Foros / Comunidad / Pleistoceno Archivo 2002–2016

DICEN QUE A CIERTA EDAD....

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Lo abrió madison el

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madison #21
Puntitos, go home

Ya está. Ahora sí que no hay vuelta atrás. Una puede disimular la menopausia, las patas de gallo, las várices y las canas; la miopía, el miedo a los ladrones y las ganas de llorar porque sí; una puede disimular que los hijos sean más altos y que las tetas se te caigan y se estríen... Casi todos los síntomas de la vejez pueden disimularse, menos uno.

Hace un rato, a las 02:11 am, de un segundo para el otro, me salieron los puntitos ésos. Los de las manos. Ésos que dicen que, ahora sí, y hasta el final, vas a ser una vieja. No entiendo cómo llegaron tan de sopetón los puntitos, porque yo pensaban que se te instalaban de a poco, pero no. Vienen en patota, en manifestación, y se te meten por abajo de la piel, sin respetar las arrugas ni nada. Y van derechito a las manos, que es lo que una más usa.

No sé por qué tengo la costumbre de usar las manos para todo. Ha de ser una cuestión cultural. Para saludar, para cocinar, para pegarle un sopapo cariñoso a la Sofi, para decirle al Caio "vení para acá maleducado", para pedir una cocacola. Para todo tengo que usar estas manos que ahora están llenas de puntitos. ¡Qué vergüenza!

Estuve a punto de despertarlo al Zacarías y contarle, pero preferí hablar del tema con alguien más sensible:

Cagué, corazón le digo al Nacho por teléfono, antes incluso de decirle hola.

¿Mamá? me dice, con la voz ronca ¿Sos vos? Son las dos de la mañana... ¿Pasó algo con el Nonno?

No, el Nonno está bien, mejor que yo está le digo, media llorando. A mí me pasa.

El qué, te pasa.

Me salieron los puntitos.

¿Qué puntitos? me dice con voz de dormido.

¡Los de las manos, cuáles van a ser, esquenún! le digo Recién me levanté a tomar agua y tenía la manos de mi mamá.

Pero viejita... ¿Me llamás para eso?

Ne me digás viejita.

Siempre te digo viejita. Es cariñoso.

Desde ahora me decís mamá, o señora Mirta le digo, aterrada ¿Qué hago, Nachito?

Lo mejor que es que te acuestes y duermas me dice. Mañana hablamos.

¿Ves? Desde que tengo estos puntitos me tratás como a una vieja.

¿Pero te sentís bien o tenés algún otro síntoma de vejez?

¿Otro síntoma? ¿Cómo qué?

Ganas de barrer la vereda temprano, por ejemplo me dice, o ganas de llamar por teléfono a tu hijo a la madrugada por una boludez... Cosas así.

¿Me estás cachando?

Claro, mamá me dice. Andá a dormir, dale, mañana hablamos. Un besito y me corta, el guacho.

Mientras escribo esto, me voy mirando las manos, y parece que escribiera otra señora no yo. ¿Será que voy a ser abuela dentro de poco? ¿Será que la vida me pasó volando y yo no me di cuenta de nada?

Son puntitos chiquitos, asquerosos, como si se me hubiera caído un poco de café en las manos. Salpicaduras, eso parecen. No son gran cosa, pero están en unas manos viejas que ya no son las mías.

Tengo miedo de arrepentirme de lo que hice, de que un día, así de golpe, igual que aparecieron estos puntitos, aparezca el resto de la vejez, también de golpe y porrazo. Tengo miedo de que me empiecen a gustar las sillas mecedoras, la programación de canal nueve. Tengo miedo de empezar a tejer y que me guste. De empezar a leer en el diario las necrológicas para encontrar amigos muertos. De que me empiecen a decir doña. O abuelita. Qué asquete.

Antes, cuando yo era joven y no tenía puntitos en las manos, el Nacho quería hablar conmigo a cualquier hora. No le importaba hablar conmigo... Pero desde hoy, que tengo estas hormigas chiquitas acá, que tengo esta sensación de película que se termina, me manda a dormir como a una vieja. ¡Cómo si no supiera que las viejas no dormimos!

Mañana mismo me compro una radio portátil y me la pongo entre la oreja y la almohada. Si voy a ser una vieja, tendré que conseguirme todos los accesorios para pasar las noches en vela. ¿Ya tendré ese olor a pis de gato, también, y no me doy cuenta? ¡Ay, qué vida más corta y desagradecida!

madison #22
A MIS CUARENTA Y DIEZ

(Joaquín Sabina)

A mis cuarenta y diez, cuarenta y nueve dicen que aparento,

más antes que después he de enfrentarme al delicado momento

de empezar a pensar en recogerme, de sentar la cabeza,

de resignarme a dictar testamento (perdón por la tristeza).

