Hace mucho tiempo me encontraba en una charla amistosa con mi novia y de ahi salio la idea de este relato, en realidad son dos relatos en lugar de uno. La primera parte la escribio ella y me la envió al c orreo, la lei y me encantó pero mientras la leía pensaba en lo que había motivado al otro personaje (aunque este no existia jeje) el c aso es ke esa noche me puse a escribir e hice la segunda parte. Y lo que salió de este exprimento se llama "Entre Casa y Detroit" y nada ke ahora aprovecho para compartir esto con ustedes.
ENTRE CASA Y DETROIT....(BREN)
por genix
El café que Gaston me ha servido ante mí, en la mesa de siempre, hecha ese humo lleno de aroma que inunda mis cercanías. Agradezco su gesto con mi sonrisa habitual, después de habernos quedado charlando durante un tiempo respetable, que Asdrúbal, el aparente, solo aparente mal carado propietario del bar, le ha permitido tras unos de sus elocuentes comentarios de ...¡¡ehhhh !! ¿para eso te pago?....trabaja chico que la charla no produce ingresos!.
Sé que la sonrisa de Gaston es cómplice con la mía, ambos sabemos que Asdrúbal es solo fachada de tipo duro, pero que después de cada comentario así, se sonríe a sus espaldas. Aunque quizás por los años que hace que vengo aquí y lo que me conoce en este tiempo, esa sonrisa la expresa descaradamente para mí.
Remuevo mi café, con medio sobre de azúcar en su interior, mientras veo que el ambiente es como el por entonces. A pesar de estos meses de ausencia, algunas de las caras, son las de siempre. Agito mi café entre saludo y saludo en la lejanía.
Cuando me doy conciencia de mí ando mareando un café que casi se me enfría, con una sonrisa que ya apenas si puedo borrar de mi cara.
Al lado de mí, en la silla contigua, descansa esta caja de cartón, llena de tantas cosas que me son difíciles enumerar. Quizás bien podría decir que no se trata ni más ni menos que de la mitad de mi vida. Nunca me había dado cuenta de lo poco que podía parecer esa caja en el fondo del armario, y sin embargo, esta mañana mismo, mientras sabia que me desprendería de ella, me resultó entrañable y algo nostálgico el espacio que ocupa allí. Podría decir que casi es un resumen de una gran parte de mi vida.
Mis ojos se enfrentan al café de nuevo trayéndome conmigo miles de pensamientos que acompañan a aquel pequeño depósito de muchos recuerdos. Tres libros, unos cuantos álbumes de fotos, algunos resguardos de billetes de avión de algún viaje que ahora mismo me viene a la memoria como si hubiera sido ayer mismo.
Y dejo a mis pensamientos vagar a ese tiempo y lugar. De repente, siento la sensación de la fría nieve contemplada desde la cama, a través de la ventana, el sonido tras de mí de una puerta y unas manos que se colaban bajo las sabanas para descansar en mi vientre.
-¡¡Lissssss!!!.....¡¡por todos los cielos!!! ¿Quieres matarme?- dejando la contemplación abruptamente para intentar encolerizarme por aquel hecho.
-Nooo Bren. Eso seria un souvenir demasiado grande para llevarlo a casa no....¿no crees? susurró a mi oído desde atrás.
Ese fue el instante perfecto para sujetar sus manos que erizaba la piel de mi estomago, mientras me giraba sobre mi misma para enfrentarme a su sonrisa, despiadada y blanca sonrisa. Sus ojos como siempre llenos de vida, dentro de sus pupilas entre colores matizados de miel. Con sus manos sujetas a ambos lados de nuestras caras y al nivel de nuestras cabezas, me daban dos opciones que aun recuerdo, o continuar la falsa de aparentar mi disconformidad o realmente hacer que esa sonrisa se perdiera en mis labios. Como siempre ella elegía por mi, tras unos segundos y sonriendo aun, supo leer que iría por lo segundo. Sin soltarla, acerqué mis labios a los suyos y la besé como había estado haciendo toda la noche, mientras afuera la nieve caía, y el viento golpeaba ligeramente en la ventana, sacando de unos de los cristales flojos e inestable, ese tintineo que en esas cuatros noches de nuestras vacaciones transcurridas allí, nos habían acompañado.
Tomo mi primer sorbo de café, mientras el murmullo de los del bar, se hace ininteligible, desechado cualquier propósito de escuchar algo coherente. Alguna risa, o una voz que sobresale para luego acabar en silencio de nuevo. Es curioso , pero pareciera que la nada en medio de ese todo, me lleva, me ayuda a divagar aun mas en ese pasado aun tan reciente en mi.
Por un lado de la caja asoma queriendo destacar entre las demás, una foto desencajada del lote que esta recopilado en una orilla del cartón. Sin mas que hacer mientras bebo mi café, la saco y ahí estamos. Ella y yo. Fue en uno de nuestras salidas al campo, cuando celebramos su cumpleaños con varios amigos en el Pinar de las brujas de Blade, como termino Lis por bautizar aquel lugar. Ahí estaban Fred, Lon, Marta, Aviu, Leonel y como no, Lis y yo. En el revés de la foto, una fecha clave como ella solía hacer, poner nombre a los recuerdos..21 de Junio de 1999, ¿cumpleaños feliz?. Bren con una copa de más momentos antes de que cayera la grantormenta.
Sonrío a ello, porque me dedico a contemplar de nuevo la imagen y realmente mucho deberíamos haber andado de plena distracción para no habernos dado cuenta de que el cielo estaba realmente queriéndose desplomar sobre nuestras cabezas, pero así éramos nosotros, y seguimos siendo. Perdemos el concepto de lo demás cuando estamos reunidos. La miro, y veo su sonrisa plasmada en aquel papel. Es una sonrisa que siempre me abrió cualquier horizonte. Su mirada siempre tuvo ese brillo particular que me dejaba perpleja cuando sentadas en este bar, hablábamos y hablábamos cuando quedábamos en vernos aquí, para suavizar cualquier enfado. Parece absurdo, pero ahora pensarlo lo vuelve casi un ritual, pero es aquí, en esta misma mesa que nos vio varias veces discutir e incluso hasta dar por terminada una situación insostenible para nosotras.
Doy otro sorbo de café, y ahí esta de nuevo. Mas recuerdos.
-No Bren, no voy a permitirte salirte con la tuya esta vez. Tu has sido la que me ofrece tiempo para que reflexione de nosotras, y no es por nada, pero si crees que necesito eso es que dudas de mi. Realmente no sabes nada, no me conoces y....
Ese era el momento en que sujete su mano y le pare que dijera mas de lo que sabia luego se arrepentiría. Sus ojos con ese su brillo natural y tan especial, daba vida si mas se podía a sus palabras. Nadando en lagrimas que no dejaría escapar, quizás era por eso que nos veíamos ahí, era su forma de poder hablar sin que acabáramos amaneciendo una abrazada a la otra, sin haber llegado a ninguna conclusión. Ese bar, sencillamente marcaba un nivel un tanto importante en el asunto a tratar.
-Lis...suplicaban mis ojos. y ella callaba bajando su mirada unos instantes.
-Sabes que no es así, te conozco casi tanto como me conoces tu a mí, pero...ya no sé que hacer. Ya no hay tiempo para nosotras. Cada vez más, me estoy teniendo que acostumbrar a comer en la salchichería de debajo de mi trabajo, siempre ocupada, siempre. He tratado de entender el porqué cuando mi jefa me ofreció oportunidad de ascender y me comentó ese trabajo para el cual tenia que trasladarme a Montreal unos meses, ni siquiera pude contártelo.
No es que tendríamos que haberlo comentado, discutido, sino que simplemente no pude sino terminar por darle de lado al tema.
