos. Que no se enfade porque no quieres besarle. Que no este pendiente de ti todo el día y que viva por él mismo y no por ti. Ojala que alguien te ame con límite y no con desenfreno...no como yo...no como un vampiro.

Kilya

amaul #173
Gracias Virc icon_smile.gif La verdad es que me alegra mucho todo lo que me habeis dicho (lo tuyo también gatita icon_wink.gif ). Sí, se a loq eu te refieres de desconcertante, pues realmente no me centré en nada concreto para escribirlo (el conrcurso del coelgio para el que lo escribí era de la Navidad y los más necesitados...), epro, por ejemplo, cuando escuché a mis apdres y mis tíos comentar el cuento (yo medio a escondidas, todo se adicho), sacaron cosas que yo ni había llegado a caer, de cómo ha podido influir mi vida y mis experiencias en el relato, subconscientemente, y también en que cada persona lo ve de una manera diferente según su vida, y eso es lo que me gusta de escribir: la gente no capta el cuento que tú escribes, sino el que ella lee.

Sobre el de Ángel, muchas gracias, pues eres la primera persona que me lo comenta, y aunque si había quedado satisfechas, no del todo segura de su efectividad y originalidad. Sí, pretendí escribir una historia dura, muy dura, pero desde el punto de vista de la inocencia más pura. Al parecer, me salió bien.

Besos a todas,

Amaúl.

P.D: Rogue, me queda pendiente leer tu cuento, xo es que ando muy ocupada con otra historia para la ruta quetzal, haber si hay suerte.

Firma
Amaúl
meike #174
Raiza Wrote:GaTiTa_Entre la soledad,he leido tu relato y me llamo la atencion. Una pregunta,ya q veo q escribes bien: por q no pruebas a escribir como en tu relato?? lo digo,porq, la verdad, a veces cuesta muxo entender tus mensajes y tenia mis dudas en esto de la historia corta (lo digo de buenas,porq veo q si puedes escribir bien).

Bueno ante todo...gracias por avisarme...Aveces no consigo explicarme bien..se me juntan las palabras y todo lo que siento..y termino confundiendo a todo aquél que quiere enterarse de lo que me sucede...Aún así..no te preocupes Raiza , lo tendré muchisimo en cuenta...

Apartir de ahora...tendré la certeza de fijarme más en lo que escribo...para que así todas podais entenderme...

Vircoph...gracias por los animos...jijiji...(la proxima vez que vaya al videoclub..iré a por la pelicula de Matrix...pues ahora me has dejado con la intriga..quiero ver si tanto se parece... icon_confused.gificon_wink.gif )

1xito mu grande para las dos!Seguir asi!

vircoph #175
Y ahi va el ultimo de mis relatos, presentado en un concurso lésbico que no gané, pero bueno... no se puede tener todo en esta vida. Espero que os guste, mientras esperamos seguir con el que está a medias. Un besazo, y espero criticas!!

Ese tren...

Otra vez las once. Como cada noche, terminaba de cenar y recogía los platos que había ensuciado junto a sus compañeras de piso, los fregaba y esperaba. Cada noche la misma paciencia y el mismo fervor. Con el mismo miedo a que, precisamente hoy, no la llamara. ¿Y qué si no lo hacía? ¿Y qué...? No lo sabía exactamente. Núria no lograba entenderlo pero no quería concebir un "porqué" a aquella necesidad. Pero deseaba que el teléfono sonase, quería escuchar su voz. Aunque ni ella misma se lo reconociese.
Pero parecía que aquella noche sería la primera desde que se conocieran que se iría a dormir sin sus dos besos de despedida y el "buenas noches, princesa" que, cada día tras el café, le dedicaba. Pero era casi media noche, y ella no había llamado. Esta noche quizá no...

Suspiró, apoyada aún en la pica de la cocina, diciéndose a sí misma que era mejor así, que era lógico y normal, que no existía un motivo para que la llamara cada noche. Pero no podía evitar pensar que quizá estuviera en apuros... o estaba esperando que esta vez fuera ella la que llamara para quedar... Mas lo único que sabía de aquella mujer con la que se veía cada noche era su nombre: Laura. Ni su teléfono, ni sus aficiones... Nada sabía de ella excepto su nombre y el sonido de su voz que desde que se conocieran, sus labios le regalaban... sus... ¿¡PERO EN QUE ESTABA PENSANDO!? Era su amiga... su ángel de media noche, la última persona que veía y en la que pensaba cada día, sin falta, desde que se conocieran... ¡Solo eso!. Pero tan solo era capaz de recordar dos cosas de todas aquellas conversaciones que habían tenido: su nombre... y sus labios.

