Bueno, es domingo 13 de abril, son las 22:30, y el autobús que me lleva a casa acaba de salir de Moncloa, así que tengo por delante una hora para intentar contar, valiéndome exclusivamente de palabras, todo el cojunto de emociones y sensaciones que he experimentado durante este fin de semana.
Este mensaje no va a ser exactamente una crónica, puesto que ni participé en todos los planes, ni me voy a limitar a hacer una lista contando como fue todo.
En vez de eso voy a intentar contarlo todo como lo haría en un diario, si acaso lo escribiera.
Este mensaje no está cerrado ni mucho menos, muy al contrario, me encantaría leer opiniones del resto de las participantes, completando cuantas lagunas puedan quedar aquí.
Bueno, empiezo a contar cosas, y luego irán algunas conclusiones.
Sábado 12 de abril
Muy mal, David. Anoche sabías que hoy tenías que levantarte pronto, pero claro, con la ADSL en tu PC y el chat del foro lleno de gente... en fin, que ya nos conocemos. Y bueno, las tres tampoco es tan tarde...
El despertador suena a las ocho de la mañana. Bueno, eso lo se porque me lo cuenta mamá un rato después. En realidad me ¿despierto? cerca de las nueve.
Tengo que hacer muchas cosas, así que lo mejor es organización. Tras un cuarto de hora intentando organizarme (intento fallido) y cerca de 20 (desaprovechados) minutos, le pido ayuda a mamá.
Chorus
Sí, lo se, soy un desastre.
Milagrosamente (gracias mamá) llego al autobús e inicio el viaje a Madrid.
Vaya, un accidente en la carretera de A Coruña. Menos mal, parece que no es serio, pero el puñetero atasco me retrasa diez minutos.
Llego a Madrid a las once y diez, me despido de mamá, que también venía en el autobús, y cojo la línea 3 hasta Callao. Al llegar allí, descubro que no recuerdo donde hemos quedado.
Chorus
Sí, lo se, soy un desastre.
Decido llamar a Pop al móvil para salir de dudas y poder llegar al "meeting point". Me corta mucho hablar por teléfono con personas a las que no conozco "in real life", pero tal y como me responde, me encuentro una voz amable y animada que, tras las presentaciones, me dice donde hemos quedado, y me comenta que van (ella y Unco) a retrasarse un poco, puesto que llevan ya un cuarto de hora esperando un autobús que no aparece.
Cuando llego al punto de encuentro solo veo a una persona (después supe que era Zahara), así que decido dar una pequeña vuelta (un minuto), a ver si me he confundido de nuevo.
Chorus
Sí, lo se, soy un desastre.
Vuelvo a pasar y, en ese momento, ya veo a las primeras foreras, Krisa y Zahara. Me acerco, nos presentamos y enseguida comenzamos a charlar. Como llueve, surge la idea de ir a desayunar. Llamamos a Pop para decírselo y nos vamos los tres a desayunar al Corte Inglés de Callao. Mola, porque pillamos mesa en la "terraza" y a ellas les gusta mucho la vista de Gran Vía, Bailén, la Casa de Campo y el casco antiguo. La verdad es que es una pasada.
Bueno, hablemos un poco de Krisa y Zahara. La verdad es que, hasta el momento de la quedada, he hablado muy poco con Krisa, y menos aún con Zahara. Al principio este hecho me preocupa un poco, puesto que no se como se van a dar las cosas. Craso error. Es increíblemente fácil hablar, y excepcionalmente cómodo, ameno y agradable. Con personas así no me extraña que en Andalucía haya tantas horas de luz, son dos soles, y de verdad que deslumbran.
Bueno, el caso es que empezamos a desayunar, sin dejar de hablar por los codos.
Y entonces llegaron.
Las superwebmistress de Lesbian Lips,
¡Popnoart y Unco!
¡Son de verdad!
¡Y están aquí!
Demasiado bueno para ser verdad.
Pero era verdad.
Ronda de presentaciones y besos, y en seguida piden un café y se unen a la conversación.
¡Estamos charlando "en vivo" con las "mamis" del foro! que, por cierto, también son realmente encantadoras, de verdad que sí. De Pop ya lo suponía, puesto que hemos charlado "online" en algunas ocasiones, lo que ya me permite darme cuenta de que es majísima (y me quedo corto), pero nunca antes había hablado con Unco, de quien descubrí que es un cielo (luego te hablo de ellas).