Ella alzó su mirada ahí. Creo que fue el día en que nos dimos cuenta de que algo iba mal en realidad, que no se trataba de alguna terca rencilla de celos, o de disputa de tozudez por a donde ir estas vacaciones, o simplemente porque me quede dormida cuando habíamos quedado en ir a cenar y llegaba tarde a la cita.
Recuerdo haber continuado hablándole.
-Lo sé, sé que es lo que debes sentir ahora, te conozco y no debes de sorprenderte por ello. Pero hace como un mes Maler me ofreció esa oportunidad e intenté varias veces comentarte el asunto, pero no hubo forma para ello. Si te llamaba al estudio tenías sesión ineludible, o estabas encerrada en tu laboratorio, en alguna reunión. Llegabas a casa tan tarde, que cuando regresabas solo sentía la satisfacción de ver que estabas allí, y no me importaba nada más que seguir fingiendo que dormía, sentir tus labios en mi frente y seguir allí, mientras tu te dormías y yo perdía mi sueño mirando a algún lugar perdido en la oscuridad.......
Ya no teníamos tiempo, ya empezamos una separación que sabía que era difícil de lidiar.
Recuerdo la mirada que me dirigió esa vez. Era mezcla de sorpresa, angustia, quizás al fin había demostrado cuanto la echaba de menos, cuanto se había entregado a su trabajo, cuantas veces cene sola en casa y cuantas veces intente que habláramos de ello.
Una vez paré el tiempo y me di la tregua de confiarle como me sentía yo con todo aquello.
Había llamado a su estudio....
-¿Malory?....haz el favor de ponerme con Lis....¿está por ahí?
-Ahh si Bren , enseguida te la pongo.....¡¡¡¡Lisss!!! phone for you.
Tras unos instantes.
-¿Si... Bren?..¿Cómo estás amor?
-Bien, estoy saliendo de la oficina en este momento. ¿Nos vemos para el almuerzo?
Tras unos segundos de silencio
-Claro, nos vemos en Tocata a las 14:30, dame un tiempo de que termine con esto ¿ok?
-Ok, Tocata a las 14:30. Allí nos vemos.
-Bye amor, y pórtate bien .
-Bye, te veo allí. Te amo
Pero no fue, tras una media hora de espera el móvil sonó advirtiéndome que no podría acudir. Pero eso sí, siempre con ese amor con el que ella sabía hacer todo. Sola, pedí mi almuerzo antes de partir de nuevo al periódico. Una vez más otro día sería el adecuado para hablarnos.
Cielos, realmente la amaba, con todo lo que podía. Pruebo otro sorbo de café mientras mis recuerdos siguen vagando.
La espera en Tocata fue de algo más de hora y media, en que baje como dos martinis tintos, con unos hielos dentro que se disolvían mareados mientras con la aceituna clavada en el palillo, removía de un lado al otro. Ese día, ella no sabia de que le hablaría, ni siquiera se daba cuenta de la distancia que se estaba generando entre nosotras. Estábamos cayendo en aquel lugar donde habíamos prometido no caer, la rutina de lo mudo, como solíamos llamarlo cuando comentábamos ese mismo problemas en parejas amigas y cercanas a nosotras.
En su día aquello no era así, nos pillaba la madrugada entre besos, comentarios y largas charlas donde la calidez y el sentido de la vida, predominaba..como una foma de vivir.
Reíamos y vegetábamos en las mañanas de los domingos hasta que la hora del almuerzo nos preparábamos un sencillo desayuno que nos traíamos a la cama, y nos quedábamos allí a veces, hasta la hora de darse una ducha. Cada aniversario solíamos ir a cenar al mismo viejo restaurante de la costa norte, donde nos quedaba a unas 4 horas de camino en coche, hasta el punto de que cada año, nos quedábamos allí hasta la mañana siguiente, en el hotel adosado en la planta alta de dicho restaurante Carabineros como olvidar ese lugar....eso...¿cómo?
Media hora ha pasado desde que me senté aquí, en esta mesa y se retrasa bastante, aunque eso no debería extrañarme. Solo que Maury, una chica de local, ha quedado en esperarme para el almuerzo. A Lis nunca le gusto esa chica, porque según ella siempre me estaba tirando los tejos, yo le desmentía que fuera así, pero realmente era cierto. Nada mas saber que habíamos dado tregua a nuestra relación, sus invitaciones de ayuda, a salir, fueron tan insistentes que lo dejo por evidente. No se porque accedí a salir con ella aquella vez, quizás fue que era el día de unos de esos aniversarios y a pesar de lo sucedido y de que Lis ya vivía en otro apartamento, la llamé y no contestó nadie. Quizás solo por eso, la invitación de Maury me resultó la única opción de olvidar que día era, y que a esas horas posiblemente estaríamos de camino a la costa, ella y yo. Si no hubiera pasado lo que pasó. Uffff lo que pasó, aún le doy vueltas como una noria incansable, pero no consigo darle explicación a nada.
Ese día no me rendí a la necesidad de verla. Quizas estaba muy ocupada, quizás al llegar a casa me diría todo lo que había hecho en el día y yo le contaría que Maler me había ofrecido el cargo de jefe de internacional, pero quería que fuera diferente. Habíamos pasado una pequeña crisis, como ella solía llamar a esos pequeños distanciamientos que rara vez nos ocasionábamos, así que me acerqué por ella al estudio. Era bien entrada la noche, pero aun salían todos de lo que supuestamente era el trabajo que pondría al fin a la agencia en una de las mas prestigiosas. De ello, de ese trabajo para una empresa internacional y poderosamente influyente en todo lo que se relacionaba con ella, dependía en parte el futuro y avance de sus trabajos.
Estacioné cerca de su coche esperando que de alguna manera eso haría bien, nos haría romper con esa tensión de los últimos días, en los que hasta mis invitaciones de almuerzo eran fracasadas por últimos detalles de su trabajo, o más bien tendría que decir semana, la última semana. Y ahí la veo salir, hablando con alguien con mucho interés, pero cansada. La conozco y sé como se hecha a cuestas su trabajo, enérgica, triunfante, fascinada por lo que hace, una enamorada en verdad de sus proyectos. Llevaba su bolso de cámaras y objetivos, así como diseños y pruebas que seguramente pensará mostrarme al llegar a casa. Sonreí con esa idea de que apenas imaginaba que estaba allí.
Busco el momento adecuado para acercarme y disfrutar a solas de la sorpresa que mostrará cuando me vea. Pero al abrir la puerta todo se desvanece cuando veo a aquella mujer que la acompañaba acercársele y darle lo que indiscutiblemente fue un beso en sus labios, que se prolongó, al menos hasta que ya no pude mirar. Ante tal cosa y como única opción, cerré la puerta, me agarré al volante, absorta, sorprendida y porque no.....rota por dentro.
No podía ser, eso no había sido real, no podía serlo. ¿De eso se trataba?....mentira o infidelidad, no sé cual dolió más. Solo me quedé allí mientras las luces de su coche advertían que se marchaba aunque nunca tuve valor de levantar mi mirada de aquel volante.
Si, no volví a casa esa noche, conduje sin rumbo fijo, hasta que llegué a una gasolinera perdida en medio de la oscuridad, a la que no podía ponerle nombre. Realmente no sabia donde estaba, solo que había transcurrido 4 horas desde aquel momento inesperado. Con el móvil apagado, y la música a todo volumen, solo sabía lo que habría dado la vida por haberlo sabido de su boca no por mis ojos.
Decidí dormir en un hostal de carretera cercano a la gasolinera, que un tipo gordo y grasiento me había señalado y allí me pase lo que quedaba de noche, vaciando en parte las únicas bebidas baratas que contenían aquel pequeño refrigerador.
Aquella habitación olía a rancio y me sentí acorde a mi misma, porque todo en mi, a mi alrededor me olía a eso. ¿por qué?....¡¡¿POR QUE?!!....y tiré el vaso semivacío contra la pared.
