Demasiadas cosas que contar, mucho que celebrar y cientos de noches por delante...
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Lo abrió chinaski el
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Demasiadas cosas que contar, mucho que celebrar y cientos de noches por delante...
Un lujo: Bajar paseando por el medio de la Gran Vía de Madrid una tarde soleada como la del sábado con un ambiente totalmente festivo, donde te podías encontrar una familia con sus hijos así como grupos de gente de lo mas variopinto. (esto antes del desfile, claro).Que sensación más agradable de LIBERTAD.
Un placer: ver a una de tus amigas feliz.
Hay algunas cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, …
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12 Julio 2009
La grasa se pega a las esquinas pero con Fairy, como bien sugiere Cierzo, se va. Sólo que a veces Fairy no está de oferta, o lo está y por eso se acaba demasiado pronto, desaparece de los estantes de las grandes superficies como las PSP la víspera de Reyes, y una no tiene suficiente tiempo o paciencia o lo que sea, como para esperar a que el camión regrese cargado hasta los topes y los estantes vuelvan de nuevo a ser lo que eran.
Pero aún así me olvido de la grasa por un tiempo. De lo que se pega, de lo que subvierte la encimera de la cocina, de la imperfección, de la brizna, de los contornos del lamparón y de la inquina ornamental. Me olvido y dejo que gane, eso es todo. Que se confíe en los límites de las superficies, que descanse plácida en ellas, o mejor, que crea que lo hace. Le doy confianza, o toda la confianza que se le puede confiar a una mancha de grasa, a un chorretón de mugre o de café que reposa como una puta en una cama vacía.
Aunque a decir verdad, las manchas no me molestan. Lo cierto es que, cuando el otro día la ví sujetándose con fuerza a la encimera de la cocina, conteniendo con cuidado los límites acuosos de su forma y su contorno para no resbalar armario abajo y desaparecer en cualquier junta invisible, pugnando por ser más yo que yo en la cocina, por hacerse con un espacio más grande que el mío, con un hueco en mi vida más grande que mis límites, primero pensé en mí, luego pensé en ella, y justo depués pensé en Borges.
Cuando pensé en mí quise matarla; pasar un paño rebosante de Fairy, aprovechando que éste aún no se había acabado; pensé en limpiarla, en fulminarla a palo seco lo que, para una mancha, viene a ser bastante similar a desaparecer del todo.
Cuando pensé en ella, guardé el paño y el Fairy, más que nada, por darle cierto cuartelillo a la sustancia, mientras pensaba que no se lo tendría en cuenta y me preguntaba cuánto tendrán de vida las manchas, si lo mismo o lo contrario que las mariposas.
Cuando pensé en Borges me vino la imagen de su ceguera a la cabeza y después el pelo blanco de su viuda, a la que conocí una vez hace ya unos cuantos años y me pareció más Yoko Ono que borgiana. Después, me salté un par de senderos que se bifurcan y al final del horizonte de expectativas lo encontré: Yo no hago caso.
Al día siguiente me levanté tarde. O pronto, no lo recuerdo. La mancha de la cocina ya no estaba.
Diario de la perdida y el deseo: 13 Julio.
El ejercicio de la vacuidad o una noche de verano, pero no es dramaturgia.
Las ventanas están abiertas, suena el motor de un coche; si me concentro, el sonido de la avenida recuerda al sonido del mar. Oigo tu ritmo mental en el teclado, me gusta oír tu ritmo mental en el teclado. Me pregunto si es el mismo que tienes cuando follas, no puedo averiguarlo. Luego te pediré que follemos, te pediré que me lleves a la cama. Tu rimo mental me relaja, es balsámico, el sexo contigo es balsámico también. Cierro los ojos, respiro, intento sentir lo que se siente debajo del agua, elimino todo ruido, es un ejercicio casi zen, me sumerjo en mi a través de tu ritmo, tú no sabes bailar amor, pero tienes ritmo.