El día está un poco gris, amenazando lluvia, pero al final nos animamos y decidimos dar una vuelta, a la espera de que más personas se incorporen al grupo. Andamos un rato por Gran Vía, hasta llegar hasta la calle en la que se encuentra el lugar en el que se quedan a dormir (vaya, pues sí que está cerca del centro, me parece que la próxima vez también yo me quedaré allí), momento en el que cambiamos de rumbo dirigiéndonos a la calle Fuencarral. Tiendas, tiendas y más tiendas. Me estoy haciendo mayor, la que más me llama la atención, aunque al final no me acerco a ella, es la tienda Levis (y eso que no hacen vaqueros de mi talla, los muy cabrones). Seguramente entonces es cuando sale el gremlim que llevo dentro y me tiro en plancha a todos los escaparates en los que hay alguna imagen de Pucca (¡la adoro!).
Entramos al Mercado de Fuencarral, lugar que me encanta pero donde me siento fuera de lugar (ni soy tan joven, ni tan delgado, ni visto así), pero no importa, la verdad es que hay cosas realmente chulas por allí.
Pop me cuenta algo sobre las chapas de Maraca (momento Kit-Kat, recordar la mutación de los nicks de Maraca y Girlberry por cortesía de RoxTatu, buenísimo). Antes de darme cuenta ya ha ocurrido lo que pasa siempre en estos casos: cada uno va por su lado y, de repente, te da la impresión de que te has perdido. Como no se si hay megafonía, y me da una vergüenza tremenda imaginar que pensaran de mi, acelero el paso y me encuentro una grata sorpresa: Krisa probándose gorros. Le quedan realmente bien, está muy guapa e intento que se compre uno para tener constancia de que no soy la única persona en el mundo que tiene un gorro que le tapa los ojos. Al final no cuela.
Tengo la impresión de que, en realidad, hay dos Davides, uno amante de los Dockers y de las camisas lisitas, y otro al que le encantaría saquear el mercado entero, meter toda esa ropa en la lavadora con dos o tres piedras (para darle ese tonillo de tiene más de diez años y, mira, casi como nuevo) y, de una vez por todas, atreverme (y que me salga bien, no como con la mierda del tinte del otro día) a teñirme el pelo de rojo o azul (en realidad quería hacerlo de ambos colores, hasta que Susana me dijo que podían confundirme con un culé y darme una paliza).
Salimos del mercado y caminamos hacia Chueca. El plan es ir a una tienda de la que he oído hablar en muchas ocasiones en el foro, Berkana.
Me niego a ser hipócrita, la verdad es que, al entrar me siento un poco fuera de lugar, no se, tantas fotografías, posters y carteles de efebos y mancebos, pues como que no se, me chirrían un poquitín. Me parece estupendo que haya tiendas así, pero siento la tentación de salir a fumar un cigarrillo (y otro, y otro, y así hasta que salgan), pero no me parece bien. Supongo que haber estudiado en un colegio del OPUS deja cierta carga residual (sí, de residuos) en el subconsciente, y como el camión no llega hasta ahí dentro hay que sacar la basura fuera. Total, que casi mejor me quedo. Para que negarlo, también tiene algo que ver con mi incomodidad inicial, el hecho de que me encontré a un compañero del trabajo que, con toda la naturalidad del mundo, se levantó para saludarme y comentarme algunas cosas del local (gracias ***, muchas gracias). De repente el pudor comenzó a desaparecer y, antes de darme cuenta, ya estaba ojeando algunas mesas y estanterías, especialmente las que contenían libros (al final me quedé con ganas de comprar algunos) y DVDs.
En ese momento veo que el grupo saluda a una recién llegada. Es una de esas personas a quienes, nada más ver, ya te transmiten la sensación de ser personas especiales. Se trata de Pilar, quien enseguida se pone a ojear la sección de cine. No se, me da la impresión de que me va a gustar hablar con ella. Ya veremos.
Resulta que la tienda tiene una planta sótano, a la que nos dirigimos. Como Pilar está ojeando cosas, me encargo de avisarla y me da la sensación de que la he asustado, porque parecía muy ensimismada leyendo una revista de importación. Lo siento, pero parece que a ella no le ha molestado lo más mínimo. Parece que mi primera impresión sobre ella es bastante acertada, lo que me alegra bastante.
¿Se puede ser homosexual en categoría de simpatizante? Quizá ser lesbiano sea precisamente eso. Lo digo más que nada porque empiezo a ver cosas con el arcoiris (toallas, albornoces, tazas, etcétera) y me entran ganas de comprarlo todo. Y eso por no hablar de la camiseta de la oveja rosa, realmente genial.
Por lo visto aquí también se puede tomar algo, hay una pequeña barra y unas mesas en las que nos sentamos a charlar.
Y tras unos minutos llegó.