Y sonó. Uno, dos, tres timbrazos. Y ella dudó en cogerlo, como cada noche, mirándolo con duda e indecisión. Pero hoy se demoró aún más en permitirse coger el teléfono. Sabía que era ella, no tenía la menor duda, pero algo dentro de si se preguntaba que pasaría si no lo cogiera. ¿Y si hoy no iba? Pero... a fin de cuentas... ¿qué más daba? Así que finalmente lo cogió, y con acercó el auricular a su oreja, en silencio. Esperó.
-¿Vienes?- Su voz, como cada noche. La palabra que esperaba durante todo el día y que de repente lo iluminaba (hubiera sido como hubiera sido) con la misma magia de un rayo de luna que se derrama sobre una flor en una fría noche. La respuesta tardó en nacer lo que le demoró juntar las dos letras de la respuesta.
-Sí.
Y se dispuso a colgar. ¿El lugar? ¿La hora? Eran datos conocidos ya desde la primera noche, el primer café, que no había conocido otro escenario que su mesa de siempre, creando el único universo que existía durante el tiempo que estaban juntas. No le dio tiempo a colgar.
-Perfecto. Tengo que contarte algo.
Y Laura colgó. Estupefacta, con las palabras de más que no sabía de dónde venían ni a que se referían, se quedó con el auricular pegado a la oreja y sintiendo como su corazón palpitaba a un ritmo no esperado.
Colgó el teléfono y reaccionó. Había quedado, y tenía tres minutos para arreglarse si no quería llegar tarde. Y por supuesto no iba a llegar tarde, por que eso sería imperdonable.
Vació el armario en busca de la respuesta a la mítica pregunta del "qué me pongo", y acabó con los vaqueros gastados, las deportivas, el jersey viejo y la cálida cazadora. Y se lanzó a la calle como alma que lleva el diablo, otra noche, ante los atentos oídos de sus compañeras de piso que, en vano, entre el cotilleo y el respeto hacia la intimidad, intentaban descubrir adónde iba Núria, cada noche a aquellas horas.

Pero Núria pasaba de todo. Ella sólo pensaba en que los días acababan bordados en plata y rojo. Tan solo sabía que no debía llegar tarde. Una, dos... giraba a la izquierda, un par de calles más y ahora a la derecha. Y paraba. La cabeza alta, la mirada perdida y asustada. Y el sitio de Laura, SU sitio, ocupado.
A lo lejos podía distinguirla en su silla de siempre, en la posición acostumbrada, su chaqueta y su semblante aburrido. Ella ya estaba allí. "Núria, has llegado tarde. Caput. Fallaste." Y el mundo se le derrumbaba encima como los juegos de piezas que los niños construyen y derrumban por mero placer...
-Parece que nos han quitado el sitio... - susurró una voz, a su espalda. Su voz. ¡Zas! Giro de 180º. Y en medio de la noche y de la calle se encontraron cara a cara, sus labios a escasos centímetros. Se ruborizó ante la proximidad de esa flor, ese misterio de la creación, durante los dos segundos que tardó en dar paso al enfado consigo misma por sus pensamientos.
Y volvió a girarse en busca de la primera presencia que ocupaba su mesa en su tiempo. Y se dio cuenta que no era ella: ni su pelo, ni sus ojos... ni tan siquiera sus labios.
-Vámonos.- Pidió la recién llegada, posando una mano en su hombro. - Aquí no podremos hablar.
Y esas palabras asustaron a Núria de la misma forma que un cuchillo en la garganta, incapaz de moverse.
-¿Adónde?- Preguntó, sin mirarla, temiendo la respuesta.
-A mi madriguera. - Y Laura arrancó el paso, lentamente, consciente de la ruta y el destino.
Pero ella no supo cómo reaccionar. Sintió como todo su ser fue atraído por ella, con la seguridad de que si cerraba los ojos la seguiría sin dudarlo... Y toda ella quería dar ese paso, pero "ella" (la parte que realmente creía poder controlar) se negó a sí misma esa dirección.
-Ven... - le susurró Laura al oído, tomándole dulcemente la mano. - No tengas miedo.
Y finalmente cerró los ojos y la siguió, sin soltar su mano, dejándose guiar por Laura y esa sensación que inevitablemente la recorría.