Desde la ventana veo pasear por el cielo murciélagos y observo a los mosquitos chocarse contra la bombilla. Pienso que saben más del suicidio que Camus. El camión de la basura, alguien está paseando debajo del balcón, oigo su voz, no le conozco, ni a él, ni a su voz. Me siento algo cotilla pero no le doy importancia.
Terrazas de verano, granizados de frutas tropicales con alcohol, las madreselvas, los grillos, el olor de la basura, la luna sobre el azul profundo del mar de noche; recuerdo lo que ahora no tengo, y el salón, recién pintado, es ocupado por mis recuerdos. No te lo digo porque estás muy concentrada, y no quiero que pierdas el ritmo del teclado, te has encendido un cigarrillo, calada larga, sorbo a la coca cola. Observarte, así, desde lejos, creo que me excita, tengo dudas sobre si apagar el ordenador y hacer que duermo o seguir escribiendo. Me hago un té negro con naranjas, especies y flores.
La decisión me tomó a mi. Seguiré escribiendo, intentare terminar este ejercicio vacuo.
REESPIIROOOOO, vuelvo a sumergirme en el ritmo que generan mis dedos en las teclas del ordenador, intento averiguar el ritmo de mi pensamiento cuando escribo a través del sonido de las teclas, imposible disasociarme, preguntaré a los estructuralistas. B tiene formación estructuralista, la preguntaré a ella.
-¿Sabes cómo es el ritmo de mi pensamiento?
No hay contestación. Vuelvo a la pantalla del ordenador y al texto vacuo.
Todas las casas son puntos azules, pequeños puntos azules, los balcones hoy son ocupados y sorpresa, oigo grillos. Esto se merece un gran sorbo de té. Los grillos me recuerdan a B, al verano, a mi abuelo. Creo que me gustan los grillos. En el animal crossing, no puedo cazar grillos.
Has dejado de pensar, ya no te oigo. Buscas información de algo, ahora soy yo la que no te puede preguntar, estoy intentando concentrarme. Releo el texto, intento recuperar el ritmo que tiene el texto, a veces recuperar el ritmo es jodido, y otras veces es tan, tan fácil. Dependerá del compás que tenga; no es lo mismo un dos por dos que un tres por dos, que un cuatro por cuatro. No puedo recuperar el ritmo, el ejercicio vacuo es lo más difícil que he escrito hasta ahora, supongo que le dejaré el turno a los grandes.
Lunes 13
Desde las intensas conversaciones interiores que mantengo últimamente, hoy evoco a mis seres queridos. Esos con los que solo hablo desde mi interior. Esos en los que ante la debilidad, la duda, la inseguridad... su recuerdo, me da aliento. Esos a los que prometo ser justa conmigo misma y con los demás y asumir las consecuencias de mis actos hasta donde lleguen porque siempre responden a mis principios y ante eso, nada debo temer aunque me equivoque, me dicen.
Cuando sientes que estás en malas manos, que el rumbo marcado no nos lleva a nada bueno... piensas en los ciclos vitales. Esos que empiezan y terminan.
7 es un número mágico. Y si en su momento cerró un ciclo anterior, porqué no otro 7 sucesivo?
no se como va a ir la semana... de momento, primer dia: malo
Lunes 13 de julio
Ley de Zimbardo: Manten limpia tu zona
http://tendenciavital.blogspot.com/2009/05/psicologia-socialteoria-de-las-ventanas.html
Extensión a la ley de Zimbardo: no escribas palabras que no tienes en el cuerpo.
Martes 14 de Julio
Líbrame de oídos indiscretos, voces potentes y chismorreos varios. Para tener estos compañeros mejor trabajar sola.
Miércoles 15 de Julio
No me reconozco a mi misma, pero me gusta lo que veo.
Siempre he sido una persona paciente, pero ultimamente los días pasan tan despacio en el calendario...Noviembre no me parece una meta, sino una etapa a superar, con la vista al frente y sin miedo.
