Tengo dos amigos (tengo algunos más, pero para lo que aquí quiero contar, sólo hablaré de dos ;) que apenas tienen 20 años. A él le van los hombres y a ella las mujeres. El otro día me contaron su plan: jugar al euromillón para, cuando les toque, montar un macropub de ambiente, en el que haya -atención- tres cuartos oscuros: uno para L y T, otro para G y T y otro para B y T. Así, dicen ellos, se democratiza un poco el colectivo LGTB. En definitiva, en sus 3 -mínimo- cuartos oscuros, está la madre del cordero de la inclusión y de la construcción, tanto sexual, como de género. Y cuento esto porque me alegra que haya gente de veinte años que piense así, que lo tenga tan claro y que no se complique. Luz para todo@s, oscuro para todo@s también.
Porque, al fin y al cabo, el idioma es muchas veces traicionero, y en la propia pregunta opositiva, "posibles diferencias entre hombres y mujeres" se esconde ya una trampa envenenda, puesto que estamos partiendo de dos grupos bien diferenciados. El problema está en anteponer, pienso yo, la identidad de género a la tendencia sexual, lo que te hace responder como una mujer o como un hombre, en vez de como un organismo vivo y pensante susceptible de dar y recibir placer sexual.
El problema es que yo, como mujer que soy o mejor, que me han dicho que soy, me sienta en la obligación ya aprendida y ya inconsciente, de suavizar o camuflar mi búsqueda de sexo a través de vías como chats, foros o bares al uso, etc. y rechace otras vías tenidas por más bizarras o stream, tipo cruissing, saunas, cuartos oscuros, etc. Prácticas que, no sólo se ven como extremas, sino también como públicas. Porque el hombre y su sexo siempre ha podido ser público mientras que el lugar al que la mujer ha sido relegada desde siempre es la casa, el interior, lo íntimo.
El problema, por tanto, es que yo llegue -como creo que nos pasa o le pasa a la mayoría- a interiorizar tanto este pensamiento que termine por creérmelo y hasta defenderlo al punto de sentirme orgullosa de esa especie de exilio interior al que el pensamiento cristiano y occidental me ha relegado. Así:
mujer->soft->love (IN) hombre->hard->stream sex (OUT)
Así pues, el problema, es que, antes de definirme como lesbiana o bisexual, es decir, antes de objeto deseante y sujeto que desea, me defino como mujer, y me siento en la obligación de defender los atributos que ello conlleva, atributos muchas veces enfrentados con el hecho de ser un ser sexual, deseado y deseante.
Y a partir de ahí, los científicos, loveproof, se gastan la pasta en hacer estudios envenenados, porque si hombres y mujeres somos iguales, por qué se financian estudios para demostrar que eso no es así... El cerebro de un físico tampoco será igual que el de un historiador, me supongo, y nadie se gasta la pasta en estudiar eso porque importa más bien nada...
En fin, que me enrollo, y tengo que colaborar con el euromillón, porque en las cabezas de género difuso de mis dos amigos se está gestando una revolución:
ser sexual->fast sex->pleasure (IN & OUT)
El amor, eso dicen ellos, es otra cosa...