Estalló un trueno en lo alto del cielo, anunciando lo que segundos después se reveló como un diluvio. Sin embargo, el trayecto duró poco rato, pues Laura entró en uno de los portales poco después. Soltó la mano de Núria y se apresuró a quitarse la chaqueta chorreante, sacudirla y colgarla en la barandilla para escurrirse el cabello y sacar de su bolsillo unas llaves, antes de empezar a descender las escaleras con la chaqueta a cuestas. Núria permaneció anonadada. Había estado observando todos los gestos y movimientos de Laura con un interés que no podía evitar que se le antojara enfermizo. Así que tan solo logró moverse cuando se dio cuenta de que estaba sola en el rellano y la vergüenza ante el evidente hechizamiento la hizo reaccionar. Bajó las escaleras para reunirse con ella, que ya introducía la llave en la cerradura. La puerta se abrió con un suave empujón. Laura se retiró a un lado y la invitó a pasar con la mirada.
Lentamente, casi como si se tratara de una ceremonia, Núria penetró en la estancia, en la cual se hizo la luz en unos instantes. El exiguo recibidor daba paso a una única sala con apenas una cama simple, una mesilla de noche, un sofá, una sencilla mesa auxiliar y unas estanterías llenas de libros colocadas contra la pared frontal, laboriosamente decorada. Al girarse, contempló que en el resto de la sala había una pequeña cocina de barra americana, con dos taburetes y una puerta, la única, que sin duda daba paso al baño.
-¿Te gusta?- Preguntó Laura, mirándola. Y Núria no sabía que responder. Estaba sorprendida y admirada; anonadada por encontrarse allí, en su casa, con ella... a solas.
-Si. -Afirmó finalmente. - Me gusta mucho. - Y esbozó una sonrisa que le salió del corazón. Laura también sonreía, pero frunció el ceño.
-Quítate eso. - La reprendió, acercándose. - Estás empapada.
Y le quitó ella misma la chaqueta. El roce de sus manos le robó un escalofrío descarado que no pudo reprimir. Pero Laura lo malinterpretó... O quizá llevara razón.- ¿Ves? Vas a coger una pulmonía.
Rápidamente se llevó la cazadora a un perchero oculto tras la puerta donde su propio abrigo ya descansaba. A continuación se metió en el baño y volvió a salir, toallas en mano, tendiéndole una a Núria.
-Toma, y sécate bien.- Y obedeció, sumisa. Laura se secó rápidamente el pelo y un poco las ropas que no estaban excesivamente húmedas. - ¿Café?
Y sin esperar respuesta, entró en la cocina y empezó a trastear. Núria se sentó en uno de los taburetes, distraída.
El silencio se apoderó de la situación y ella se sentía incapaz de romperlo, así que se dedicó a observar la cocina, tan simple como el resto del piso. Dos armarios en la pared del fondo alcanzaban con su anchura lo largo de la cocina, tres fogones, pica simple y supuso que la lavadora estaría escondida por algún rincón contiguo a la barra.
Los armarios le llamaron la atención. El de la vajilla estaba abierto, y podía ver, con cierta sorpresa, como entre plato y plato había colocada una gruesa capa de goma espuma, de aspecto mullido. Así mismo, vasos y tazas estaban colocadas en agujeros hechos en otra gruesa capa, y todo el armario estaba forrado por dentro con la misma sustancia. Llena de curiosidad quiso preguntar, pero no lo hizo. Desvió su mirada hacia ella, que afanosa preparaba la vieja cafetera y la colocaba en el fuego. Se dio la vuelta y siguió explorando la sala.
Inmediatamente el mural captó su atención, impresionándola. Toda la pared estaba decorada con esmero, creando un paisaje que parecía casi vivo directamente sobre la pared, combinando a la perfección con las estanterías, en un conjunto extrañamente atrayente. Y allí también había señales de excesiva sujeción. Libros, algunos vhs y bastantes CDs e incluso las pinturas que había sobre un pequeño taburete en un rincón de la sala. Todo estaba muy sujeto. Pero Núria no osó preguntar.
-¿Y el mural?- Dijo, para romper el hielo. -¿Que representa?
-Es el mundo de mi imaginación.- Contestó Laura, decidida. Y Núria empezó a examinarlo al detalle. Montañas altas y bellas, envueltas en un vivo verdor y recubierto por el suave resplandor de un sol caduco y dorado del ocaso.
-¿Lo has pintado tú?- Volvió a preguntar.
-Sí. Lo empecé poco después de venir a vivir aquí.
La cafetera empezó a silbar, y el aroma del café recién hecho se esparció dulcemente por la sala.
-Es muy bonito. - Concedió, fascinada. - Se te da realmente bien... ¡Parece que esté vivo!
-Lo está.- Respondió, muy decidida. - Cada día lo veo, lo disfruto, y lo vivo... Cada día hay algo nuevo, pero nada muere. Por eso aún no esta terminado. Y por eso puedo pintarlo tal cual es.
-Me gustaría poder verlo a mi también.- Declaró, girándose. Sus miradas se encontraron de repente, sin previo aviso, y Núria creyó faltarle el aire. - Debe... debe ser precioso.
La estaba mirando, sin duda alguna, pues Laura bajó la mirada rápidamente al verse descubierta. Núria no pudo dar crédito a este gesto. ¿De verdad la observaba con la misma curiosidad que ella empleara minutos antes?
Laura se giró rápidamente cuando la cafetera empezó a borbotar, ya lista, para retirarla del fuego, cosa que corroboró las sospechas. Y aquello emocionó a Núria, de la misma forma que un niño ante su primer descubrimiento, y en el mismo grado en que se recriminó aquel comportamiento casi infantil. Se obligó a cambiar de tema.
-¿Por que está todo tan... tan...? - Laura pareció relajarse ante el cambio de conversación. Se giró, sonriente, y le pasó una gran taza de café con leche.
-¿Tan acolchado?- Concluyó la pregunta, mirando su reloj. Núria cabeceó afirmativamente, acompañándose de un "ajá".- Creo que tendré tiempo de contártelo antes de que te des cuenta por ti misma.