Me duelen las ganas.
Diario de la pérdida y el deseo; 18 Julio
Ayer estuvimos de fiesta en fiesta, y como en todas las fiestas yo no hablé, guardé esa distancia, que me dicen infranqueable, que me resguarda de conversaciones inocuas y de mujeres de descapotables amarillos que saben hacer de todo. Educadamente contesté a todas las preguntas que se me hicieron.
El vestido negro me hace aún más inaccesible, me le pondré más a menudo.
No me gustan las reuniones, no me gusta tanta gente junta que no conozco y no me gustan las despedidas de soltera, aunque sean de tu prima la folclórica, que sí que me gusta.
Por la noche en otra fiesta. Esta vez con el hombre castellano y la mujer que odia a las mujeres. Entre cigarros, cerveza de exportación y vino francés, nos pusimos hablar de lo divino y lo humano o, lo que viene a ser lo mismo, de las teorías queer, las costumbres , las identidades y los super héroes de la Marvel; tú te pediste Superman, el castellano Hulk, la mujer que odia a las mujeres a Pícara y yo elegí Tormenta porque se me parecía más a una drag queen que a otra cosa y me era divertido imaginarme con cabelleras blancas. A medida que la noche avanzaba y yo cambié el vino por el té y me coloqué con ibuprofeno, tú te emocionabas más –bueno, el alcohol que tenias se emocionaba más- y acabaste convenciendo al castellano, también emocionado por el alcohol, de que la casilla del género, del sexo, era una absoluta ridiculez rellenarla. Por la ventana llegaba la música de la verbena del barrio del Carmen, pasodobles.
A las cuatro, dimos por finalizada la fiesta, cogí yo tu coche, era evidente por qué, llegamos a casa y, en la cama, me confesaste, muy a tu pesar, que la habitación daba vueltas. Nos dormimos.
Hoy domingo, la resaca aún te dura, te he preparado un baño, ha sonado Vetusta y, antes de salir tú de la bañera, he llevado el ordenador y hemos buscado, -yo fuera, ibuprofénica perdida- y tú dentro de la piscina, frases de poemas de amor para el power point que la vamos a regalar para su boda a la folclórica. No ha habido éxito, sólo una de Felipe: Si el vacío me mira con tus ojos vale más el vacío que la vida.
Después te has levantado toda mojada, has cogido tu albornoz rojo y me has dicho: ven aquí, un abrazo de albornoz.
Nos hemos dado un beso largo, te has vestido, has ido a sacar a la masco- que cree que deberíamos tirar de los clásicos para eso del amor. Él apuesta por Quevedo, yo soy reacia- , y ahora intento terminar esta tribulación, sin mucho ahínco. Para cenar, tortilla de patata , cambio Vetusta por Mürfila que me la descubrió Cascarita. La pareja del ático está regando y cae el agua sobre los pensamientos morados que planté esta primavera en el poyo de la ventana. Miro el tiempo, mañana suben las temperaturas y pasado dan tormentas de verano, a ti te gustan las tormentas de verano y a mí me pone la lluvia – eso quiere decir que el ibuprofeno a hecho efecto-. No saldremos de la cama cuando lleguen las tormentas. Después, mojaremos con agua de lluvia los cuerpos deseados.
Lunes 20 de julio
Suena el despertador de M y yo me abrazo a ella más fuerte. "Quédate un poco más", digo. En mi cabeza, un zumbido de baja intensidad me recuerda que Lady Ginebra se sentó con nosotras anoche en la terraza del P. Trece minutos. Un pitido de alta intensidad suena fuera. Odio la segunda alarma. Susurro promesas.Se queda.
Me despierta el olor de su ducha cuando posa mi infusión en la mesilla. Un beso rápido, "no te olvides", me dice y desaparece. Yo también desaparezco. Me re-incorporo.El zumbido interior ha subido de intensidad y la menta está helada. Salto de la cama y mi promesa mueve el rabo.