Recuerdo que con la mirada nublada entre rabia y dolor me arrojé en aquella cama, intentando escapar del eco de lo que mi mirada aún retenía.
Momentos en que mis demonios me ayudaban a odiarla, me ayudaban a darle a esa la razón de ese distanciamiento. No encontraba explicación o justificación a lo que había visto.
Hasta pensé que podría haber sido culpa mía, pero ¿¿cómo??, acaso no sentía yo lo mismo que ella?, acaso su lejanía me obligaba o era respuesta para hacer algo así. Llegué incluso a odiarme por no haberlo hecho yo, por sentirme indefensa, como nunca me había sentido, por no haberle sido capaz de ceder a Maury ni pensándolo siquiera y ella sí.
Y así me dormí no sé cuando, ni cómo. Sólo recuerdo que a la mañana siguiente desperté con la ropa puesta, con olor a resaca en el aire, mi camisa arrugada y mis pantalones desabrochados. En el suelo una botella de güisqui barato que casi me hace caer, pero se sujeté en el borde de una vieja rozada y malgastada cómoda a cuyo frente se acoplaba un espejo manchado y que reflejó mi rostro, ni más ni menos que la cara de lo que sentía. Ojeras, mis pupilas dilatadas, mi pelo enmarañado y mi camisa abierta hasta medio pecho. Me miré fijamente a los ojos, hasta que la conciencia de la noche y el día anterior me devolvió al presente. Como respuesta a ese estado en el que yo misma me negaba a verme, y con mis puños cerrados golpeé mi imagen reflejada hasta que por fin mis ojos se derritieron, dejando escapar la rabia en un llanto que sencillamente no pude controlar.
La amaba tanto...¿por qué? ¿por qué? ¡¡¡POR QUEEE!!!
Como fuera conseguí adecentarme como pude, secando mis lágrimas y pasando mi mano por mi cabello. Arreglé mi atuendo y salí rumbo a la ciudad. No pensé en ella, en que quizás estaba preocupada por no estar en casa cuando llego, o en la mañana al despertar que notara que no pase la noche allí. Pero francamente, me dio igual, no creí nunca poder decir ni mucho menos sentir así, pero me daba igual.
Mas bien concentré mi atención en la reunión que debía tener esa mañana con la dirección del periódico. Los recortes en los gastos había hecho tomar la decisión de rebajar la plantilla y debía exponer mi idea de ampliar la publicidad para así conseguir que nadie saliera de la planta, porque precisamente era en internacional donde querían actuar con saña los imbéciles consejeros de accionistas pasados de ambición.
Llegué al periódico apenas una media hora tarde, pero por suerte en mi despacho siempre solía guardar una muda de ropa, debido a que las pocas veces en que alarmas generales de guerra o noticias de primera, habían logrado que pasase alguna noche allí, pegada a mis papeles y atenta a los avances de las noticias que me daban los corresponsales.
Maury fue la que advirtió que a pesar de mis ropas algo andaba mal, debió de ser así cuando me dijo estar horrible e insistió en que apenas momentos antes de abrir la puerta tras cual el comité esperaba, me pusiera un poco de colorete en contra de mi voluntad.
Ni que decir la cara de Maler cuando me vió aparecer, recriminación, reproche, rabia. Y es que era mucho lo que se ponía en mis manos, incluso, el futuro empleo de muchos de mis compañeros, pero por suerte todo fue bien para todos.
Ese día iba a ser mi último día en el periódico a pesar de las suplicas de Maler, que confiado que había sido su recriminación a mi tardanza lo que me había llevado a tomar mis cosas de mis cajones y salir de allí, no paró de suplicar que me quedara.
Pero mis oídos estaban sordos, solo necesitaba salir de allí, de todo. así que le dije que ya hablaríamos , que necesitaba unos días y que le llamaría, a lo que accedió encantado.
Rumbo a casa, rogué porque no estuviera allí, que se hubiera marchado al estudio, que no me viera tal y como estaba, porque a pesar de que no muchos podrían haberlo notado, estaba destrozada, como nunca pensé estarlo.
Entre en casa, esperando quizás una nota sobre la consola de la entrada, pero no fue así. Directamente me fui desabrochando la camisa rumbo al baño, pero entrando al salón ahí estaba, detrás de la barra de la cocina con una humeante taza de café, mientras terminaba de guardar la mermelada, recién usada en su desayuno, en la nevera.
-Bren ¿se puede saber dónde has estado?-me dijo mirándome seriamente.
Yo simplemente esquive su mirada y seguí camino del baño.
-Te llamé al móvil como diez veces anoche, pero nada. Llame también al periódico pero nadie contestaba. Y esta mañana.....-decía mientras me seguía por el pasillo.
-¡¡¡Ya yaaa Lis!!!
.
-Que te pasa Bren....¿ malas noticias?.. , pero aunque así sea, ¿porque no llamaste anoche, o esta mañana?.
-¡¡Déjame en paz !! ¿¡¡quieres!!?
Su cara fue de total desconcierto cuando me giré a mirarla. No sé si a mis palabras inusuales en ese tono o quizá mi mirada que delataba algo de lo que quería esconder.. pero su tono cambio de reproche a un tono de preocupación y perplejidad.
-¿Qué pasa Bren?.
-¡Eso dímelo tú! respondí mirándola fríamente y sosteniéndosela mientras ella bajaba la suya, entre perpleja y sorprendida, mientras ya me introducía en la bañera.
sentí sus pisadas abandonar el baño. Y ahí me propuse disfrutar del agua que salía bañando mi cara, mis ojos que me escocían por dentro y que serenaba en parte con el calor, la tensigridad de mis músculos. Me sentía explotar de dolor y rabia.
Cuando salí de allí, con mi pelo mojado aún y mi albornoz puesto me dirigí directamente al dormitorio. Cuando ya sacaba mi maleta desde la parte alta del armario, su voz desde detrás volvió a sonar.
-Bren. No se que te pasa, pero creo que me merezco una explicación, no?...que haces? continuo mientras se daba cuenta de que trataba de sacar mi ropa, o parte de ella del armario.
-Mira Lis no quiero hablar de ello ahora. ¡¿vale!?.
-Pues tendrás que hacerlo..-replico quitándome la ropa de las manos y arrojándola en la cama.
-¡Esta bien!...¡¡¡esta biennn !!!!. Ayer fui al estudio ¿sabes?. le dije mirándola con rabia sostenida.
-Ayer..tu.....Bren....yo.
-¿Qué Lis?...¿Qué excusas me vas a dar?.
- Bren, escucha.
-No, escucha tú. No quiero hablar de esto, no creo que haya nada que me puedas decir que justifique lo que ví.
-Solo fue..
-Sé lo que fue, ¿recuerdas?... estaba allí.- le dije mirándola aún, para volver de nuevo mi atención al armario.
-Bren....-dijo sujetando mi mano con fuerza.
-¡Suéltame Lis!!...¡¡No!!... Confiaba en ti ¿sabes?. Sabía que podía pasar mucho que nos pudiera dañar, pero a pesar de todo siempre confié en ti. Ahora ya no sé ni quien eres....-y me giré en busca de más ropa del interior del cajón del armario. Para cuando me di la vuelta, estaba mirándome con una mirada que, en ella, jamás había visto. Dolor, desesperación, impotencia. Pero yo no podía sino sentir esa rabia, esa traición fuera de todo lo imaginable por mí.
-Bren escúchame por favor....yo...no sucedió nada, nada. Fue sólo un error que paré en cuanto empezó. Yo, me sentía....
-¿Sola?....¿Te has preguntado como me sentía yo? ...Te preguntas acaso que sentí cuando ví lo que ví?....¿Sabes lo que siento ahora?....Déjalo Lis.....me marcho.