Y se dirigió rápidamente hacia el sofá, frente al único ventanal de la estancia. Núria la siguió y se sentó a su lado, dejando automáticamente la taza en la mesilla que tenían delante. Laura también dejó la suya.
-Verás... Hace seis meses vine a vivir aquí. Conseguir el piso ha sido todo un logro, pese a que vale cuatro perras gordas, pero con mi sueldo a poco puedo aspirar. El piso era de un conocido, al que le voy pagando religiosamente cada mes mi "hipoteca". Es lo que tiene trabajar en un bar. - Volvió a consultar su reloj y sonrió.
-Es acogedor. - Comentó Núria.
-Es casi perfecto- Replicó Laura.- Excepto por un mísero detalle...
Volvió a tomar su taza y dio un largo trago de café. Después volvió a posarla y no dijo nada más. Se miraron unos instantes, mientras Núria esperaba que continuase. Pero no lo hizo-
-¿Y bien?- Preguntó.
-¿No lo notas? -Respondió a su vez la anfitriona, con un deje irónico en la voz.
Y entonces empezó a notar una vibración que le llegaba a los pies y le subía por las piernas, en un creccendo veloz y trepidante. Las tazas empezaron a temblar. Desconcertada, le dirigió una mirada inquisitiva a Laura, pero ella sonreía y miraba hacia el ventanal, oscurecido por la noche y la tormenta, fijando su mirada allí mientras la vibración progresaba, trayendo consigo un sonido cada vez más agudo. Núria empezó a asustarse ante la tranquilidad que Laura demostraba ante aquella amenaza. Siguió su mirada, queriendo comprobar qué la retenía allí.
"Pip - Pip" - Sonó un reloj.
Y en aquel instante un grito de parpadeantes luces cruzó como una exhalación el ventanal, arrancándole un grito de sorpresa y miedo. Al cabo de unos segundos eternos y atormentados, desapareció, llevándose consigo también el sonido cada vez más grave y la vibración menguante.
-¿¡Se puede saber que coj**** era eso!?- Explotó, pálida.
Laura no pudo reprimir una enorme carcajada, que le devolvió el color a Núria. Se levantó sin dejar de reírse y se acercó rápidamente a la ventana. La abrió y se asomó. Núria la imitó, asomándose junto a ella. La tormenta menguaba y la lluvia disminuía, pero todo seguía tan oscuro como cada noche en aquella parte de la ciudad.
Laura aún conservaba una sonrisa satisfecha.
-Pude comprar el piso por que era barato. Y lo era precisamente porque la vía del tren pasa muy cerca. -Pese a la oscuridad, a unos pocos metros, se perfilaban perfectamente las vías del tren. -Ese era el expreso de la una. Siempre tan puntual. -Concluyó, con familiaridad.
Volvieron a entrar y cerraron el ventanal de nuevo. Ya en el sofá, Laura siguió tomando su café y Núria no salía de su asombro.
-¿Y el acolchado?- Preguntó, incapaz de suponerlo.
-Durante las dos primeras semanas observé y comprobé la acción de los trenes. Las pocas cosas que tenía por entonces temblaban, pero nada más.
-¿Entonces?- Núria era incapaz de comprender.
-Hay un tren un tanto especial. Provoca un temblor que se siente mucho antes de que pase por aquí, siempre de madrugada, aunque sin un horario fijo. Nunca sabes cuando volverá a pasar. La primera vez que lo hizo no lo esperaba. -Tomó aire.- Estaba en cama y de repente me desperté, sin saber qué ocurría. Al poco la vibración era tan intensa que mi interior también retumbaba, al mismo son que los platos, o que los armarios abriéndose y cerrándose. Aquel caos duró una eternidad, en la que nada caía, pero nada estaba a salvo. - Otro sorbo de café. Continuó. - Cerré armarios, cajones... empujé libros, vasos, tazas, corriendo de un lado a otro intentado todo lo que se me ocurría para salvar mis cosas. Pero no sirvió de nada. Empezaron a caer, y cuando el tren por fin pasó por aquí, a toda velocidad, todo se vino abajo. - Estaba ligeramente pálida, como si reviviera aquellos momentos. - Creí que el piso se derrumbaría sobre mí en aquel instante y, presa del pánico, solo se me ocurrió protegerme bajo la cama. - Se ruborizó en aquel momento, esbozando una sonrisa autocompasiva.- Y todo seguía cayendo: la vajilla, plato a plato; los libros, estampándose en el suelo con crujidos de tapas desencajadas y hojas despegadas... todo parecía querer acabar aquella noche, bajo el estruendo infernal de ese tren.
Volvió a suspirar, como conmocionada. Núria parecía nuevamente estupefacta, pues no lograba salir de su asombro continuado. Laura continuó.
-Aquella noche recé lo que no había rezado en toda mi vida... y eso que soy atea. Maldecí el piso, mi trabajo que no me permitía más y a mi amigo por venderme un piso ruinoso. Pero poco a poco el ruido fue cesando, el temblor menguó hasta morir y la calma regresó. Tardé una eternidad en salir de mi escondrijo... Tuve que armarme de valor, pero pese a imaginarme como estaría todo, recibí un shock bastante fuerte. Mi casa parecía un campo de batalla abandonado tras la lucha. Sólo logré sentarme en la cama y echarme a llorar... No se cuanto tardé en sobreponerme, pero lo hice, me levante, y entre lágrimas de frustración, rabia y miedo, empecé a recogerlo todo, incapaz de volver a dormir.
-¿Y los vecinos? -Preguntó Núria, ensimismada.
-Ai... los vecinos... ¡Qué frustrante darme cuenta al día siguiente que la única damnificada era yo! Y me pasó por dos motivos: por ser la que recibía el choque más directo y por novata. Los vecinos me explicaron como evitar el destrozo, y sin dudarlo me acogí a su solución. Por eso esta todo tan sujeto, contado y acolchado. Para que ese endiablado tren no lo destroce todo cuando le da la vena de pasar.
-¿Y como dormís esos días?
