En Madrid, digan lo que digan, la liamos bien liada.
El sábado terminé de comer un poco tarde, así que en vez de ir a Atocha, quedé con Mónica en Callao y nos fuimos directamente a Sol.
Llegamos a eso de las seis y veinte y aquello ya estaba lleno hasta la bandera, y no paraba de llegar más gente. En la vida había visto una manifestación así, fue algo especial.
Tras la llegada de la primera pancarta (fue necesario desviar a una alto número de manifestantes por otras calles para que la 1ª pancarta puediera llegar a Sol), se produjo la lectura del manifiesto. Estaba previsto que lo leyeran Pedro Almpdovar y Leonor Watling, pero a última hora se sumó Fernando Fernan-Gómez.
Poco se puede decir del documento, que no se haya comentado ya.
En determinado momento comenzó a sonar una alarma de bombardeo (sí, de esas que escuchamos de vez en cuando en las noticias). Su sonido era sobrecogedor, y lo que se pretendía era que todos no tirásemos al suelo. Fue imposible, no había espacio para hacerlo. Lo único que pudimos hacer fue agacharnos al compás de las alarmas, e imaginar como se deben sentir las personas que, al escucharlas, saben que el cielo se va a llenar de fuego, y que sus vidas corren peligro.
Terminada la lectura del manifiesto, la manifestación seguía llegando a Sol. Era increible, aunténticos ríos humanos llenaban Sol y todas las calles aledañas. Era imposible moverse.
Una hora después llamé por teléfono a una amiga que había salido de Atocha para saber si ya había llegado a Sol. Me quedé helado cuando me dijo que aún estaba en Cibeles, y que no podían avanzar, aún quedaban miles y miles de personas por llegar.
Fue bonito ver que aún hay esperanza, que el ser humano no se ha vuelto definitivamente loco, y que quizá todavía le quede una oportunidad a la paz.
En cuanto a los gritos, me gustaron especialmente estos:
- Aznar, confiesa, Bush te la pone tiesa.
- Luego diréis, que somos cinco o seis.
- A la guerra, que vaya la botella.
- Menos misiles, y más botellines (bueno, ésta me recordó que ya era sábado por la noche...)
- Y, lo confieso, en un momento grite (pero bajito):
- Se nota, se siente, Felipe presidente.
El ambiente que se respiraba era realmente alegre, muy lejos de los comentarios del gobierno que hablaban de la posible presencia de alborotadores y demás.
Entre las banderas, vi una que me llamó especialmente la atención. No era otra que la gallega, con una mancha negra bastante grande en su centro.
Bueno, lo dicho, la manifestación más impresionante de mi vida... y el finde que viene la siguiente: Por Galicia ¡Nunca Mais!
Besos,
David.
Firma
Carmen Barrero, Martina Barroso, Blanca Brisac, Pilar Bueno, Julia Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil, Virtudes González