-¿Dónde vas?
-A cualquier parte, no lo sé.-dije sintiendo su preocupación ahora fuera de lugar.
-Bren quédate y hablamos....yo....- sabía que ni ella misma sabría que decir al respecto
Yo me senté en la cama después de cerrar la maleta y me puse la camisa y mis pantalones vaqueros. Sin obedecer a sus súplicas ni palabra alguna, agarré la maleta y caminé decidida hasta la puerta, tomé las llaves de mi coche y dejando la puerta abierta avancé corredor adelante, hacia el ascensor....
-¡¡Bren...Bren, por Dios no te vayas!!.
Solo se me ocurrió una frase que aún resuena en mi mente......
-¿Sabes cuánto me has robado?.......creo que nunca lo sabrás Lis, pero confiaba en ti, como nunca confié en nadie.- mis ojos llenos de lágrimas contenidas por orgullo, mirando a la única mujer, la única persona de la que nunca había pensado me traicionaría así.
A pesar de todo se me partió el alma ver sus hermosos ojos color miel lleno de lágrimas en un rostro desencajado y confundido, una mezcla de culpabilidad y exasperación. Se me partió el alma aún más de lo que sentía yo misma algo roto dentro de mí.
Me introduje en el ascensor y simplemente sabía que quería crear espacio entre las dos, al fin y al cavo ya ella lo había puesto por mí.
-Estúpida, no soy más que una estúpida....
Con una mente llena de... ¿por qué?, un corazón latiendo a mil y una indescriptible sensación de ahogo, me metí en mi coche y salí del garaje tan rápido como pude.
Mi café se ha enfriado en mi mano, mientras la voz de Gaston llama mi atención.
-Bren, ¿mas café?
-Si Gaston , por favor- le digo con una pequeña sonrisa.
Mientras el se aleja en busca de mi café, yo miro mi reloj, dándome cuenta de que se retarda ya como unos 25 minutos de la hora convenida. No se porque me extraña, es su costumbre la impuntualidad.
Estoy a punto hasta de sonreír del hecho de conocerla así, de saber que eso era algo que no pocas veces nos había costado llegar al cine ya empezada la película, o llegar casi a segundos platos en las cenas con los amigos. Pero en su lugar Gaston deja mi café ante mi....
-Gracias Gaston
-Un placer para mi servirte.- me dice en su tan arraigada costumbre de bromearme, tanto a mi como a Lis.
Yo levanto mi ceja a su comentario y me sonrie levemente antes de humedecer mis labios en el café caliente de mi taza. Entonces mis recuerdos se disparan de nuevo..........
Me adentré en la oscura carretera, saliendo de la ciudad. No podía sino divisar de reojo las líneas blancas del asfalto y señales reflectantes que me pasaba sin molestarme a leerlas siquiera. Conecté mi móvil para hacer una llamada, pero en su lugar suena. Contemplé los números del que llama, y me doy cuenta de que se trata del periódico.
-¿Si?
-¿Bren?
-Ahh, hola Maury...¿que pasa? , ¿algún problema?
-No, todo bien, es solo que me preocupas.
-Ah buenoo..noo todo esta bien
-Venga Bren, no te engañes
Tras ese comentario calle
-Lis ha estado llamando en la mañana. Ha preguntado por ti como 5 veces. Hasta te dejo mensajes en tu contestador.
-Si, ya.
-Bren ¿sucede algo?....¿estáis bien?
-Mira Maury ahora no quiero hablar de ello.
-Esta bienn ..esta biennnn....dime al menos a donde vas.
-Me voy a Fénix, al rancho de mi abuela, ya sabes si hay algún problema me llamas ...¿ok?...Hazme el favor de decírselo a Maler, te lo agradecer mucho.
-Descuida Bren, así lo haré. su voz pareció en ese momento preocuparse de verdad por lo que me tenia entre manos.
-En fin te dejo , me queda aun mucho camino que recorrer.
-Bren.....
-¿Si?
-No, nada...solo cuídate replicó su voz particularmente titubeante.
Era bien llegada la madrugada al llegar al rancho. Tenia llave y entré instalándome en mi habitación. La abuela no se sorprendería de ello, porque no era la primera vez que Lis y yo salíamos y si nos alcanzaba altas horas nos acercábamos allí, a pasar la noche. Bueno la noche y tras la insistencia de la abuela , el fin de semana.
No es que a Lis le disgustara, le encantaba hablar con la abuela, acercarse y ayudarla con su viejo viveros de rosas. Y la abuela....¿que decir de la abuela?...a veces me parece que tiende mas a defenderla a ella que a mi misma. Al menos así había pasado otras veces en pequeñas discusiones que habíamos tenido.
Me acerqué a la ventana, y a través de las paredes y de la ventana pude escuchar el relinche de Mordaval, un gran semental tan bravo como fiel, tan salvaje como obediente. Y en mi interior, siento en parte una atracción hacia el, porque en esos momentos me sentía dentro de mí, como atrapada tal como las verjas de madera que cercaban su libertad.
En breves instantes ya le había colocado la silla y ya estaba galopando por el medio del bosque oscuro, con ese alo de misterio de la luna y sus sombras en contra a los múltiples árboles. El animal galopaba brioso, sus crines peinaban el viento, como hacía con el mío, el desahogando su vicio, mientras yo derramaba unas lágrimas sinceras...por primera vez.
No había rabia en ellas, solo desamor y decepción. El saber que el ser que amaba y al que amaría siempre, me hubiera hecho tanto daño...tanto, que no sabía si algún día podría perdonarle.
Nadie podría entender como Moldavar y yo desahogamos esa noche nuestras decepciones. Nuestra parada fue en el río, donde pasamos largo rato. El bebía en el abrevadero, y yo acariciaba su lomo, sintiendo el incontenible deseo de abrazarlo, porque necesitaba abrazar a algo. Me aferré a él, y el animal retozó como si entendiera que me atormentaba algo muy adentro y, dejando de beber, ladeaba su cabeza. De esa noche solo recuerdo lo solos que estábamos el y yo....solos. Como nunca había sentido durante el tiempo en que Lis había entrado en mi vida. Me sentí como al principio....y hasta me pude notar como esa parte de mi, se cerraba poco a poco sin yo poder hacer nada por ello.
Tal y como sospechaba, la abuela notó que había llegado a casa, pero lejos de despertarme, un aroma a café y a tortitas horneadas, llegaron hasta mi habitación. Me quede mirando al techo unos momentos sabiendo que le extrañaría la ausencia de Lis, y cuya respuesta a sus preguntas temía, al igual a mi reacción ante ello.
Pero conociendo a la abuela, si no bajaba ante de las 12 seguro me traería el desayuno a la cama, así que no había manera de liberarse de ese momento. Me vestí y bajé.
-Buenos días dormilona sentí su voz de espaldas junto a la salten en la que se calentaba algunas tortitas con caramelo liquido.
-Buenos días mamá Lena .
Esa mujer tenia oído y olfato de sabueso. Sus 72 años no hacían justicia a su dinámicos gestos, a su ímpetu al hablar, a sus vaqueros y a su camisa desgarbada, suelta....como siempre usaba de ponérselas.
Me acerqué a por su beso, un saludo entrañable a la única persona de mi familia con la que siempre me había sentido a gusto. Incluso más que con mis padres, desde siempre.
Cuando abandonó unas tortas en uno de los platos se giró al fin y me abrazó con el mismo cariño que siempre, desde niña, recordaba de ella.
-¿Cómo estás cariño?
-Bien abuela. Me apeteció venir a verte- me adelanté a decir antes de que me asaltara sus preguntas, .....pero pronto me dí cuenta de lo obvio....no funcionaría.
-Bren dijo en tono conocedor de que realmente no era ese el motivo .