-Te acabas acostumbrando, Núria. Cuando te acuestas no sabes si va a pasar o no va a pasar, así que ni siquiera te preocupas. Por costumbre lo dejas todo sujeto y cerrado, y si pasa, te despierta. Pero ya nada cae ni se rompe, con lo cual solo tienes que esperar a que pase y volver a dormir.
Como otras noches Núria se había quedado embobada escuchando el animado relato de Laura, observándola con evidente descaro. Pero ella permanecía indiferente, tomando a ratos sorbos de su taza de café, con un gesto ya familiar. Finalmente lo apuró y dejó la taza vacía al lado de la de Núria, casi intacta, ya que como siempre se olvidaba de él frente al discurso animado de Laura y sus labios... Y se ruborizó, avergonzada ante el motivo de que la taza siguiera llena, reaccionando bruscamente y tomándola para ocultarse. Pero pese a sus esfuerzos Laura la miraba fijamente y esbozaba una sonrisa picarona... pero que a Núria se le antojó preocupada.
-¿Que tenías que contarme?- Recordó, saliendo del paso y forzándola a que siguiera hablando y dejara de mirarla con esa expresión profunda. Ahora fue ella quien se ruborizó y bajó la vista.
-Yo... -musitó... pero guardó un silencio forzado que sorprendió a Núria, que acabó por dejar la taza de nuevo al no sentirse ya amenazada. Laura tenía un gesto tímido y asustadizo dibujado en el rostro que la hacía adorable... y no entendía como podía estar pensando aquello sobre su amiga, una mujer. Jo***... ¡Ni que Laura le gustara! Y aquel pensamiento que la mente se permitió la asustó profundamente.
-¿Y bien?- volvió a preguntar, deseosa de respuestas a sus propias incógnitas y con la súbita seguridad de que Laura sabría responder.
-¿No... no te parece extraño que desde que nos conocemos, hace ya casi tres meses, hayamos quedado cada noche?
A Núria le pareció que la pregunta estaba mal formulada.
-No... no tiene porque. - Respondió, sintiendo que el corazón le latía de nuevo a una velocidad no acorde con la situación. Laura estaba muy roja, al darse cuenta que su pregunta no le proporcionaba la respuesta deseada. - Es agradable saber que haya sido el día como quiera, la noche será agradable.
-Eso es cierto.- Reconoció, sin mirarla. Suspiró. - Pero... Tengo miedo, Núria.
-¿Miedo? ¿De qué?- Preguntó, desconcertada.
Laura se quedó callada, pensativa y temerosa. Sabía muy bien lo que quería decirle a Núria, lo que debía explicarle y sabía también lo que podía ocurrir... y le daba miedo, pero debía hacerlo. Suspiró.
-Ya se que hace poco que nos conocemos pero... es que... necesito que me aconsejes con algo...
-¿Que es?- Preguntó, extrañada e intrigada.
-Esto... lo que pasa es que me estoy enamorando de alguien que no tengo ni idea de como reaccionará cuando se entere. Y me da mucho miedo que cuando lo sepa se lo tome mal, por que aprecio muchísimo a esa persona.
-¿Y por que?
-Porque no creo que se lo espere... - Laura seguía sin mirarla.- No se siquiera si aceptaría que me hubiera enamorado...
-Vamos... digo yo que no puede ser para tanto. Que él no sienta nada por ti no tendría por que hacer que se enfadara por tus sentimientos... - Respondió Núria, intentado animarla.
-Es que... es que creo que hay otro problema. - Susurró Laura, tímida, cada vez más ruborizada.
-¿Cuál?
-Creo que esa persona también se está enamorando de mi...
-¿Y entonces donde esta el problema?- Dijo Núria, incrédula y sin sentirse capaz de definir el problema concreto.
-Pues... me parece que no se ha dado cuenta de lo que siente o no se lo reconoce... o no lo acepta.
-No lo entiendo.- Reconoció Núria, en un suspiro de sinceridad. - El amor es amor... ¿Porqué alguien no podría aceptar, aunque no pudiera corresponder, que estuvieras enamorada?- Entonces Laura levantó la mirada, con un gesto como de esperanza, pese a que la preocupación no se borraba de su rostro, marcándose fuertemente.
-A veces no es fácil aceptar que "ciertas"- Y enfatizó aquella palabra- personas te amen... o simplemente puedan amarte.
Núria empezaba a no saber que responderle. Le dolía en el alma ver a Laura tan abatida... Pero no sabía que responder ante esa fatalidad que demostraba, pese a no saber de quien hablaba. Pero aquello no era lo importante, sino el hecho de que alguien la estaba haciendo sufrir. Y seguro que fuera quien fuera, no se lo merecía.
-¿Lo has hablado con él?- Laura cabeceó negativamente. - ¿Por qué?
-Hay algo que me detiene al hablar con esa persona.- Reconoció, la voz seria y grave.
-¿El qué?- Se interesó.
-Qué apenas la conozco.- Suspiró.- No se cómo piensa o que pensará de mi. Apenas se su nombre y su teléfono... Pero me encanta su carácter.
Núria sonrió, sintiéndose cómplice.
-Eso me pasa a mí contigo, mujer... Apenas se nada de ti, pero eres mi mejor amiga. Aunque no se que pensaras de mí ni como ves la vida... -Laura levantó la mirada, sorprendida y se quedó mirándola. -¿Qué pasa?
-Entonces poco me has escuchado estos tres meses que han pasado, Núria... Te he contado toda mi vida, incluso te conté...- se lo pensó un poco- cosas que no solía contar a nadie que no supiera seguro que me entendería.- concluyó, casi irónica.
-¡Anda ya!- Respondió. -¡Pero si ni siquiera tengo tu numero de móvil!
-¿Cómo que no?- Se sorprendió Laura. - Te lo di y tú lo apuntaste. ¿O ya no recuerdas?
-Mmmmm...- Se quedó pensativa un rato antes de contestar, sacando su móvil del bolsillo.- ¿Seguro?
-Que sí, mujer. ¿Recuerdas al menos como nos conocimos, no? Te lo di entonces.
Y mientras buscaba el numero perdido en su móvil se puso a recordar. Si, se acordaba perfectamente. Una tarde como otra cualquiera de aquellas que toda universitaria se pasa en la biblioteca, se levantó a por uno de los libros de láminas. Núria estudiaba hispánicas, pero era una loca aficionada al arte moderno y de vez en cuando, cuando se saturaba, cogía uno de esos gruesos libros de láminas, se lo llevaba a casa y los miraba, por puro placer. Aquel viernes se fue directa a por uno de sus preferidos y cuando fue a cogerlo se encontró que otra chica iba a por el mismo libro.
