Invernando
éste es el tiempo fácil: no hay faena.
he echo funcionar el extractor de la comadrona,
tengo miel,
seis tarros de miel,
seis ojos de gato en la bodega,
que invernan en una oscuridad sin ventanas,
en el corazón de la casa,
junto a la compota rancia del inquilino anterior,
y las botellas de destellos vacíos:
ginebra de sir fulano.
ésta habitación en la que nunca he estado.
ésta es la habitación cuyo aire nunca pude respirar.
Se arracimaba en ella la negrura, igual que un murciélago,
sin otra luz
que la linterna y su tenue
amarillo chino en objetos abrumadores:
negra estolidez. Deterioro.
Posesión.
Son ellos mis dueños.
Ni crueles ni indiferentes,
sólo ignorantes
Este es el tiempo de estereo para las abejas; las abejas
tan lentas, que apenas si las reconozco,
en fila como soldados
hacia la lata de jarabe
para compensarse la de la miel que yo les he quitado.
Se mantienen con tate & lyle,
la nieve refinada.
Viven de Tate &Lyle, en vez de flores.
Se lo llevan. El frio se consolida.
Ahora se apelota en un bulto,
mente
negra contra todo este blanco.
La sonrisa de la nieve es blanca.
Se extiend, cuerpo de porcelana de Sajonia de una milla de largo,
hasta el cual, en los dias templados,
sólo pueden llevar los muertos.
Las abejas son todas mujeres,
doncellas y la real señora alargada.
Se han desembarazado de los hombres,
esos seres obtusos, torpes manzanas y patanes.
El invierno es para las mujeres;
la mujer, quieta con su labor de punto,
junto a la cuna de nogal español,
con el cuerpo como un bulbo expuesto al frío y demasiado atontada para pensar.
¿sobrevivira la colmena?¿lograran los gladiolos
ahorrar lo suficiente de sus fuegos
para llegar al año próximo?
¿A qué sabrán los eléboros negros?
Las abejas están volando. Notan el sabor de la primvera.
SYLVIA PLATH