Por tener las palabras, por querer querer las palabras, esas que hablan de rosas rojas, vamos a la búsqueda de un árbitro para nuestras confesiones y sus contradicciones. Es la noche de julio, de las estrellas más luminosas y en tela de juicio el “yo” que se busca en los otros, que sale al exterior para vivir la experiencia de la totalidad, cuando dentro de él está la historia más grande. De manera que la luna anda en cuarto menguante, menguando las conciencias, las palabras, tal vez el sentir... no se sabe, los corazones son impenetrables y no es extraña la ausencia de conocimiento ante lo incierto. El estado de guerra frente al ejercicio reflexivo, que espera una contestación más allá, o más acá de una simple lectura . Torres reconstruidas, pelícanos, carreteras que cruzar, cazadoras de imágenes, playas, piel...palabras que tener y querer por querer querer.