-"Perdona"- musitó la chica, retirándose. "¿Lo necesitas?"
-"Lo cierto es que no... solo me gusta ojearlos."- Contestó.- "¿Te urge mucho?"
-"Si... pero hacemos una cosa si quieres. La biblioteca está por cerrar. Me lo llevo yo, me dejas tu número y mañana te llamo y te lo dejo, ¿De acuerdo?"
Y así quedaron... cuando salieron de la biblioteca se intercambiaron los números de móvil. Laura, dijo que se llamaba. Y Núria no volvió a pensar más en ella hasta que al día siguiente, muy tarde ya, sonó su móvil.
-"Perdón si es muy tarde, pero es que acabo de salir de trabajar. Quería dejarte el libro, ya no lo necesito más. ¿Vienes?"
Y quedaron, en aquel bar en el que, a partir de ese momento, frecuentaron noche tras noche...
"Laura Libro" se leía en la pantalla del móvil de Núria, con la entrada que tres meses antes había hecho con su número.
-Pues sí... - Reconoció...- Que raro... ¡estaba convencida que no lo tenia!
-Con razón ninguna noche me llamaste... -Y aquello la ruborizó, sintiéndose como la encarnación del despiste. Laura volvió a adoptar una postura un tanto seria... pero parecía más relajada. - Si la que apenas te conoce soy yo... pero quizá tu puedas decirme... ¿Qué pensarías si una chica se enamorara de ti?
A Núria esas palabras le llegaron como una amenaza. Algo dentro de sí sintió miedo y estupefacción, y todas las cosas que en su vida había oído y había pensado sobre ese tema se despertaron, poniéndola en guardia. Y, sin embargo, había algo que...
-¿Una chica?- Preguntó, desconcertada ante la pregunta. Salió su lado conservador- ¿Cómo se va a enamorar una chica de mí?
-"El amor es amor...", ¿no?- Recordó.
-¿Pero tu te estás oyendo?- Exclamó, estupefacta. - ¿Una mujer enamorada de otra mujer? ¿Y luego qué? -A Laura le dolieron esas palabras como la más retorcida de las torturas. Bajó la mirada de nuevo, triste, desolada, derrotada, y Núria empezó a demostrarse belicosa. - ¿No me digas que tu...?
-¿¡Qué!?- Gritó Laura, levantándose de repente del sofá, sin mirarla, dolida ante el desprecio que sus palabras demostraban. - ¿Que si soy lesbiana? ¿Que si me gustan las mujeres y puedo enamorarme de alguna? ¿Acaso no lo sabías ya?
-¿Cómo iba a saberlo si no me lo cuentas?- Respondió.
Laura se giró, clavándole la mirada. Un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas y su gesto era frío y duro.
-Te lo conté. No lo recordarás, pero fue una de esas cosas a las que no le suelo contar de buenas a primeras a mucha gente. Siempre ha sido y es peligroso, ya que la misma sociedad no acepta mis sentimientos. Y a ti te lo conté... pese a que por lo visto ahora tampoco pareces respetarlos...
-¿Me lo contaste?- Repitió... y empezó a pensar si en verdad tenía algún problema de memoria realmente serio...
-Si, Núria. Te lo conté una de esas muchas noches en las que ni probabas tu café, te embobabas con mi discurso y por lo que veo ni te enterabas de lo que hablaba. Así que supongo que igual de trivial como el caso que realmente me hacías debía ser tu respuesta, por muy sincera que me pareciera en aquel momento.
-¿Y todo esto a que viene?- Preguntó a su turno, confusa y acorralada, sintiéndose un mar de dudas y de miedos.
-Viene a que me he enamorado de ti, no se exactamente cómo, pues todas estas noches poco me has contado de ti. Pero, sin embargo, siempre estabas y siempre me escuchabas.
-¿¡Qué!?- Exclamó, sorprendida, pues no había podido sospechar que realmente la persona que hiciera sufrir a Laura fuera ella misma. Laura frunció el ceño, molesta por su interrupción y se acercó a ella, posando uno de sus dedos en sus labios.
-Déjame terminar, por favor. Luego... si realmente te desagrada lo que quiero decirte, no te voy a impedir que te vayas. -Murmuró, mirándola a los ojos. Y continuó, tranquilamente, con el tono calmado y bajo. Retiró el dedo que había posado y se echó un poco para atrás.- Todo esto viene a que sí, me he enamorado de ti. Viene a que no sabia cómo decírtelo, pues no se que piensas de mí ni cómo sientes realmente. Y viene a que una no es tonta, y se que tu también te estás colgando de mi. Y eso me da miedo, por que apenas te conozco. Me da miedo, por que no se si eres consciente de lo que creo que estás sintiendo y no se siquiera si eres capaz de enamorarte de una mujer sin reproches por ser mujer.
-¿Y entonces... por qué me lo cuentas? ¿Por qué me insinúas que estás enamorada si no sabes como voy a reaccionar? ¿Por qué intentas averiguar primero cual sería la respuesta y no te declaras directamente?
-Porqué ante todo eres mi amiga, Núria. Y aunque no me puedas o quieras corresponder, tenía que ser sincera contigo. Tenía que contarte que cada vez que te me quedas mirando embobada y sin enterarte de lo que te digo me muero de ganas por besarte. Cuando te lo conté me dijiste que no había problema... así que si no lo había como mínimo podría pedirte que si no sentías nada por mí, no me tentaras. Pero si estabas tan embobada que ni recordabas que tenías mi número... ¿Cómo saberlo? - Respiró, casi agobiada. - Yo también tengo sentimientos, Núria. No soy un engendro ni estoy enferma, por más que quizá te hayan enseñado eso. Y tu, princesa, tampoco lo eres por sentir lo que sientes.
