Pongamos como circo la Vida y nos anuncia que tras el telón de la valentía y entre bambalinas aguarda salir a escena, Srta. Dolor.
No es perezosa, no se fija horarios, no tiene vacaciones y cuando hace huelga, es a la japonesa. Su mirada baja, altiva, prepotente por el derroche y la estafa de su maquillaje, no brilla. Su rostro pálido y como agujero del alma inexpresivo , exhibe su boca seca que sólo atraen los besos muertos ya convertidos en fantasmas. Ropaje extravagante, el disimulo la acompaña durante toda su actuación. No la viste, tan solo la desnuda. Atrás, inmediatamente aparece de forma estelar su tristeza.
Por último intentando llenar sus espacios sus compañeras obedientes, la pesadez y la apatía actúan como carga.
Srta. Dolor al finalizar su coreografía y para hacer el más difícil todavía acerca su mano a su elefante y le dice casi en susurros: Vamos preciosa, aférrate a mí que vivir vale la pena!