Enciendo el ordenador. Wanda me mira desde la pantalla y añoro su panza. Muchos correos pendientes. Abro el facebook y recupero las charlas de anoche. A mis palabras les sobran letras. Entiendo ahora que me decía D sobre la fiesta en La Plata y el campeón de américa. Recupero a A. Recupero a B. La ventana del chat es un galimatías. Apago el ordenador que amenaza con transformar el zumbidito en dolor de cabeza
Acallo mi conciencia saldando viejas deudas: mover el coche de mi padre. No sé cómo termino en la puerta del trabajo de M. Me invita a un café sedante. Regreso a casa como nueva y, por fin, trabajo.
Huele a tormenta, así que cambio los 50 largos por una siesta con M. Las nubes se esfuman sin dejar charcos pero sí un sol picajoso que se ceba en nuestras espaldas cuando salimos a buscar las bicis nuevas.
Dedicamos el resto del día a pagar algunos peajes sociales y,como niñas con bicis nuevas, a recorrer las calles de la ciudad que en julio son dulces y cálidas como la noche.
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Lunes 27 de julio
Día 30 julio; diario de la pérdida y el deseo
Resumen más o menos convencional de una semana.
Un día caliente y nada relajado. D y L han venido con B y conmigo de compras. D y L son suaves y tranquilos y con ellos las conversaciones fluyen todo el rato.
L siempre está integrando, aunque no sé si lo hace por estudiar exactas, o porque fue una adolescente porreta e integradora, como la llama D. L debe su nombre a un cómic manga. Y D es un niño con aparatos de nueva tecnología que habla del visual, de las niñas prodigio del Disney Channel y que recuerda a Víctor Van Dort .
D y L deberían hacerse pareja de hecho, aunque a D le gusten los Bryan Kinney, y es evidente que L no se parece en nada. Aunque es posible también, que L acabe adoptando a D en su casa, pero esto aún está por ver.
Comimos en la capital de la comunidad, en una calle peatonal con viento cálido soplando por nuestros pies y moviendo el mantel de cuadros verdes y blancos. Después buscamos playeras para B y yo entré en esa tienda pequeña que tiene ropa de siesta en hamaca y canciones en la playa con guitarra; B siempre se ríe porque dice que no me gusta esa ropa, que lo que me gusta es lo que me invento con ella, y yo creo que eso quiere decir que me gusta, aunque nunca vista así. Luego nos sentamos en una terraza y esperamos a que la tarde cayese lenta y caliente con cervezas y cocacolas. Tomamos helados de pistacho y de queso azul y luego planeamos recetas imposibles de sabores exóticos. Una tarde como otra cualquiera, una tarde fácil , suave y tranquila.
La sirena de Chirico nos llamó, y nos dijo que ya no nadaba más; que se había cansado de repetir la misma historia con distinto perro. En el concierto del hombre orquesta nos lo confirmó: había cambiado de perro y, esperaba que, de historia. Buena suerte, sirena surrealista, aunque creo que le dejaré mis zapatos rojos para que la lleven a los cuadros ya terminados de otros autores que no sean metafísicos.
Un viernes torpe y tardío nos informa de que no llegaremos a la boda de tu prima la folclórica, me desanimo y, por supuesto, me enfado contigo porque te tengo delante. Llega M, me peina sin mucho acierto porque quiere que me convierta, de cuello para abajo, en una rock star furcia y, de cuello para arriba, en Alicia expulsada de un nuevo cuento gótico que Carroll no sabe que escribió. El vestido verde adquiere tintes de disfraz con todos los complementos de boda (bolso customizado – gracias Brie, tú lo hiciste posible-, collar de perlas grises, colgante de dragón en plata regalo de la bisabuela, medias caladas y negras y maquillaje dramático), sigo queriendo llevarle con las doctor Martins que me compré en Londres, pero M me convence de que es una boda y saco el taconazo del zapatero.