Calló. Se moría por llorar, sentía las lagrimas luchando por salir por todo aquel dolor que sentía y la sensación de vacío que Núria le había provocado con sus palabras. Pero no, no se resignaba a llorar delante de ella. No después de demostrarle que quizá no merecía ni su respeto. No cuando no buscaba nada más en Núria que un poco de comprensión, ya que tampoco ella había pretendido enamorarse. Y bajó la cabeza resignada y cerró los ojos.
Núria estaba estupefacta. No sabía como reaccionar, no sabía por que sentía aquello cuando la miraba a los ojos y no se atrevía a reconocerse que se embobaba mirando sus labios. No quería pensar en que todo lo que le había dicho Laura podía ser cierto ni que quizá ella también fuera lesbiana o bisexual (a fin de cuentas... ¿cómo asegurarlo si nunca lo había probado?). Pero se sentía mezquina por sus palabras, por todo aquello que le había dicho sin pensar y sin sentir. Pero era ya tarde para volver atrás... le dolían las entrañas sin saber exactamente el motivo y sin duda no se atrevía ya a mirarla.
-Lo siento. - Murmuró Núria, levantándose del sofá sin mirar a su amiga. - Lo siento mucho.
Y sin decir ya más se dirigió a la puerta, tomó su cazadora, y salió de la habitación. Laura se llegó al sofá, se dejó caer y rompió a llorar. Sola. Terriblemente sola.
Núria subió las escaleras como si un demonio la persiguiera. Una vez en la entrada se detuvo. ¿Todo aquello había sido real? ¿Realmente Laura se le había declarado? ¿Realmente existía un sentimiento así? ¿Porqué le había dicho todo aquello?
Salió a la calle enfadada consigo misma, confusa. Levantó la mirada del suelo un momento y reflexionó. No se había fijado como había llegado allí, ni como era la zona. Ahora, pasadas las dos de la madrugada, el lugar no le gustaba nada, entre otras cosas por que no sabia por dónde debía ir..
-Muchacha... Murmuraron a su espalda. Ella se giró, y se encontró con una navaja muy cerca de su cuello. Dame todo lo que lleves encima, muchacha. No me gustaría manchar a Chori tan temprano...
***
Había llegado a las cuatro casa con el brazo vendado. El chorizo en su fuga se había llevado su brazo, ahora con ocho puntos de sutura, por delante. A la mañana siguiente se encontró con la curiosidad de sus compañeras de piso, a las que finalmente les contó todo lo que había pasado y el porqué. "El amor es amor, no sexo. Siempre nos han enseñado que las mujeres debemos enamorarnos de un hombre con el que casarnos, hacer el amor, tener hijos y mantener una familia. Pero son tópicos. ¿Por qué tiene que ser así?. Yo estoy enamorada de mi perro y es un animal. Así que deja de una vez de preocuparte por lo "normal". No puedes dejar escapar ese tren por miedo a lo que no conoces." Las palabras de Míriam la alentaron para enfrentarse a sus sentimientos y después de una semana se armó de valor para regresar a su casa. No soportaba sentirse como ese tren que todo lo destrozaba y que jamás regresaba.
Y allí se encontró, frente a la puerta que ella misma había cerrado. Suspiró indecisa y con la mano en alto para golpearla, pero no sabía que hacer... ¿Y si estaba en casa, qué le diría? No tenía muchas opciones.
Toc, toc
Y esperó. El silencio seguía reinaba en el rellano, así que asumió que o no quería abrir o no estaba en casa. Se acabó, Núria. La cagaste de nuevo. Caput. Y suspiró de nuevo antes de girarse y levantar la mirada. Y allí estaba ella, en la escalera, con las llaves en la mano, mirándola.
-Hola.- Murmuró, ruborizándose y sintiendo una tremenda vergüenza ante ella.
-Hola, princesa. Contestó Laura. Estaba seria y su voz sonaba fría.- ¿Qué te ha pasado en el brazo?
-¿Esto?- Dijo, enseñando su vendaje.- Un chorizo me atracó hace una semana... cuando volvía a casa.
El rostro de Laura hizo una mueca de preocupación y sorpresa.
-No debí dejar que te marcharas sola.- Confesó, bajando la vista y con un tono de culpabilidad.
-No debí marcharme.- Corrigió. Y aquello sorprendió a Laura- No sin antes disculparme. Lo malo del caso es que creo que me merezco el tajo por todo el dolor que te causé hace una semana... Por hipócrita y por no escuchar a mi corazón.
Laura la miraba ahora con expresión estupefacta que pretendía ser fría, pero que amenazaba con ablandarse y enternecerse.
-¿A que has venido, entonces?- Preguntó, bajando el par de escalones que le quedaban para llegar hasta Núria. Cara a cara. Núria suspiró y bajó la mirada.
-Yo... Todo lo que dijiste la semana pasada puede que sea verdad, yo también me siento extraña pero no se como aceptar lo que siento. Nadie me enseñó a hacerlo. Me enseñaron lo contrario.- Suspiró.- Estuve hablando con mis compañeras de piso y me convencieron de lo que yo misma te había dicho: El amor es amor. Y no puedo dejar de pensar en ti y que no soy capaz de reconocer que me embobo cuando estoy contigo.
Núria sentía ganas de llorar, sin saber muy bien porqué. Laura finalmente se enterneció y delicadamente le acarició el rostro. Se miraron, y sus miradas cruzadas quizá dijeron más que todas las palabras.
-No te preocupes, Núria. Tu no eres como ese tren.
Y dulcemente la besó, como tantas otras noches habían deseado ambas, pero una se contenía y la otra no lo admitía. Cuando Laura se separó Núria rompió a llorar, de miedo y de sorpresa. No entendía lo que sentía, pero le había gustado la calidez y el saber de esos labios. Y admitió que le daba igual. A fin de cuentas eran unos labios que la querían y que la habían besado, y con los ojos cerrados no hubiera sabido que eran de ella o de él. Pero lo importante es que le gustaban. Laura la abrazó tiernamente y la dejó llorar antes de decir nada.
-¿Vienes?- Dijo, enseñándole las llaves.
Núria las observo, abrazándola. La respuesta tardó en nacer lo que a ella le llevó juntar las dos letras de su respuesta.
-No. Y sonrió. Me quedo.

