Muchas veces cuando me encuentro frente al ordenador me da por pensar y plasmar mis reflexiones en el procesador de texto. Durante unos minutos escribo lo primero que se me pasa por la cabeza, que parece que va a explotar, lo leo unas cuantas veces intentando entender que es lo que he querido decir en el arrebato y después lo borro para siempre. Podría definirse como un diario emocional en el que las páginas se autodestruyen a los diez segundos.
La última vez que lo he hecho ha sido hace unas tres horas, mientras estaba en casa (donde aún sigo) haciendo algo de trabajo que tenía pendiente. Pero esta vez, al igual que me ha ocurrido casi siempre desde enero, junto con la lluvia de ideas y las idílicas imágenes que dibuja mi mente al ritmo de chillout, veo ráfagas de una página web que me hace sentirme en casa. Por ello esta página del diario no se autodestruirá, sino que será compartida con todas vosotras (Gonso y Lirio, ya sabéis que esto también va por vosotros). Espero que os guste, pues no suelo abrirme tanto.
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Es miércoles, son las doce menos veinte de la noche, y aquí estoy, en mi habitación, sentado frente al ordenador, sin más compañía que la música, y sintiendo como Here with me de Dido vuelve a ponerme la piel de gallina una vez más.
Ante mi se presenta una noche de trabajo, en esta ocasión con Photoshop, un asunto que debe estar terminado por la mañana. Y aquí estoy, dándole forma a las palabras, vistiéndolas con imágenes y adelantándome a lo que escribo, pensando en que haré después.
Mi estado de ánimo me hace pensar en los ritmos emocionales mencionados en un mensaje del foro (aisss, mi foro), y pensando en lo fácil que resulta saltar de la felicidad a la tristeza, de la nostalgia al ensimismamiento, o de la excitación al sosiego. De hecho pienso que es más sencillo cambiar de ánimo que definir la causa y el propio estado.
¿No te has encontrado nunca llorando sin saber el motivo? ¿Riendo cuando nada ni nadie te hace reír?
El ser humano es, y será siempre, una caja de sorpresas, una máquina demasiado perfecta para que podamos llegar a comprenderla nunca. Y así, únicamente de esa manera, se pueden entender, que no explicar, las cosas.
¿Por qué eres lesbiana? ¿Por qué soy de izquierdas? ¿Por qué río o lloro al escuchar una canción? ¿Por qué pensamos lo mismo si somos tan distintos? ¿Por qué no estamos de acuerdo si somos tan iguales? ¿Por qué nos gusta esa película? ¿Por qué una guerra? ¿Por qué la lluvia? ¿Por qué tú? ¿Por qué yo? ¿Por qué?
Hace vidas enteras que no entiendo las cosas, pero por fin he comprendido que debo seguir preguntándome sin esperar respuestas. Las dudas me recordarán que sigo vivo, y la falta de respuestas me mantendrá despierto y atento, por si en el momento menos pensado alguna de éstas apareciera.
Ya son las doce, y sigo teniendo mucho trabajo, exactamente el mismo que hace veinte minutos, pero con veinte minutos menos para hacerlo, pero me da igual, voy a seguir haciéndome preguntas y disfrutando de la falta de respuestas, pues cada una de ellas es y será una razón más para vivir.
Ahora Van Hammer y después Me Cuesta tanto olvidarte, de Mecano. Creo que la música es la vía de escape más perfecta. Cierras los ojos y estás donde quieres, con quien quieres (en todos los sentidos) y como quieres. Tengo ganas de cerrar los ojos y dejarme llevar por las emociones. Se puede llorar con los ojos cerrados, sentir como éstos se llenan de lagrimas, que tus labios dibujan una sonrisa, y decidir que te quieres quedar así para siempre.
Ahora veo un atardecer, un cielo de color naranja y una gran esfera de luz casi roja reflejada en el mar. A mi alrededor el verde se mezcla con el gris de las rocas y el amarillo de la arena. La luna está también en la imagen, y su aspecto de perla destaca especialmente en la zona del cielo que ya es oscura y azul.
Rob D, Clubbed to dead, el tiempo se acelera, todo va muy deprisa, el sol se esconde rápidamente y, pocos segundos después, aparece por el extremo opuesto del mundo, dibuja un arco perfecto y vuelve a esconderse. Suena el piano, y mientras todo corre tanto yo permanezco inmóvil, totalmente quieto, solo mis ojos se mueven escrutando todo lo que me rodea.
Creo que es un buen momento para dejarlo. El trabajo me sigue esperando y, si pretendo dormir algo, se hace necesario que abandone temporalmente los sueños y vuelva de nuevo.
De nuevo soy yo, con la complicidad del silencio y la excusa del olvido.
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David acaba de mostrar sus reflexiones en voz bajita a personas con quienes piensa que no quiere tener secretos. Así es David, generalmente por la noche, y cuando está solo.
Besos,
David.
