Puffff... acabo de desempolvar La naranja mecánica y aún estoy en estado de shock. Recuerdo que cuando la vi, con 18 años, me impresionó, pero en este segundo visionado he percibido muchos más matices y he disfrutado doblemente con la fotografía, la música, la interpretación... y por supuesto, el mensaje: la manía de la peña de echarle la culpa a cualquier cosa menos a los culpables. 