-¿¡Que?! ¿Es que no puede una nieta querer ver a su abuela favorita?- dije levantándola del suelo y dándole un giro....sabía que eso le haría protestar y quitar trivialidad y enfoque al asunto.
-Brennnn....paraaaa......déjame
Cuando la puse en el suelo le sonreí, pero aun así no significó mucho para ella.
-A ver......¿dónde esta Lis?- dijo mirando hacia la escalera.
-No..ella...no ha venido.
Su cara fue todo desconcierto, jamás, después de que estaba en mi vida, había acudido allí sin ella.
-Bren....¿qué ha pasado?
-No, nada abuela, no me apetece hablar ahora de ello.
-Esta bien respondió. Eso era algo que me hacía respetarla y que fuera para mi tan entrañable. No me presionaba bajo ningún concepto, quizás por eso se había convertido en mi confidente, en el puntal que me sostenía cuando algo iba mal. Parecía tener siempre las palabras adecuadas en el momento preciso. Pero respetando mi decisión, olvidó el tema y se sentó a la mesa para que desayunáramos, bueno lo hice yo, porque ella solía hacerlo casi cuando el sol empezaba a despuntar por el horizonte. Hablamos del rancho, de los caballos, del precio del maíz que se había incrementado 1/5 más de lo normal, en referencia a años anteriores. En fin, que una vez más la abuela me ayudó a evadirme de mí misma, al menos unos instantes. Aunque en el fondo sé que ella puede ver mas allá de mí y no contarle de momento el problema no soluciona que vea que lo hay.
-¡Gaston, por favor tráeme agua!
-Marchando una de aguaaaa respondió desde detrás de la barra.
Alrededor de mí todas las mesas estaban ocupadas, en la barra solo había como dos taburetes libres. Era la hora punta del desayuno. Era normal que a esa hora los operarios de las empresas cercanas, se acercaran a por algo de tomar. Sin embargo el lleno completo, no provocaba un ruido estridente en aquel lugar, mas bien se había convertido en un murmullo continuo.
Un chico joven, desde el otro lado del lugar alza su mano al contemplar el lugar en su dirección. Al reparar en él me doy cuenta de que se trata de un joven trabajador del periódico que ejerce de boxeador de prensa, repartidor, como comúnmente se le conoce en el mercado de la información escrita. Debe de ser que alguna vez me ha visto con Maury y se había hecho eco de mí.
Maury, eso me gusta de ella, su soltura al hablarle tanto al director de planta como al repartidor de igual modo. Levanto mi mano y le sonrío mientras Gaston deposita ya el agua sobre la mesa.
Mis pensamientos de Maury se hacen cargo en apenas hace unos meses. Exactamente cinco.
Los días siguientes en el rancho transcurrieron en medio del maíz, los recolectores que la abuela había contratado y cuyo salario esperaba recuperar con la vendimia de invierno, y en la cuadra sobre todo, con Moldavar y dos yeguas más que la abuela había adquirido bajo precio de maíz a un vecino de tierras colindantes.
El fin de semana se aproximó y yo estaba como siempre cabalgando en la mañana, atravesando los campos hasta el río, de vuelta al rancho. La carretera se podía contemplar desde los campos, y así fue que a lo lejos los destellos de sol en una superficie metálica, llamó mi atención. Pude ver como un coche, del que solo distinguí el color, se adentraba por la carretera secundaria camino del rancho. Galopé siguiendo el curso a través del campo verde, como siempre en esa estación ... primavera.
Una vez en el establo, acomodaba a Moldavar cuando sentí su voz tras de mí.
-Hola jinete...no sabía que montabas tan bien.
-¡Maury!...¿qué haces aquí?...-exclamé mientras le sonreí.
-Bueno digamos que solo me preocupaba por ti.
-Pues estoy bien...¿verdad Moldavar?....-el caballo relinchó y yo sonreí al hecho.
-Vaya, ya veo que se llevan bien se acercó a acariciar al animal desde el otro lado.
-Sí, digamos que somos buenos amigos.
-O digamos que sois igual de salvajes.- dijo sonriendo con ironía a sus propias palabras.
Luego se hizo el silencio, mientras ya yo quitaba la silla del lomo de Moldavar.
Ella rompió el silencio.
-Bren, Lis ha llamado estos días. -dijo buscando mi mirada.
-Ya...¿cómo está ella?
-No sé, pensé que quizás tú podrías decírmelo.
-Pues pensaste mal repliqué quitándole la fardilla al caballo.
-Esta bien, se le notaba inusualmente seria y preocupada. No creo que sea justo que no sepa ni dónde estás.
-Mira Maury, no me apetece hablar ahora de que es justo o injusto..
-Ok Ok...entiendo.-respondió mientras yo metía a Moldavar en su establo.
-Solo quiero que sepas que si quieres hablar aquí estoy. y diciendo eso se aproximó a la puerta y se quedó mirando el extenso campo que se abría ante su mirada.
Yo, sencillamente agarré unos puños de heno para dárselos al sudoroso animal .
Esa mujer estaba allí, se había molestado en hacer los cerca de 300 Km que me alejaban de la ciudad. Realmente estaba descargando mi frustración con ella.
-La fui a recoger una noche al trabajo y, sencillamente la vi besarse con alguien.-dije mientras me acercaba a ella por su espalda.
Ella, pese a lo que esperaba, no se sorprendió.
-¿Y? fue toda su respuesta, mirándome, ya situada a su lado.
-Nada, que ese día yo....
-Te entiendo, es difícil sentir como todo en lo que una cree se desvanece ante nuestros ojos. parecía saber de qué hablaba y a la vez pretendía no ahondar mucho por lo hiriente que pudiera ser para mí.
-Supongo que sí.-agradecí que me hubiera interrumpido.
-Solo que en tu caso, Lis es una gran mujer, sé que te ama y aunque no intento justificarla, si que sé que al menos deberías llamarla, hablarle, quizás haya algo que te pueda decir que a ti se te haya escapado. No hay justificación y lo sé.....no es que diga eso, pero a veces hay cosas injustificables como el amor, o como un error.
-Quizás, pero aunque hablara con ella, lo que realmente me preocupa es mirarla a la cara, saber que ya nunca volveré a confiar en ella. No creo merecerme eso, ni ella ese tipo de vida que yo le daría. Yo.....sencillamente no puedo perdonarlo, no puedo olvidarlo.
-Entiendo, pero si puedes quedarte aquí, desahogando lo que quizás ella necesita escuchar.
-Ahora me es imposible pensar en lo que ella necesita, me basta saber que está bien.
-Pues si es así, tranquilízate. La vi ayer mismo...en la noche en un restaurante del centro. Me enteré que se había mudado a las afueras de la ciudad, que tenía mucho trabajo esos días, pero, lo más que me preocupó fue ver esa tristeza en sus ojos.
Solo la miré, esperando solo saber un poco más.
-A perdido esa sonrisa. Solo alguien que os haya visto juntas como lo he hecho yo, sabría que sufre. Yo he guardado el secreto de donde estás, pero ¿sabes qué?....Creo que aún así, ella sabe que estás aquí....solo que lo más probable es que no se atreve a venir. hizo una pausa en su comentario - Pero solo una cosa Bren....que no se atreva a venir no te da derecho a creer que no está tan mal como tú.-continuó
Ese día las palabras de Maury me hicieron entender lo que ya sabía, pero a pesar de ello, yo no me sentía capaz de verla, quizás demasiado dolor. Por eso no había visto nada más que la posibilidad de que yo solo mantenía esa carga.
Sin embargo tras la insistencia de la abuela, Maury pasó allí el fin de semana. Y de alguna manera me sirvió de gran ayuda. De alguna forma, esa mujer lograba buscar un punto en común entre lo que yo padecía y lo que pudiera estar padeciendo Lis.