Subimos al coche y sé que la novia llegará más tarde que nosotras. Empieza el desfile con Moon river, tu madre no me habla, le caigo mal desde que te viniste a vivir conmigo. Apunto en mi libreta anti-madres una muesca más, llevo cuatro, cinco si incluyo la mía, creo que batiré un récord, eso me lo callo. P y C y M llegan más tarde que nosotras y descubro que les molesta tanto esta obra teatral como a mí.
Después de las frases hechas de hola qué tal o como va todo, empieza la ceremonia. El juez se marca un tanto con unos versos de un poeta libanés, leen dos amigas más, y te toca el turno: llora todo el público y la obra, dramática, toma tintes de lo más emotivos. Me siento Dexter, cero de empatía. Y eso que para reforzar el sentimiento, un trío de músicos, dos de cuerda y -creo recordar- uno de viento, hace que suene Candilejas. La piscina y el río están de fondo, podría ser un gran momento sino fuese porque me sobra el ornamento.
La tarde pasa y descubro que el tema de P y C son los centímetros de mi tacón: han decidido que son doce centímetros en tacón de aguja. Después intento intercambiarme con C la americana pero no le entra, desiste caballerosamente devolviéndomela.
El canapé frío pasa por delante esquivando manos, lleva carne, así que le doy la bienvenida a un cóctel a base de tequila, martini blanco y vodka -demasiado dulce, pero se bebe bien-. Tu hermano me busca con la mirada, le llamo y se queda con P, C, M y conmigo. Hablamos del ramo, del vestido y de las fotos. Siguen pasando las bandejas que esquivan manos y, esta vez, le ceden turno a los langostinos. Cambio el cóctel por coca-colas. Tú estás perdida entre familiares que no conozco y que no tienen ninguna intención de conocerme, te veo de lejos y te encuentro mirándome de lejos. Me sobra gente o me falta alcohol.
La cena es en un salón que tu hermano y yo concluimos como demodé, nos va más la decoración Zen. Cuestión de gustos.
Platos van y platos vienen, conversaciones anómalas para estar en una boda, todo se lo debo a P y a M.
Llega la tarta y les regalamos el video que les hemos hecho con fotos suyas. Esta noche es mas larga de lo que debería. Bajamos a las salas de fiesta, que siempre me han parecido tristes y, a las tres horas de estar de pie, el tacón hace su efecto en mi planta, así que me descalzo y vuelvo a mi estatura. Se ve que había cogido el lado de la seta que me hacia crecer; ahora cojo el lado que me hace menguar. Busco a la señora oruga entre los invitados etílicos y descubro que P es uno de ellos, me río y le abrazo para fortalecer la amistad de los borrachos. C esta bastante entero y B ya esta cerca de mí agarrándome de la cintura.
Dos horas mas tarde cogemos el coche y llevamos a C y a M a su casa remodelada en IKEA y a C a su casa aún por remodelar. Acabamos en la cama, y creo que eres la única persona capaz de hacerme firmar unos papeles, aunque sean de hecho, por lo menos, por ahora.
Viernes, 31 de julio.
Conduzco el coche, son las 9,30 llego a Alicante en el aparcamiento de maisonave podemos estar a 30º, en la calle la temperatura no baja de los 27º, camino hasta la S.S. de la calle Churruca, sudo, entro en la delegación, 21º mas o menos, se enfría el sudor en mi frente, recojo el numero, tengo 30 delante de mi, tres cuartos de hora mínimo, me voy al R. Mercantil pienso que me dará tiempo, camino las cuatro calles que lo separan, la temperatura ha subido el sol empieza a picar, sudo, llego a mi destino entro y la temperatura esta a 21º como voy acelerada no me entero de la sensación de frió, recojo la escritura regreso a la S.S. voy deprisa cuando llego el choque térmico es brutal, se me vuelve a enfriar el sudor en la frente, una vez hago todas las gestiones regreso a mi vehículo aparcado en un subterráneo que en estos momentos puede estar a unos 38º o 39º, sudo, el calor es agobiante, no pongo el aire porque la garganta me pica, pero son las doce del medio dia, en el coche y con las ventanas abiertas puedo soportar el calor , cuando llego a mi destino, el termómetro marca 37º entro en la oficina 19º, termino de joderme el cuerpo, empiezan los escalofríos y el moqueo tonto,¡¡¡¡ por fin lo pesque!!!!!. El primer resfriado del verano.