Para que mis allegados, condenados a un ingrato futuro

no sufran lo que he sufrido, he decidido no dejarles ni un duro

sólo derechos de amor,un siete en el corazón y un mar de dudas,

a condición de que no los malvendan en el rastro mis viudas.

Y cuando a mi Rocio le escueza el alma y pase la varicela,

y un rojo escalofrío marque la edad del pavo de mi Carmela

tendrán un mal ejemplo, un hulla hop y un D"Artacán que les ladre,

por cada beso que les regateó el fanfarrón de su padre.

Pero sin prisas, que a las misas de réquiem nunca fui aficionado,

que el traje de madera que estrenaré no está siquiera plantado,

que el cura que ha de darme la extremaución no es todavía monaguillo,

que para ser comercial, a esta canción le falta un buen estribillo.

Desde que salgo con la pálida dama ando más muerto que vivo,

pero dormir el sueño eterno en su cama me parece excesivo,

y eso que nunca he renunciado a buscar en unos labios abiertos

dicen que hay besos de esos que te los dan y resucitan a un muerto.

Y si a mi tumba os acercáis de visitael día de mi cumpleaños

y no os atiendo, esperádme en la salitahasta que vuelva del baño.

¿A quién le puede importar después de muerto, que uno tenga sus vicios...?

el día del juicio final puede que Dios sea mi abogado de oficio.

Pero sin prisas que a las misas de réquiem nunca fui aficionado,

que el traje de madera que estrenaré no está siquiera plantado,

que el cura que ha de darme la extremaución no es todavía monaguillo

que para ser comercial, a esta canción le falta un buen estribillo.

madison #23
Hace unos meses hice un descubrimiento: eso que habitualmente llamamos madurez es como un hongo pegajoso y gris que va aflorando a medida que nos descascaramos por dentro y por fuera. El flagelo en cuestión está al acecho día y noche, esperando la ocasión para dominar nuestra voluntad, anquilosar nuestras ilusiones y convertir nuestras neuronas en fósiles. Decidida a no darle la más mínima ventaja revisé mis revoques internos y externos, y luego de comprobar que la madurez no tenía por donde atacarme, continué con mi plácida existencia.

Bastó un simple descuido y de repente el monstruo estaba frente a mí, amenazante, intentando convencerme de que debía ser madura, dedicarme a cosas más rentables.

-¡Vade retro! -le dije, si para madurar tengo que renunciar a lo que más me gusta ¡pues seré una inmadura toda mi vida!

El perfil de persona "madura", para nuestra cultura occidental, es el de alguien aburrido, absolutamente sensato, imparcial, sosegado, que ha llegado al punto más alto de sus capacidades físicas e intelectuales, y que en cualquier momento empieza a declinar y se echa a perder. Como una fruta. Madura! le decimos a ese hijo amante de la aventura que se olvidó de anotarse en la facultad porque se fue de campamento con sus amigos. Madura! le volvemos a decir cuando se pelea con su novia de la adolescencia, se engancha con una ecologista y se va a despetrolar pingüinos en lugar de rendir las tres materias que le faltan. ¡Madura! le gritamos con desesperación, cuando decide abandonar su promisorio futuro como abogado y se va al sur a cultivar frutillas.

Y de tanto insistir, nos la creemos: una persona madura no hace esas cosas. Una persona madura siempre razona, siempre hace lo que conviene, no se rebela, no hace locuras. ¿Es eso la madurez? ¿El último peldaño, y de ahí en más un salto hacia la nada eterna? ¿Un espacio donde está todo dicho y todo concluido, algo así como el "final de obra" que dan los arquitectos, y si a uno le quedaron unos cuantos cerámicos torcidos a joderse, que ya no tiene arreglo? Y después de la madurez, ¿qué?

Todavía estoy verde para eso. Mi mente aún retoza entre miles de utopías y mi cuerpo me acompaña con la misma pasión, aunque no con la misma resistencia de años ha, por desgracia. Confieso que después de una jornada de sano esparcimiento (piensen lo que se les antoje) ahora me duelen músculos y huesos que yo ni sospechaba que existían. Y que antes no dolían. Y confieso también que empiezan a preocuparme temas como la vejez, el deterioro inevitable de mi humanidad interna y externa, el futuro incierto y la jubilación . Y que me produce un molesto escozor el andar por el mundo así de incógnito, sin haber hecho aún nada notorio, trascendente... o escandaloso, al menos.

Si no es la madurez esa especie de momificación en vida que suponen algunos, ¿qué es, entonces? Luego de haber leído una buena cantidad de libros de autoayuda, de haber desmenuzado y confrontado las opiniones de Osho, Bucay, y otros guías espirituales, y de haber meditado en soledad, puedo afirmar sin temor a equivocarme que:

La madurez es la capacidad de asimilar nuestra existencia como parte del cosmos sin sentirnos el ombligo del universo.