Allí pasé el mes, y Maury se venía cada vez que podía. Una vez más la abuela se buscaba una aliada. Aunque para ello debió pasar por la idea de que esa chica no era lo que en un principio pensó..la causa de que Lis no estuviera allí, sonriendo como siempre, llenando la casa de su brillo y de su alegría.
-Abuela, por todos los cielos...¿cómo puedes pensar que Maury sea algo más que una amiga?
-Lo sé hija, pero quizás ella si quiera ser algo más. Ya sabes que no digo nada en vano, hay algo que......
-Bahh abuela quise olvidar el tema. No quería ni pensar en ello.
Pero así como me fui soportando a mí misma, el tiempo pasó y el trabajo reclamaba. Después de un mes y medio regresé a la ciudad. Atrás dejé a la abuela con un alo de interrogante aún sobre mí. Yo sabía que estaba siendo injusta con ella, pero ella entendía perfectamente mi actitud. Casi llegué a suponer que no me haría falta entrar en detalles, porque ella siempre fue conciente de cuánto amaba a Lis, ella más que nadie sabía cuánto había significado ella para mí y cuánto había cambiado mi carácter incluso, su influencia.
Entrar a casa me resultó un poco vacío. Por todos lados habían recuerdos de nosotras. El reno blanco que habíamos comprado en Canadá aquel invierno en que poner sus manos frías en mi vientre era su deporte favorito. El buda de nuestro viaje a Tailandia, me encantó verla vestida con trajes del lugar, sonriente e intentando danzar al son de aquellas exóticas músicas. Lis era así, solo pensaba mientras ya estaba actuando, espontánea y siempre ella.
El teléfono sonó justo cuando entraba en el dormitorio. Solo me bastó estirar mi mano para agarrar el auricular.
-¿Si?
-Bren....soy yo.
-Ahhh hola Maury...¿que tal?
-Pues nada, llamé a la abuela y me dijo que habías salido para la ciudad. ¿Estás bien?
-Creo que sí respondí sin pensar en mi respuesta, pero influenciada en el armario vacío de sus ropas, ante mí.
-¿Tienes plan para la cena?
-Pues no, más bien en cuanto desarme la maleta me iré a por unas compras. Debo llenar el refrigerador.
-Ok...¿paso por ti entonces?
-No, mejor ya paso yo por ti....al periódico a las 10....¿te viene bien?
-Ok me parece perfecto.
-Bien pues hasta luego entonces.-intenté que fuera una despedida.
-Bren-me reclamó de nuevo.
-¿Si?
-¿La has llamado?
-No
-Bren, recuerda que el dolor es comida que comemos todos.
-Lo sé...Bye Maury
-Bye
No es que sus palabras me hubieran llegado, es que realmente quería saber de ella. Todo allí, en la casa que habíamos compartido por tanto tiempo, y que tanto hablaba de ella, ahora solo me delataba su ausencia.
Una nota descansaba en la estantería de los libros. Era su letra.
Hola Bren, te dejo estos libros porque a pesar de que protestaste cuando me gasté medio sueldo en ellos, son tus favoritos. Ojalá un día nos veamos. Te amo. Lis
Eso me trajo un recuerdo de dolor que creí había superado es este tiempo, pero aún así no era mi estilo acobardarme. Quería hablarle no solo porque quería saber de ella, sino porque un día u otro tendríamos que vernos, en algún lugar, en cualquier momento. Al fin y al cavo teníamos hasta los mismo amigos.
Marqué su número....
-¿Liss Por favor?- pregunté al chico que respondió del otro lado.
-Un momento, enseguida se pone.
Tras unos minutos que se me hicieron interminables su voz sonó del otro lado.
-¿Si?
-Lis...soy yo..Bren
Solo se escuchó un ensordecedor silencio, antes de que de nuevo volviera a hablar
-Bren..Hola....¿cómo te ha ido?
-Bien, he estado con la abuela en Fénix.
-Sí, eso supuse. ¿Cómo está la abuela?
-Bien, estupendamente, ya la conoces.
Y de nuevo se hizo un silencio por ambas partes, era evidente que ninguna sabía que decir.
-Bueno solo quería decirte que he llegado a la ciudad, te agradezco lo de los libros y en fin....
-Bren..yo....solo quería decirte que....nooo nada, me llaman por ahí, tengo que dejarte ahora, pero ya hablaremos. Cuídate mucho Bren
-Lo haré, haz tú lo mismo. fue lo único que se me ocurrió decir a su voz apagada de su última frase.
Me había gustado escuchar su voz. Extrañamente podía escucharla sabiendo tanto de ella, pero lo más que sabía es que tenia que dejarlo así, en solo amistad. Yo no podría confiar en ella....no podía.
Un par de veces la ví en algún restaurante, y una vez la encontré en un bar del centro, acompañada por alguno de los trabajadores del estudio, entraba sonriente sin percatarse de que yo estaba allí.
La única que pareció hacerlo fue Maury que me contaba a cerca de Maler cuando vio mi mirada perdida hacia otro lado del lugar.
-Un día tenía que pasar Bren. ¿Qué vas a hacer ahora?
Yo no podía apartar la mirada de ella, su pelo, esa sonrisa, sus ojos.
Ella instalaba su bolso de cámaras sobre la silla contigua a la suya cuando se giró y sus ojos se cruzaron con los míos. Piedra es decir mucho, de cómo me quedé. Pero pude sonreír y al menos aguantarle la mirada.
Ella borró su sonrisa de su cara y otro gesto muy desconocido por mí se dejó entrever en su mirada. En verdad aquélla mujer no parecía la misma que momentos antes. Jamás había visto su semblante expresando esa tristeza. Yo le sonreí, intentando suavizar , y ella muy despacio y tímidamente me correspondió con una suya.
-Ve a saludarla Bren.
-No puedo-respondí mirando a Maury.
Cuando devolví mi mirada hacia Lis, ella estaba charlando con uno de sus amigos del trabajo a cerca de su pedido en la barra del bar.
Capuchino con doble de crema, recuerdo haber pensado entonces, sabiendo qué bebía con total seguridad.
Ya luego sintiendo lo inútil de todo aquello, desvié mi atención a otro lado. Preguntar a Maury por más de lo que me contaba sobre Maler, me pareció lo mejor. Ya casi me había escondido en ese tema para no divagar en otros asuntos referente a Lis que me asaltaban sin piedad y....
-Hola Bren
Alcé mis ojos a un lado y allí estaba. Su pelo un poco más corto, sus ojos color miel, su naturalidad en su rostro, su voz.
-Hola Lis...¿cómo estás?
Maury calló y solo se quedó como testigo de un momento que tarde o temprano llegaría.
-Bien, supongo...con mucho trabajo.
Solo sonreí mientras la vi mirar hacia Maury.
-Ah si... ella es Maury una compañera de....
-La conozco, creo recordarte de algunas de las celebraciones de navidad del periódico.-se dirigió a ella directamente.
-Así es- respondió Maury- solo espero que no recuerdes nada de lo que me debiera avergonzar..o si.-le sonrió
Lis respondió a eso con una de sus maravillosas sonrisas. Mientras le estrechaba la mano.
-Bueno Lis..siéntate con nosotras -se me ocurrió sugerir.
-No, ya me están esperando, hay mucho que hacer, solo vinimos a un pequeño descanso, debo regresar a la faena.- dijo intentando sonreír, pero mirando fijamente a mis ojos.
-Entiendo...pues ve, seguramente tu capuchino con doble de crema de te enfriará .
-Sí. y sonrió levemente.- Bueno Bren hasta pronto- continuó mientras miraba a Maury y se marchaba a su mesa, solo que no se sentó como era de pensar. Cogió su bolsa y se marchó del lugar hablándole antes a sus compañeros y despidiéndose de ellos con una sonrisa.