lrc
Miercoles 29 de julio
Al caer la noche y cerca del río, con la condición de tribu que nos da este foro, Matrix, O’Connell y yo bebemos cerveza con limón y tapeamos sepia, oreja y papas. Lola aparece por sorpresa. Lleva un bonito collar, que hace juego con sus ojos verdes. Tan flaca, con ese pelo tan negro y brillante, parece nerviosa. Picotea en nuestra mesa algo de sepia y se come las gambas del canapé de Matrix, pero no termina de estarse quieta. Se levanta y saluda a otros clientes del bar. Yo la sigo con los ojos - las de su especie, me fascinan- y participo poco de la conversación. Regresa con nosotras y se encarama a mi regazo. También al de Matrix y O’Connell. Juraría que nos acaba de adoptar. Pregunto por ella al camarero y me dice que es la segunda noche seguida que aparece por allí a la hora de la cena. Estoy segura: Lola se ha perdido. O la han echado.
Es imposible que venga a casa: demasiado estrés y Curro, aunque pacifista, al fin y al cabo es un perro. Además Pink nos espera en el centro. Un telefonazo a la persona indicada y Lola tiene alojamiento por esta noche, y sólo por un par de días, me advierten. La siento en la cesta de mi bici y Matrix hace con mi chaqueta una capota para que Lola no pueda saltar. La noche de Radio Futura deja paso a Spielberg. Montadas en nuestras bicis, evitando el tráfico y la gente, y con una cabecita que se empeña en asomar desde la cesta, casi tocamos la luna.
Algunas horas más tarde, volvemos a ser cuatro en tres bicis… pero esa es otra historia.
Jueves 30 de julio
Miro en internet las clínicas veterinarias que hay cerca de la zona en que Lola nos encontró. No tengo esperanza de que lleve un microchip (tiene las orejitas con ácaros) pero tal vez hayan avisado de su pérdida. Nos recibe un hombre con bata verde y malhumorado. “No te puedo atender”, me dice. Le explico que sólo quiero saber si alguien preguntó por Lola. Su cara se suaviza, se excusa por el recibimiento y me invita a pasar. Examina a la minina. Dice que está bien, pero diagnostica abandono. Llama por teléfono a un par de clínicas de la zona. Confirma que no hay avisos de pérdida ni gente que pida gatos. Me aconseja, me anima, me desanima. Lola y yo nos marchamos allí, ella con alivio, yo acongojada y cargando una bolsa llena de muestras de comida de gama alta para gatitos regalo del veterinario. Mi chica, desde el hospital, cuida de F y de mí.
Llamo a O’Connell, que lleva un día digno de este hilo y que está esperando a Pink a la salida de su trabajo. De repente, recupero una huella mnésica, étilica e insegura. Le hago una foto a Lola, se la envío a O’Connell y le pido que se la enseñe.
Pink dice sí.
Viernes 31 de julio.
La noche ingresada me ha enfriado el corazón. Matrix ya se ha ido a trabajar y sé que si regreso a casa sólo encontraré su ausencia y la de Wanda. Decido usar las llaves de la casa de L y visitar a Lola. Sabia, trepa hasta mi pecho, enciende su motorcito y apoya su patita en mi cara. Me regala dos horas de sueño y calor.
Sábado 1 de agosto.
Pink le da nombre a Lola.
Acompaño a Matrix a jugar una partida de ajedrez en una habitación donde no se admiten visitas pero si el recuerdo de compay y la promesa de noches en las que charlar envalentonadas, como las olas sobre el malecón.
