1. La verdad sobre el caso Savolta (1975). Eduardo Mendoza.
2. Todas las almas (1989). Javier Marías.
3. La ciudad de los prodigios (1986). Eduardo Mendoza.
4. El río de la luna (1981). José María Guelbenzu.
5. Herrumbrosas lanzas (1983-1985-1986). Juan Benet.
6. El testimonio de Yarfoz (1986). Rafael Sánchez-Ferlosio.
7..Si te dicen que caí (1989). Juan Marsé.
8. Diario de un hombre humillado (1987). Félix de Azúa.
9. Juegos de la edad tardía (1989). Luis Landero.
10. Un día volveré (1982). Juan Marsé.
11. Galíndez (1990). Manuel Vázquez Montalbán.
12. El metro de platino iridiado (1990). Álvaro Pombo.
13. La orilla oscura (1985). José María Merino.
14. Gramática parda (1982). Juan García Hortelano.
15. Diario del artista en 1956 (1991). Jaime Gil de Biedma.
Y me llama la atención porque:
1) NO HAY UNA SOLA ESCRITORA en la lista. Ya sabemos que los "60 lectores cualificados son señores.
2) ¡No he leído ninguno de esos libros!
¿Seré una ignorante sin remedio? ¿Que me he perdido, por la Diosa?
3) La lista termina en el 90, con Vázquez Montalbán ¿No han salido más autor@s desde entonces?
En este mar de dudas, he decidido que me importa un pìmiento si no los he leído, porque mirando los títulos así de sopetón no los compraría.
Pero me vino la idea de hacer una lista de autor@s nacionales, y para qué... ¡Soy una ignorante total! Todos los títulos que me vienen a la memoria son extranjeros - salvo un par de marca nacional -: El sastre de Panamá y El jardinero fiel, de J. Le Carré; Escrito en el cuerpo, de Winterson; El Ocho, Patricia Cornwell (cualquiera), Seda, de Barico, y todo en ese plan.
¿Será que no me atrae la producción nativa? Puede ser... Escribo ésto y pienso que muchas de las narraciones, así como las películas nacionales, tocan excesivamente los mismos temas: la pre Guerra Civil, la Guerra Civil, la post Guerra Civil, y saliendo de eso: iniciación sexual - de varones, casi en exclusiva- ; historias en un "marco incomparable" de prostitutas, chorizos, drogatas, todo bien lumpen y poco más.
¿Y mujeres? Contadas con los dedos y me sobran cinco o seis - dedos -, porque de las que andan rondando pocas me interesan...Debo padecer algún síndome extraño, aún no decubierto por la ciencia.
¡Horror, no puede ser que tenga una valoración tan pobre de la literatura vernácula!!!