-No fue tan difícil ¿no?- me dijo Maury
-Supongo que no.- dije notando la ausencia de aquella mujer desde el mismo momento en que la vi desaparecer por la puerta.
Cuando miré a Maury, su mirada se tornaba un tanto vacía, cómo perdida, pero francamente no me apetecía saber la razón.
En cuánto a nuestras reuniones con los amigos, sólo la vi una vez, en la despedida de soltero de Leonel, fue divertido después de algún tiempo verse con todos ellos.
Ese día fui yo la que se acercó a ella, mientras la música lenta sonaba y yo me habría paso en medio de todos aquellos hasta llegar a la barra. Ponme uno de esos, le dije al camarero mientras ella alzaba su mirada hasta mi.
-Hola
-Hola- me respondió
-¿Qué tal todo?
-Muy bien, todo perfecto. dijo de forma vacía, como si no creyera tanto en ello. Y apresurándose a cambiar de tema- ¿y que tal tú?
-Todo bien, estás hablando con las subdirectora de internacional.
-Vaya eso se merece un brindis- dijo con una sonrisa leve y alzando su jarra de cerveza.
Yo tomé la que en ese momento el camarero me instalaba ante mí y alzándola chocamos el cristal y brindamos por ello.
Luego uno de esos silencios se hizo de nuevo. Odiaba esos silencios porque se me escuchaba absurda escucharme mientras intentaba romper con ellos.
-parece que al final Leonel se nos ha animado- dije mirándolo cómo bailaba con la novia y girándome para ello.
Desde su taburete ella se giró. Y miró hacia ellos.
-Cualquiera lo hubiese dicho ...¿verdad?
-Si
Fue entonces, en ese momento, cuando un ebrio Aviú se nos acercó con sus brazos extendidos y abrazándonos, acaparándonos comentó lo que yo ignoraba aún.
-¿Celebrando el triunfo?
-¿Llamas triunfo que Leonel se nos cuelgue?
-Noooo ..llamo triunfo a que Lis se nos marche a Detroit ....jajaja...se nos ha vuelto internacional y una fotógrafa de prestigio.
Yo me enteré en ese momento de la noticia, pero a pesar de la sorpresa me alegré con todo mi corazón. Era por lo que tanto había luchado.
Tras eso Aviú decidió interrogar al camarero a cerca de cómo la democracia había estrangulado por completo la libertades humanas, según él, bueno según su borrachera, así le dio por verlo esa noche.
-No sabía que....
-Si, es cierto, me marcho a Detroit.. La semana que viene
-Enhorabuena dije enviándole una sonrisa sincera
-Gracias- ella simplemente no parecía muy contenta por ello o quizás era que llevaba una cerveza de más. Ambas sabíamos que la cerveza le daba somnolencia.
Y en fin, ayer llamó al periódico para quedar en vernos en este bar. Garzón me ha dicho que me relaje que cuando la vea llegar me avisaría. Lo de la caja llena de algunas de sus cosas, no es algo que me haya pedido, pero que quizás le gustaría tener en su nuevo hogar allá en Detroit. Desconozco la causa de que me haya invitado aquí, pero me parece bien poder despedirme de ella, como la persona que amé, por esos grandes momentos que pasamos juntas, tanto de todo....de todo, y a pesar de que como pareja no pude superar mi desconfianza, es una persona con la que sé que podré contar el resto de mi vida.
-Hola, lamento la tardanza Bren- se agacha para besar mi mejilla.
El aroma de su perfume inunda mi espacio. E inevitablemente aspiro profundo y lento, imperceptible para ella.
-Hola Lis, ya veo que las buenas costumbres no se quitan ¿eh?-sonrío de su tardanza.
-Lo siento, es que en unas horas sale mi avión y realmente dejé todo para última hora y....
-¿En unas horas? ¿Tan pronto? la verdad es que la noticia me sorprendió en sobremanera.
-Si....-responde mirando mi reacción, ante la cual yo misma me sorprendo.
-Bueno pues..pues yo te traía algunos objetos para que te llevaras contigo.
-Gracias, me gustará mucho tenerlos.
-Para irte al grano porque seme hace tarde, solo quería darte esto muestra las llaves de su coche ante mí.
-No me ha dado tiempo de venderlo, pero al fin y al cavo es nuestro y en Detroit como que me haré una transeúnte de a pie..o a metro.
-Sí....más aún sabiendo como te pones en las colas de las mañanas..-sonrío al recordar
-De mañanas, de tardes, de noches- sonríe abiertamente acentuando mi comentario.
Tomo las naves de su mano mientras pienso que realmente no sé que decir.
-Bueno Bren...quiero... bueno cuídate. No sigas cantando en la ducha en altas horas de la noche a las que sueles llegar. Ya sabes cómo se pone Mac Lian, el vecino. dijo intentando romper con el silencio y la situación.
Yo sonrío de recordar cuántas veces se había metido en la ducha conmigo solo para cubrir mi boca y que dejara de graznar...como ella lo llamaba.
-Nunca supiste apreciar mis cualidades -digo sonriendo a esos recuerdos.
-Si, siempre lo aprecié, solo que cantar no es una de ellas.
De nuevo nos intercambiamos una sonrisa cruzada.
-En fin Bren ya debo irme-dice mirando su reloj.
-Ya....pues suerte...mucha suerte allí. Llámame cuando llegues ¿ok?
- Descuida.
Sujetó con titubeos su bolsa y colgándola en su hombro y acercándose a besar mi mejilla de nuevo caminó hacia la puerta.
Yo, me quedo parada mirando sus pasos, pareciéndome mentira esta situación.
-¡¡¡Espera!! -corro hacia la puerta y me acerco.-¿quién te llevará al aeropuerto?
-Tengo un taxi esperando ahí mismo
-Un momento- digo mientras entro y suelto un billete sobre el mostrador por mis cafés.
-Yo te llevaré.
-No, no te preocupes yo...
-Nada- replico mientras saco del maletero del taxi, las maletas e invito al taxista a marcharse dándole un billete demás que el marcado en el taxímetro, por la espera.
-Y bien..¿dónde has dejado el coche?
-Es..está en la calle trasera del café.
-¿Y eso cuando pensabas decírmelo? ...No aprenderás Lis, siempre serás la misma.
Ella sonríe del despiste de no haber avisado de eso y caminamos cera abajo hasta que en nada estamos de camino al aeropuerto.
El camino se va haciendo corto a pesar de la hora que es y que esperaba más tráfico por la autopista. Su mirada contempla al exterior, mirando las calles, las gentes, mientras yo conduzco lo más rápido que puedo. A veces la miro y odio las circunstancias que nos hizo llegar hasta aquí, no es que ya la culpe pero simplemente no puedo......
-Hemos llegado- digo parando el vehículo ante las puertas del aeropuerto.
-Sí...me mira con media sonrisa que pretendo congelar porque esa sonrisa surte ese efecto en mi, de hipnotizarme, de dejarme sola en el mundo con ella.
-En fin, vámonos o ese avión se irá sin mi.
-Ok -rompemos el momento y me apresuro a ayudarla a sacar las maletas.
Ya una vez ambas sobre su carro.
-Bueno Lis....cuídate mucho ¿eh?
Su respuesta es una mueca más que una sonrisa. Sé que las despedidas no son lo suyo y pretendo no alargar más esa tortura de algún modo.
Sin pensarlo me acerco y la abrazo fuertemente, sintiendo con ello que Lis es y siempre será la persona que me enseñó a amar, que me mostró mucho de mi.
Siento su cuerpo temblar y por eso no prolongo el abrazo. Estará debatiendo por no llorar, y posiblemente lo consiga, pero sé que lo pasa mal.
Me alejo de su cuerpo dejando sus manos sujetas con las mías.