O’Connell enciende el teléfono y nos habla de la siesta de Lola, la gata que me abandono. Hay esperanza.
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Jueves 6 de agosto 2009
Me levanto tarde. No mucho, pero sí lo suficiente como para no poder llevar a Nemo a disfrutar del tibio frío mañanero de estos días angostos de agosto. Paseo con él, buscamos sombras, no tantas como ayer, pero buscamos sombras. Ayer hubiéramos matado por ellas y saltábamos de proyección en proyección de copas de árboles y edificios como si estuviéramos en una especie de videojuego macabro con el marcador de vida a la mitad, más o menos. Imposible pasar de pantalla. Pero hoy sí. Hoy la etapa es más sencilla y nos envalentonamos por el barrio pisando soles, como si nos sobraran las sombras pasajeras proyectadas por los árboles dehoy. Volvemos a casa. Lo que llamamos casa. Lo que ahora, desde hace mes y medio, llamo casa oficialmente. Pero nuestra casa cada vez se parece menos a nuestra casa y más a las casas de la tele. Antes de que yo llegara, vivían en ella él y mi chica pero, al llegar yo, ella pensó que donde caben dos caben tres y, a partir de ahí, se desencadenaron una serie de catastróficos desórdenes. Nemo reconoce u casa a duras penas. Sortea estanterías billy a medio montar y aún no tiene claro cuál irá a ser el sitio definitivo de su sillón favorito que, afortunadamente, pensará él, aún no ha desaparecido, como casi todo el resto de las cosas. Así que llegamos a casa, a pseudocasa, y después de desembalar otra billy y ponerla en posición vertical, decidimos fugarnos, por si a la vuelta están las cosas algo cambiadas y la llave allen hubiera hecho el resto ella solita, y nos vamos los tres a buscar sombras a lo largo del canal. En medio del paseo, una paloma sobrevuela el peligro. Mi chica anima a Nemo -a cazar!-. Mi chica sabe que Nemo tiene elestómago de un cazador hambriento y la estrategia de un vegetariano cabreado, así que Nemo corre un poco y la paloma escapa. Era lo esperable: Nemo no sabe cazar y esa paloma aprendió en una escuela de calor.
Visito a la family y acerco a mi hermano a una de esas piscinas privadas en las que las chicas desnudan sus cuerpos al sol. De hecho, conseguí ver a una desde la entrada a la finca que me pareció interesante, así que le pregunté por ella. Evidentemente, la chica ya tenía dueño. Claro que, si no lo hubiese tenido, me la hubiese traido a casa, a mi chica no le hubiese importado comprartirme con otra y Nemo hubiese estado encantado de aumentar su gineceo. Además, donde caben tres, caben cuatro...
Vuelvo a casa, mi chica me llama por teléfono: Sé lo que tengo que hacer para consegir que tú estés loca por mí.
Nos dedico este vídeo a Nemo y a mí y me quedo entre muebles nuevos y muebles embalados, esperando a que caiga la noche, para vivir del aire...
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Jueves 6 de julio
Mi padre y Wanda están atrincherados en la terraza a la caza de dragonas empadronadas en un municipio que sostiene que pagar por conectarse a internet es como pagar por oir la radio. Así que aquí estamos los tres: ellos tras las salamandras y yo tras una señal de calidad.
P.D.Henry, hay días que escribes con una chulería indecente.
Diario de la pérdida y el deseo; 8 de agosto
Como el sentimiento de impostura no enfrenta al individuo más que consigo mismo, no hiere a otros...como crea dudas, incita a la acción. Belinda Cannone.
A veces me siento en la cama y veo cómo la nariz derecha empieza a gotear sangre, sangre líquida y fluida.
A veces me siento en la cama y compruebo que el sueño que he tenido es mentira. Palpo a B, a la cama. Veo que el color de las sábanas es el de la otra noche; me levanto y compruebo que la casa es la misma casa en la que me acosté.