Entre acumular años y saber madurar hay la misma distancia que entre juntar tierra debajo de la cama y tener un campo de 2000 hectáreas. No son las experiencias ni la edad, por sí mismas, las que otorgan madurez: es la intuición, la percepción de lo que nos rodea, de los otros y de nosotros mismos. La mirada implacable hacia adentro, hasta que duela, hasta sentir que aún hay cosas por hacer y por cambiar. La mirada hacia fuera, pura y maravillada como debió haber sido la primera mirada del primer hombre. El alma en paz, y al mismo tiempo abierta a todas las emociones; la mente abierta a todas las ideas, pero buscando el equilibrio; el espíritu dispuesto al dolor y a la alegría en idéntica medida. Y la piel palpitando debajo de la ropa, pronta siempre al abrazo, al consuelo, al frío y al calor.

La madurez, la verdadera madurez, es un estar a punto, listo para empezar, en el mejor momento para lo que uno esté dispuesto a permitirse. Y para eso, no hay edad.

Graciela Fernández (escritora)

carr #24
Esto es un artículo que me han enviado, fue escrito por Andy Rooney, corresponsal de 60 Minutes CBS:

"Mientras maduro en edad, valoro a las mujeres que pasan de los 40 más que a todas".

Aquí hay unas pocas razones:

- Una mujer de más de 40 nunca te despertará en medio de la noche para preguntarte "¿En qué piensas?".

- Si una mujer de más de 40 no quiere ver un juego de pelota, no sesienta a quejarse. Te acompaña a ver el juego y lo disfruta, o hace algo que le entretenga. Y, usualmente es más interesante que el partido.

- Una mujer de mas de 40 se conoce a si misma lo suficiente para saber quien es, lo que es, lo que quiere y de quien.

-A pocas mujeres de más de 40 les importa un bledo lo que tú puedas pensar sobre ellas o sobre lo que hacen.

- Una mujer de más de 40 es digna. Difícilmente se pondría a gritarte en el teatro o en el medio de un restaurante caro. Pero por supuesto, si lo mereces, no dudaran en matarte, si creen que pueden salirse con la suya.

- Una mujer de más de 40 tiene la confianza de presentarte a sus amigas. Una mujer joven con un hombre muchas veces ignorará hasta a su mejor amiga, porque no confía en el tipo. Una mujer de más de 30 no le importa si te atraen sus amigas, porque ella sabe que sus amigas no la traicionarán.

- Las mujeres de más de 40 son brujas. Nunca tendrás que confesarles tus pecados, ellas siempre los saben.

-Una mujer de más de 40 se ve bien con pinta labios rojo brillante. No Pasa igual con las más jóvenes y los travestís. Una vez superadas una arruga o dos, una mujer de más de 40 es mucho más sexy que sus contrapartes más jóvenes.

-Las mujeres mayores son directas y honestas. Te dirán de inmediato si eres un idiota, o si estas actuando como tal! Siempre sabrás donde estas parado con ellas !!!

- Sí, adoramos a las mujeres de más de 40 por múltiples razones. Pero desafortunadamente no es reciproco.

- Por cada deslumbrante, inteligente y bien puesta mujer de más de 40 hay un calvo barrigón con pantalones curtidos viéndose como un idiota con una muchachita de 22 años.

Damas, mis disculpas.
Andy Rooney

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Nunca te sientas solo, siempre hay una soledad esperando por la tuya para que las dos se acompañen. MI SOLEDAD TIENE COMPAÑIA
angelina #25
cúanta razón icono5.gif
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*...L'AMoR Ha De SeR LliURe...*
boby #26
Por contribuir un poco a alargar el tema, ya que es difícil decir algo nuevo a estas alturas; creo que todos tenemos claro que la edad es ese concepto que define nuestro estado emocinal (más que físico) en las distintas etapas de nuestra vida y por el que, equivocadamente, tendemos a identificar buen humor, juerga, y "ganas de lo que sea" con un margen de tiempo determinado que suele coincidir con la franja entre 18 y 25?, 25-30?, 30 y ?... (el ancho de banda que cada uno prefiera). A este periodo de tiempo solemos ponerle la etiqueta de JUVENTUD.

Recuerdo la llegada de mis 18 años como algo negativo porque identificaba mayoría de edad con asumir responsabilidades, cambiar de estudios..., y esto era algo que temía por encima de todas las cosas. No me consolaba pensar que podía votar o irme de casa porque tampoco eran estas mis prioridades, y tuvieron que pasar bastantes más años para descubrir que las responsabilidades no tienen edad o que la dependencia de mis padres era igual con 16 que con 18. Afortunadamente, hoy, estas reflexiones están totalmente asumidas y no me siento vieja ni mayor, sólo diferente; mucho más realista, menos miedosa y sobre todo orgullosa de saber lo que sé; cosas todas ellas imposibles de alcanzar en aquel tiempo "de juventud". Lo más curioso es que para asumir esta teoría hayan tenido que pasar "algunos años" sin que yo me haya dado cuenta.