-Bueno Bren, te llamaré alguna vez.
-Eso espero, debes de darme tu dirección y tu teléfono. y diciendo esto se suelta de mis manos y se encamina rumbo a la entrada, a las puertas automáticas de cristal. Tras las cuales desaparece.
Yo me meto en el coche, mientras tras de mi dos taxis con sus respectivos taxistas protestan por haber ocupado un espacio reservado para ellos. Así que arranco y me alejo de allí.
Es curioso la nostalgia que siento ahora, su coche, su ausencia en el asiento de al lado, su perfume aún rondando en el espacio del vehículo. Para el caso no sé que siento, no sé que pienso, sólo sé que me siento como si parte de mi se alejara para siempre.
Un sonido estridente sale de la guantera y me hace dar un sobresalto en el asiento. Es como si ese ruido me hubiera descubierto en algo que yo no podía estar sintiendo. Sin apartar la mirada el camino abrí la guantera y allí estaba su móvil.
-Hayy Lissss No debería extrañarme- ¿cómo no?
Miro mi reloj y echo un calculo.
-Puedo hacerlo..siiii lo haré.
En la siguiente circunvalación doy la vuelta con el pedal del acelerador a fondo. Y retomo de nuevo el camino el aeropuerto.
No me molesto en entrar el coche al parking, me da igual que la grúa misma se lo lleve.
Salgo lo mas rápido que puedo, y nada mas hacerlo me sitúa antes las pantallas buscando información de la puerta de embarque así como del mostrador de facturación.
-Detroit a las 13:20...14 15 16...puerta de embarque 38.- ¿38?....ni mas ni menos que al final del corredor.- y empiezo a correr casi por los pasillos.
-32, 33, 34
No pasa tres tropiezos, dos votadas de maletas, y un empujón a un tipo grande que casi me hizo caer, veo su silueta a lo lejos apoyada sobre el mostrador.
-Por fin....¡Liss!! ¡¡Liss!!! ¡espera!
Su cara es de desconcierto al verme correr de este modo, destacando con mis avisos a todos los de allí.
-Bren ¿qué haces aquí?...pero ...pero.
Cuando llego a su lado apenas si puedo tomar aliento y me dedico a mirarla mientras intento respirar.
-¿Qué pasa Bren? ¿a qué viene esto?
-Es....es....es tu teléfono....tu móvil -digo entre jadeo y jadeo, intentando recuperar la respiración.
-¿Mi móvil?
Lo muestro ante ella, sacando mi mano de mi bolsillo trasero.
-Ahh vaya...Gracias Bren, te lo agradezco.
No sé si son mis deseos que sea así o realmente su cara no expresa sino cierta decepción.
- De nada .- respondí mientras ya la mujer de mediana edad reclamaba su billete para la facturación, y las maletas ya avanzando por la cinta.
- Ah sí, perdone....ahí tiene.- ella extiende su mano, sujetando el papel, hacia la mujer.
Yo no puedo contener la fuerza que me invita a interceder y extiendo mi mano sujetando la de Lis.
Ella me mira sorprendida. La mujer sencillamente empieza a impacientarse de ver la cola que se arma tras nosotras.
-.Lis....yo....no quiero que te vayas. digo finalmente sin saber de donde me salen las palabras.
Su cara me mira como un gran interrogante, mientras yo lo único que sé es que no deseo que se vaya.
-¿Qué? me mira sujetando aún su billete
Yo miro a la mujer del mostrador que está siendo testigo de todo a contra su voluntad. Luego devuelvo la mirada a Lis y la sujeto de la mano para traerla apartada de la fila.
Ella aún me mira perpleja, no entiende aún de qué va todo esto.
-Lis, quiero que te quedes.- digo cuando llego a darme tiempo de respirar antes de hablar - Yo, no sé que pueda pasar entre nosotras, pero si que no quiero que te vayas.
Su cara de sorpresa de repente se vuelve tristeza y unas lágrimas afloran de repente deslizándose por sus mejillas.
-Lis no, por favor...Mira , ven....vámonos fuera a algún lugar donde podamos hablar, pero de momento por favor no te vayas. -era consciente de que mi rostro consolidaba con mis palabras que, de alguna manera, habían sido sinceras por mí.
Ella asiente mientras unas lágrimas ya empiezan a resbalar por sus mejillas, yo coloco mi mano sobre su hombro, rodeándola y llevándola hacia el coche.
-Nooo no puedo Bren...no puedo. -replica soltándose de mi abrazo justo ante la puerta que yo ya mantenía abierta para que entrara y girándose camina de nuevo hacia el interior del aeropuerto.
-Lis ..¡Liss!-corro tras ella alcanzándola dentro del recinto, en un lugar un poco más despoblado de tanta gente.
-No puedo Bren, ¿no lo entiendes?
Ahora es mi cara el gran interrogante.
-No puedo estar a tu lado, he perdido tu confianza y no es que pueda recriminártelo....pero no puedo estar así contigo. Sólo nos haríamos daño
La verdad es que realmente sabe qué pienso y cómo me sentía en cada momento de estos meses, y la verdad es que era algo en lo que tenia razón. Así que no medié palabra, me quedé solo mirándola.
Al ver mi pose estoica y sin replica, solo se gira y comienza a andar ligera pasillo adelante.
Yo miro sus pasos, unos pasos que sabía sin retorno. Ante mi, mi orgullo herido y el amor de mi vida. No sé qué pensar si qué decir.
-¡¡¡Ayúdame!!!-grité
Ella solo se para en su camino. Me acerco despacio unos pasos hacia ella.
-¡Ayúdame Lis!.....sé que podemos hacerlo. Hemos podido con todo estos años, esto no debe de ser más.
-Dímelo Lis, dime que puedo confiar en ti....di solamente....confía en mí....y yo lo haré-digo mientras me acerco un paso más hasta su espalda, hasta estar justo a su lado, tras ella. La giro despacio y su mirada sigue baja, perdida hacia el suelo.
Con mi mano levanto su barbilla mientras temo encontrarme con sus ojos.
-Dímelo mi amor.-le repito mirándola frente a frente.
Sus ojos empañados en lágrimas y su mano alzada apartando la humedad de su cara son su únicos movimientos.
Mientras mis ojos se clavan en los suyos, intentando buscar esas palabras que su boca no pronuncian aún.
Hasta que casi inteligible, con un nudo evidente en su garganta al fin su voz se dirige a mí.
-Confía en mi Bren -dice mientras sus lágrimas se ven acompañadas de sus sollozos casi mudos , pero sin ocultarse tras sus manos, enfrentando mi mirada.
Mi gesto de dolor al verla cambia despacio mientras la estrecho entre mis brazos, en medio del corredor de aquel aeropuerto. Allí nada ocurre sino su abrazo, su sollozo perdido en mi cuello y mis ojos cerrados , feliz de haber podido vencer a no se qué, por algo que si reconocía bien....a mi amor.
La contuve allí todo el tiempo que fue necesario.
-Vamonos amor- le digo mientras me enfrento de nuevo a su mirada.- vámonos a casa.
Y asiento con un gesto afirmativo con mi cabeza de que casa es a nuestro hogar, la casa que siempre estuvo más que vacía sin ella. Pero aunque un pequeño atisbo de tranquilidad sosega su llanto, se me queda mirando fijamente sin cruzar palabra ni movimiento.
Yo simplemente no sé qué hacer, me acerco y muy suavemente beso sus labios y su abrazo fue como la soga que libera al preso que vivía en mi, se sujeta a mi cuello fuertemente. Lo que quiera que ha muerto en este instante, me deja respirar de nuevo, y de mis propios ojos unas lágrimas salen mientras el tiempo y el espacio mueren aquí. En algún punto entre nuestro hogar y Detroit.
FIN