Yo estaba de espaldas a la puerta, por lo que no pude verla llegar. Pero supe que había llegado.
Tenía pensadas muchas cosas para ese momento, pero la timidez (maldita sea) fue más fuerte que yo (como casi siempre), y tan solo fui capaz de darle dos besos. Me moría de ganas de darle un abrazo, de expresarle cuanto me alegraba de que hubiera venido, de decirle un millón de cosas, pero solo fui capaz de darle dos besos, ¡maldita sea! Bueno, ella me conoce, alguna vez hemos hablado sobre mi timidez, y tengo la impresión de que sabe perfectamente lo que siento al verla (aunque me habría gustado llegar a expresarlo).
Estoy hablando de Kyra, una persona que, de un tiempo ha esta parte, se ha convertido en alguien realmente importante en mi vida, por todo lo que me aporta (joder, David, ¿es tan difícil decir las cosas a la cara en vez de escribirlas en el puñetero Word?)
Se sienta a la mesa, y, en un momento, ya estamos charlando.
Estoy acompañado de (por orden de llegada) Zahara, Krisa, Pop, Unco, Pilar y Kyra. Aunque estuviéramos sentados en piedras, en medio de la calle y con una lluvia torrencial, no cambiaría este momento. De verdad, estoy disfrutando cada segundo.
Son las dos y media y se que en media hora me tengo que separar del grupo, para ir a comer con papá. Si el hombre no viniera desde Alcalá solo para comer conmigo...
La conversación es de las que me gustan, con muchos saltos, fluida, alegre y completa. Me pasaría la vida entera así.
Pero llegan las tres, y nos tenemos que ir (son necesarios varios intentos de ponernos en marcha).
Una vez en la puerta de Berkana nos separamos, quedando en hablar cuando termine de comer con mi padre, y por cada hasta luego que escucho, más ganas me entran de quedarme.
Llego al restaurante de siempre, a la hora de siempre, y le encuentro en el sitio de siempre. Esperándome. Como siempre.
Le voy a contar lo de la quedada (ya le he hablado alguna vez del foro) a ver por donde sale...
Pues nada, muy bien, que le parece estupendo y que espera que me divierta mucho. Y que la próxima vez le avise con tiempo y no quedamos para comer (si seré capullo...).
Tomamos café donde siempre, en la mesa de siempre, pero miro hacia la esquina y veo la mesa en la que hemos desayunado esa misma mañana, y se me pinta una sonrisa en la cara.
- ¡Ahí hemos desayunado esta mañana! Le digo.
- Ah, pues muy buen sitio, la vista es preciosa, ¿te acuerdas de cuando esto era Galerías Preciados?
Definitivo, cada día me parezco más a mi padre, Esta mañana he hecho exactamente ese comentario cuando estábamos desayunando... ¿hay algo en los genes que determine la cantidad de memoria destinada a recordar cosas interesantes pero totalmente inútiles, y ser al mismo tiempo tan malo para recordar nombres? De ser así ya tengo a quien echarle la culpa.
Ya está, como todos los sábados (lo confieso, determinadas rutinas me aportan cierta paz y tranquilidad espiritual), bajamos hasta la calle, dos besos (el día que salude a papá o me despida de él dándonos la mano será que, o he bebido demasiado, o hemos discutido, y seguramente ni así).
Así que llamo a Pop para ver donde están, y me dice que Krisa, Zahara, Kyra y Pilar se han ido a descansar un poco, y me pregunta si quiero ir con ellas a casa. La idea me parece genial, así que quedamos en Gran Vía, nos encontramos, y vamos para casa.
Allí es donde termino de darme cuenta de cómo son Pop y Unco.
Nada más llegar me enseñan la casa (preciosa, de verdad) y se deshacen en atenciones. ¿Quieres beber algo? Siéntate donde quieras. Puedes fumar, por supuesto (ninguna de las dos fuma). Y un desfile de fotografías, vídeos y demás cosas pasa por delante de mis ojos.
Antes de darme cuenta, Pop me ha grabado dos películas que me interesaban.
Si algún día tengo que escribir la definición de la palabra hospitalidad, recordaré ese momento y dejaré que las palabras salgan. Me resulta realmente difícil sentirme cómodo en una casa ajena, pero lo del sábado fue más allá, me sentí en casa. Si en ese momento me hubieran dicho que el plan para por la noche era quedarnos toda la noche allí, oyendo música, viendo vídeos y, por encima de todo, charlando, habría dado saltos de alegría.
Ahora entiendo porque, desde el principio, me he sentido tan cómodo en Lesbian Lips, ahora que las conozco, lo entiendo perfectamente.
Fin de la primera parte.