He leído todas las entradas del post, y he de decir que todas ellas me han parecido interesantes, independientemente de que esté más o menos de acuerdo con ellas. Del aspecto relativo al término “nación”, no diré nada porque creo que, en principio, habría que definir qué es una nación, y creo que eso les compete más a los historiadores que a los políticos, la verdad. Pero en lo que se refiere al aspecto lingüístico, sí puedo decir alguna que otra cosa.
Para que no nadie vea implicaciones personales en lo que digo, diré que soy castellana, que aquí es donde vivo, que mi ideología política está en las antípodas del conservadurismo y el neoliberalismo, que Cataluña me gusta y que también, como Brigitte, escucho a Antónia Font (eso sí, con Lluis Llach no puedo, lo siento ; )y escucho a mis amigos catalanes hablar en catalán. Dicho esto, el estado lingüístico actual de una CC.AA. como la catalana es un estado de bilingüismo, esto es, se hablan dos lenguas indistintamente, sin que ninguna de las dos se superponga a la otra y, por tanto, la ley se hace eco de esa realidad lingüística y recoge a ambas lenguas como cooficiales. Ahora bien, en ese estado lingüístico, pretender dar preferencia, como se pretendía, a una de las dos lenguas, es pasar del bilingüismo a la diglosia, fenómeno lingüístico que sucede cuando en un mismo territorio se hablan dos lenguas pero una prevalece sobre la otra por cuestiones de prestigio, de modo que aquella se sustratiza y, normalmente, llega a reducirse al uso oral hasta desaparecer, no sin antes haber contagiado a la lengua predominante. Este suceso lingüístico, la diglosia, no es ni bueno ni malo, pero ha de suceder de un modo natural, no forzado por estrategias políticas de analfabetos que no conocen, a fin de cuentas, ni una ni otra lengua. Me parece un despropósito, por tanto, esa pretensión, puesto que la realidad lingüística catalana es claramente el bilingüismo y no la diglosia que algunos pretenden inducir con calzador. Por otro lado, y puesto que la lenguas están para que nos entendamos, tampoco pasaría nada si, por ejemplo, tras una situación de diglosia, la lengua de menor prestigio llega a desaparecer, porque las lenguas son en realidad organismos vivos que, les guste o no a los políticos o a los nacionalismos, van a su puta bola, y hacen bien. Cada día, mueren tres lenguas en el mundo, para que nos hagamos una idea, y nadie se lleva las manos a la cabeza. Pero tampoco quiero decir con esto que no haya que preservar la cultura y la identidad de un territorio, claro está, y que la base de esa cultura es su manifestación lingüística, de acuerdo. Pero es que las lenguas se cuidan hablándolas, no imponiéndolas, y resulta que cuando más se enriquecen es cuando están más en contacto con otras lenguas, contagiándose de ellas, y así sucesivamente (no olvidemos que tanto el castellano como el catalán, tienen su origen en un latín mal hablado y claramente corrompido, hablado por el vulgo).
Por otro lado, en relación a lo de las oposiciones en las CC.AA. que tienen dos lenguas cooficiales, he de decir que el sistema, no sólo es injusto, sino además innecesario, desmedido y claramente politizador. Me explico. El bilingüismo no obliga en absoluto a aprender dos lenguas porque, si esto fuera así, a los catalanoparlantes tendrían también que hacerles una prueba de nivel de castellano, puesto que, si su enseñanza pública se imparte en catalán (conozco casos de profes de inglés y de lengua castellana que se ven obligados a dar la clase en catalán ¡¡¡!!!), ¿cómo podemos saber que su nivel de castellano es aceptable para trabajar en un organismo público de un territorio bilingüe? Porque se le presupone, supongo, como el valor en la mili. Por supuesto, me parecería absurdo hacer esa prueba de castellano a los catalanes, pero es que me parece igual de absurdo hacérsela a los que no lo son. Otra “sinrazón”: en la Ley Orgánica de Educación, la LOE para los amigos, se dice que “los contenidos básicos de las enseñanzas mínimas requerirán el 55 por ciento de los horarios escolares para las Comunidades Autónomas que tengan lengua cooficial y el 65 por ciento para aquéllas que no la tengan”, o sea que un chavalito de Cuenca tiene que alcanzar el 65% de los contenidos mínimos establecidos por ley para aprobar la etapa, mientras que a un chavalito de Girona, le basta con el 55%. Pues que vengan el pusilánime de ZP y los ultraortodoxos de los nacionalistas y me lo expliquen… porque yo no lo entiendo. Por otro lado, claro que estaría bien que en todo el territorio español se impartiera en la ESO una asignatura que fuese “lengua del territorio español” o algo así, pudiendo elegir entre catalán, euskera, gallego o valenciano (ésta es una nueva que se han inventado hace poco, pasándose por el forro cualquier cursillo acelerado de lingüística), pero esa medida no gustaría a nadie, ni a los nacionalistas españoles, ni a los demás.
Y ya para terminar, y personalmente, está claro que si yo fuese a trabajar a Cataluña –y por lo tanto a vivir- haría lo posible para aprender catalán, aunque pudiera comunicarme en mi lengua, y por ello la Generalitat debería ofrecer con más ahínco cursos de catalán. Pero de ahí a que me obliguen a aprenderlo en una sociedad bilingüe… Es más, tengo un amigo, castellano, nacionalista por naturaleza que votaba al partido nacionalista castellano. Se enamoró de una barcelonesa, se fue a vivir a BCN con 100 euros, la biografía del Ché y ni papa de catalán y consiguió trabajo en una empresa privada de BCN. Hoy ya habla catalán, lógicamente se molestó en aprenderlo, y tanto es así que está afiliado a IPC y tengo por seguro que os acompañará a algunas en esa manifestación. Pues bien, si a mi amigo JJ no le hubiesen dado un trabajo por no saber catalán, ahora no viviría en Cataluña, ni sabría catalán ni, claro está, os acompañaría a la mani. Eso sí es preservar una cultura, abrirla, dejarla fluir, dejar que se contamine, que merme y que crezca, que fluctúe, como lo hacen las lenguas de modo natural.
Lo que hacen los políticos, fingir hablar en catalán, en euskera o en gallego para hacerse los tolerantes mientras alguien hace, a su vez, traducciones simultáneas a una lengua que todos conocen, no tiene nombre y responde al analfabetismo que reina en los despachos. Pero los culpables no son ellos, está claro, porque ellos están donde están porque nosotros hemos querido. Salut.