Doisneau uno de los fotógrafos más respetado y prolífico de Francia, capturó el París de los años 50, una época en que la ciudad parecía un continuo escenario de comedia y melodrama, tragedia y farsa.Le Baiser de l´Hótel de Ville (Beso en el hotel Ville), Paris 1950, la cual se ha convertido en quizás más que cualquier otra, un icono de joven y exuberante amor.
Robert Doisneau nació en Paris. Aprendió fotografía en el departamento de publicidad de una empresa farmacéutica. Su carera empezó a despuntar en 1934 en la factoría de Renault, donde trabajaba como fotógrafo industrial y de publicidad. En 1939 Doisneau fue alistado y se apunto a la Resistencia Francesa: fotografió la ocupación y la liberación de Paris. Después de la guerra, realizó reportajes para periódicos franceses e internacionales, entre ellos Le Point, Action, Regards, LIFE y Vogue.EL Infierno (1952)
Prólogo escrito por Doisneau en 1992 para el catálogo que le organizó Peter Hamilton en una exposición antológica en Oxford:
"Con gran sorpresa, la tercera edad acaba de caer sobre mis hombros. En este momento de la vida, donde la memoria globaliza los recuerdos, surgen con precisión los detalles cotidianos de los comienzos en la profesión. Mis jóvenes colegas no pueden imaginar con qué menosprecio eran considerados los que declaraban dedicarse a la Fotografía. Hacía falta para ser tolerado en este medio artístico proponer falsos grabados o símiles-pasteles. El uniforme mismo debía facilitar el ser admitido en el cenáculo. Yo jamás llevé sombrero de ala ancha ni chaqueta de terciopelo. Mi descuidada barba me hacía parecer un joven bárbaro sin educación y teorías. Yo tenía -con los ojos nuevos- una visión aguda sobre las personas y su escenografía. Deseaba compartir esta alegría natural con otros cómplices porque los decadentes refinados me tenían alejado. En este entorno banal que era el mío recibía fragmentos de tiempo en los que lo cotidiano parecía liberado de la gravedad. Mostrar estos momentos podía ocupar toda una vida.
Hoy, algunos tratan de provocarme mala conciencia calificándome de depredador. Es cierto, lo reconozco, me apoderé ligeramente de los tesoros que algunos de mis contemporáneos contenían inconscientemente, lo que facilitaba mi actividad; después todo resultó diferente: la lectura de las imágenes ya no estaba reservada a un grupo de iniciados. El sentido de las metáforas visuales era compartido por más gente. Yo me regocijaba en todos esos granos germinados en la casualidad de los días y que quizá florecían en el corazón de nuevos amigos".
Les petits pains de Picasso, 1952 (Los panecillos de Picasso)