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Hay puñales más afilados que cualquiera que podamos fabricar con nuestras manos, y mucho más peligrosos, pues son invisibles y d
vircoph #176
Dios Rogue!!!!

Me ha encantado tu relato, enserio. Es precioso!!!

Me ha encnatado tu forma de relatarlo, ese sentimiento que inunda las palabras y le dan todo un hechizo de amor imposible de huir.

Es sencillamente genial.

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Hay puñales más afilados que cualquiera que podamos fabricar con nuestras manos, y mucho más peligrosos, pues son invisibles y d
rogue #177
Asias Virc :) la verdad es que me lance a escribirlo con un poco de miedo porque hace un monton que no tomaba la pluma. Como puse antes las musas me habían abandonado desde hacia un tiempo.

Sin embargo me gustó como quedo :) siempre había querido escribir algo sobre vampiros y ahora me decidí por este cuent ocorto para ver si podía meterme y escribir por fin la novela un poco más larga que tengo en mente. Pero todavia me quedan un par de cosas pendientes asi que supongo que ese segundo proyecto tendra que esperar.

Me he leído tu cuentó también y me gustó mucho, sobre todo lo de los trenes, le da un toque misterioso e interesante a la historia y a mi siempre me ha gustado que las cosas que escribo tengan algo de místico, así que ese detalle me pareció genial.

amaul #178
Precioso, Rogue, en serio. LO único que yo eh leido sobre vampiros fue Entrevista con el vampiro de Anne Rice (sin cotnar toda la saga de El pequeño vampiro) y em encantó.

Esto no se parece en nada, pero ayuda tener una idea de la vida de semejantes fascinantes seres.

Dulce, delicado, desgarrador y eterno.

Felicidades,

un abrazo.

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Amaúl
amaul #180
de anda hija!!!

Pero no hace falta que te pongas colorá. Que esta vez la verdad no duele, no?

Besos

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Amaúl