Lunes 28 de septiembre
Canta el gallo. Ella pasa de su despertador y dice que se queda conmigo. El mío, que es menos madrugador pero más exigente, me saca de la cama y de sus brazos.
Atasco. El parking lleno. Pasan de las 10 y en media hora debo estar predicando. Un milagro: sitio de sobra frente a la tienda de informática. Recogo la factura del nuevo ordenador y salgo pitando para entregarla en secretaría. Dos milagros: no se han ido a tomar café y entrego el papelito antes de que el plazo de la partida prometida expire ... y caminando me fui pensando que ganar siempre es tentar a la otra cara de la suerte....
Es hora de predicar. Miro sus pies y compruebo, con alivio, que calzan botas. Hoy vengo a hablar de los peligros de las moquetas, del poder del lenguaje, de la cuestión humana, del orgullo local. Pero estoy espesa. Mi discurso avanza como el paso de una geisa que calza un 42. Es el efecto de los dias de fiesta. Me abismo en sus ojos. Insisto. Dejo caer imagenes en cascada...en cascada. Tengo hambre. Huevos. En cascada. Rebozados. No hay forma de hilvanar el pensamiento con el estómago lleno historias y la cabeza llena de plumas...y mientras tanto corría la sangre, por la plaza como un vino común...
A al hora del aperitivo, la bella durmiente me susurra que también pasó de sus apuntes, que me ha cocinado brócoli y que se marcha a nadar antes de que hagan sonar la campana de su turno...tenga esta rosa blanca señorita, a cambio de su negro pensamiento...
Coche otra vez.. Libero mis manos y dejo sonar el teléfono. Mis padres me hablan de la lluvia que oscurece los mares pequeños. La tramontana, a veces, sopla dulce cerca de Cibeles. Y a mi me soplan la receta de la salsa que prepararé esta noche para cenar. Llaman de secretaria: que falta el número de serie del ordenador. Que es un clónico, respondo. Que sin número no hay presupuesto, dicen... y por eso te hacen daño los huesos cuando golpeas fuerte...
Descubro la sorpresa que me espera en una bandeja en la cocina yel brócoli crudo en el frigorifico. Sesteando en el sofá aclaro malentendidos y recupero la alegría del olvido...