Hoy me he sentado, he visto cómo gotea la nariz derecha, he comprobado que la casa es la misma en la que me acosté, y que tú estabas dormida. La culpa la tiene la parte real que acontece en las pesadillas, esas que te hablan de la de la impermanencia de las cosas en el presente y de la permanencia de las mismas en el futuro que condena a la no existencia, o a una existencia de tierra y hierba. Es un sentimiento que no desgarra, no duele, sólo asusta. Después de esto aparece esa sensación de que todo lo que tienes es robado, lo has usurpado a otros y, aunque sepas que no eres Sawyer ni la hermana gemela de Sawyer, la duda empieza a cabalgar y crees que va acabar convirtiéndose en un portishead con todos los efectos especiales que los portishead conllevan.
Respiras, vuelves a respirar, cuántas veces vas a tener que respirar. La única manera de que el sentimiento se aplaque es que lo exorcites de tu persona, lo saques, lo cambies por otro o lo vendas a precio de saldo en el e-bay.
Después de esto llega el momento de recuperar lo que crees que no es tuyo, de recuperar a tu perro agresivo, de recuperar tus sábanas, y tus baldas de diseño sueco, tu cocina enana y tus dos percheros negros sin montar, de recuperar a B. Te cargas de fuerzas que no tienes, te olvidas de las pesadillas que, a dentelladas, se apoderan de la realidad; sabes que la no acción deja paso a la ansiedad y eso, a veces, te asusta. Ver el precipicio de dos centímetros de altura en esos momentos da tanto miedo como esa montaña rusa a la que nos llevaron un fin de curso de hace algunos años. Yo te dije que no subía, que me daban miedo las alturas, y tú reíste sorprendida, porque me conociste subida en los coches y en los andenes. Paradoja absurda que, para vencer los miedos, tengas que estar en ellos.
El perro agresivo es el primer hito conseguido; las sábanas las he cambiado; las baldas suecas las he anclado a la pared; el té lo he hecho en la cocina enana y los dos percheros ya están montados. La última batalla la libraré esta noche, en las sábanas recién limpias.
Madrid no está tan vacio en agosto como yo pensaba. Recorremos las calles sin prisa, de la mano, del brazo, cerca, un poco más lejos, según el momento, según el lugar. Te miro. Hace calor y hablamos de trivialidades, de prisiones y nocturnidades, de las calles de Madrid. En el fondo no quiero hablar de eso contigo. Se levanta una brisa, un viento que no soy yo, te pregunto por su nombre y no lo sabes, me sonries...
Caminamos por otras calles y me llevas a un bar, está vacio, pero te beso y me besas y me quedo mirando tu pelo, la decoración, las cajas apiladas...un camarero bastante desagradable nos ha hecho saber que se van de vacaciones, y no es capaz de darme ni una camiseta. Puede que no se lo haya pedido con demasiada convicción. Puede que lo haya susurrado, y no me oyera. Puede que nos vayamos, otro día me traes, cuando haya más gente.
Lunes de 10 de agosto
Dije que no, pero al final metí la cajita en la maleta y me la traje. En el fondo traerla era una forma cómoda de aplazar la decisión. Ahora se me está agotando el tiempo. La cuenta atrás comenzó esta mañana. Lo he sabido nada más despertarme. Casi puedo decir que me he despertado porque lo he sabido. Y así, como la conciencia de mi misma, ha permanecido todo el día en mi cabeza: presente pero muda. A medida que pasaban las horas, no obstante, ha ido haciendose cada vez más notoria. Al regresar por la tarde, ya no he aguantado más y he sacado la caja del frigorífico. La he dejado sobre la cama. Después de cenar me he tumbado y he leído el prospecto. Ese librito con una edición como de cosmético de lujo. A veces el pensamiento suena como la caída al vacío de una moneda. Cara o cruz. Me he levantado, he devuelto la caja al frigo y he sacado un helado de fresa del congelador. Odio a B.P.
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